Jóvenes cineastas latinoamericanos aportan nuevas miradas de las dictaduras y los conflictos armados que sufrieron varios países de la región a través de documentales que hurgan en sus propias historias familiares.
“A nosotros nos enseñaron la guerra desde los libros, pero la guerra íntima, dentro de las familias, esas no las sabemos. Somos una generación en Guatemala, Belice, El Salvador y en toda Centroamérica que está explorando todo eso”, dice a Efe Marcela Orozco, directora del documental Los ofendidos.
El largometraje, presentado en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), cuenta la historia de las víctimas de la guerra civil de El Salvador entre las fuerzas armadas del Gobierno de Alfredo Cristiani y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
Por su lado la chilena Lissette Orozco encontró en la historia de su familia un reflejo de la “polarizada” sociedad de su país, que tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet, en 1990, se ha dividido en dos bandos: los defensores de las víctimas de la represión y la desaparición forzada y aquellos que reivindican al general.
Con apenas 30 años Orozco dirigió El pacto de Adriana, en el que indaga cómo una tía participó en la desaparición de personas desde su puesto de secretaria de Manuel Contreras, director de la Dirección Nacional de Inteligencia.
Su compatriota Andrés L bbert, realizador del documental El color del camaleón, coincide en que su generación heredó el trauma de sus papás por no hablar, algo que “se repite en muchos conflictos” de Latinoamérica.
Las tres películas compiten en la categoría de Largometraje Iberoamericano Documental del FICG, que concluye este viernes con la entrega de los Premios Mayahuel y la ceremonia de clausura.