Adolfo Acevedo

LAPRENSA/ARCHIVO

La administración Trump y los déficits externos

Los nuevos responsables de la política comercial norteamericana consideran que el déficit comercial externo es el principal problema de su economía.

Los nuevos responsables de la política comercial norteamericana consideran que el déficit comercial externo es el principal problema de su economía. Según este enfoque, el abultado déficit es causado por “malos acuerdos” comerciales que permiten a los socios bilaterales “aprovecharse” y “hacer trampa” a los EE.UU. En consecuencia, resulta imperativo imponer mejores acuerdos bilaterales a los países con los cuales se tienen los mayores déficits comerciales.

Este enfoque ignora algunos elementos fundamentales, ante todo que los déficits y superávits globales en cuenta corriente de las balanzas de pagos reflejan las tendencias globales de ahorro y gasto.

Un déficit comercial significa que los residentes de un país compran más bienes y servicios extranjeros que los que venden al resto del mundo. Al contrario, un país tiene un superávit comercial cuando sus residentes venden más bienes y servicios al exterior que los que utilizan internamente.

La cuenta corriente, a diferencia de la sola cuenta comercial, mide la totalidad de los flujos de ingresos a través de las fronteras. Cuando la cuenta corriente muestra déficit significa que los residentes del país, en su conjunto están gastando más en bienes y servicios que el ingreso que ganan. Por su parte, un superávit de cuenta corriente significa que los residentes del país gastan menos en bienes y servicios de lo que ganan.

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La contrapartida de la cuenta corriente es la cuenta financiera. Un país con déficit en cuenta corriente financia su exceso de gasto aumentando su posición deudora con el exterior. Los países deficitarios solo pueden sostener su exceso de gasto en tanto reciban, globalmente, financiamiento externo de los países con superávit.

Sin embargo, no existe una correspondencia uno a uno, entre los desequilibrios comerciales bilaterales, y la cuenta financiera. Las inversiones y préstamos con los cuales un país deficitario financia su exceso de gasto, no guardan una equivalencia exacta necesaria con los países con los cuales tiene déficits bilaterales ni gasta necesariamente los recursos del financiamiento externo que recibe, en los mismos países que lo otorgan.

Dado que los países superavitarios financian, globalmente, a los países deficitarios, es importante fijarse en los desequilibrios globales. Desde esta perspectiva, mientras no se avance en corregir los principales desequilibrios globales entre ahorro y gasto, intentar imponer “mejores tratos” a los principales socios bilaterales, bajo la amenaza de medidas proteccionistas, hará poco por resolver los problemas de la economía norteamericana.

Establecer aranceles sobre las importaciones y/o un impuesto con “ajuste de frontera” resultaría ineficaz, en tanto los mismos terminarían por ser contrarrestados por la sobrevaloración del dólar que inducirían (las tendencias a la sobrevaloración serían además reforzadas por la política fiscal que se ha propuesto la nueva administración).

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Por otro lado, los países más grandes afectados por la política proteccionista norteamericana pueden adoptar medidas de reciprocidad punitiva, lo cual tendría un efecto muy grave sobre la economía global y sobre la economía norteamericana. Tampoco está claro cómo se manejaría la disrupción de las cadenas globales de valor y suministro, que implican que un producto fabricado en cualquier país contiene decenas o cientos de partes y componentes fabricados a lo largo del mundo.

Tampoco se ha dilucidado cómo se manejaría el hecho de que no solo México, China, Japón y Alemania exportan a los EE.UU., sino que también los EE.UU. exportan a estos países, y millones de empleos norteamericanos dependen de dichas exportaciones.

Finalmente la política fiscal anunciada por la nueva administración incrementaría de manera significativa los déficits y la deuda pública de los EE.UU. Si los EE.UU. trata agresivamente a los países con los cuales tienen déficit comercial, no se puede olvidar que son estos mismos países los que compran los bonos del Tesoro que financian su déficit fiscal. Por otra parte, según vaticinó Triffin, los EE.UU. están condenados a mantener déficits en cuenta corriente si el dólar ha de preservar su rol de principal moneda de reserva.

(*) Economista
[email protected]

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