Cargando entre sus brazos a su niña recién nacida y luciendo su toga azul marino, Katherine Selena García Hernández, de 20 años, originaria de la comunidad de Santa Rosa, Somoto, cabecera del departamento de Madriz, asistió al acto de promoción en el que le entregaron, junto con otros 105 jóvenes campesinos, de cinco zonas somoteñas, su certificado que la acredita como Técnico de Agroindustria de Procesamiento de Frutas y Vegetales.
Dentro del grupo de 106 jóvenes, unos treinta estuvieron ligados a grupos de pandillas y ahora han logrado cambiar sus vidas. Ernesto Javier Meneses, 18 años, de la comunidad de Santa Rosa y Aaron Antonio Vásquez Blandón, de 19 años, de la comarca Santa Isabel, decidieron hace un año abandonar las pandillas, el licor y la adicción a las drogas.
Ahora junto con otros jóvenes formaron un pequeño negocio dedicado a la apicultura. “También quiero crear una empresa avícola, ya sea para carne de pollo o de producción de huevos, porque veo la demanda en mi comunidad”, dijo Aaron Antonio Vásquez.

Vásquez Blandón, asegura que cambió su vida al ingresar a los cursos y después de graduarse su pequeño negocio que emprendió con cinco jóvenes cuenta con 12 colmenas que ya les ha dado los primeros ingresos económicos para costearse estudios de secundaria y piensan en la universidad.
Asegura que la vida de pandillero que llevó por años quedó en el pasado y recuerda que los fines de semana su grupo protagonizaba enfrentamientos. “Me duele aquellos tiempos en que hacía sufrir a mi vieja (madre), porque yo era violento producto del licor y las drogas. Ahora le doy mucha felicidad porque soy un joven diferente y de bien”, finalizó diciendo.
Los cursos de habilitación técnica, que impartieron docentes de los Centros de Educación Alternativa Rural, conocidos como CEAR, del Instituto de Promoción Humana (Inprhu) de Somoto, se desarrollaron dentro de una iniciativa denominada “Jóvenes y Agroindustria” financiada por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), a través del Programa de Gestión Rural Empresarial Sanidad y Ambiente (Progresa), que ejecuta Catholic Relief Services (CRS).
Las carreras técnicas, dirigidas a los 106 jóvenes de las comunidades de Cacaulí, Santa Rosa, Los Copales, Aguas Calientes y Sonis, en el municipio de Somoto, y Los Canales, en San Lucas, tienen como objetivo contribuir a la reducción de la pobreza y mejorar las condiciones de vida de cada uno de los hogares de estos muchachos, dijo Gladys Cáceres, directora del Inprhu, en Somoto.
Capital humano
Añadió que parte de este grupo de 106 jóvenes son ahora capital humano habilitados en oficios técnicos que pueden ofrecer fácilmente a productores agropecuarios de la zona norte del país, otros se transformarán en grupos de microempresarios emprendedores a fin de dirigir sus propios negocios.
“Yo apenas cursé el sexto grado y no trabajaba, y entonces llegaron a mi casa unos técnicos del Inprhu y me explicaron que podía cursar carreras técnicas para tener una mayor oportunidad de empleo, o bien formar un pequeño negocio con otros jóvenes y así me integré a los cursos en los CEAR”, explicó Katherine Selena García, quien agrega que con el curso aprendió a elaborar dulces (cajetas), chileros, salsas de tomates y picantes, mermeladas de piña y mango, entre otros productos.
“Aprendí a crear y administrar mi propio negocio, porque ya estoy produciendo dulces, jaleas y mermeladas, entre otros productos que ya comercializo, dándome una oportunidad de trabajo y de continuar mis estudios ahora que tengo a mi bebé tengo que mejorar mi vida”, dijo.

Mientras que Rodolfo Ramírez Obando, de 23 años, originario de la comunidad de Los Canales, del municipio de San Lucas, desde que terminó la primaria tenía 10 años de no continuar con sus estudios de bachillerato, él estuvo tres años en uno de los CEAR del Inprhu de Somoto y con el curso salió como técnico medio en agroecología, “estoy preparándome para emprender el proyecto de la apicultura, o sea la crianza de colmenas, y producir miel de abeja”, dijo.
Doña Gladys Cáceres detalló que los jóvenes fueron dotados con conocimientos para trabajar como proveedores de servicios y como conductores de sus propios negocios, “ellos tienen la capacidad de desarrollar pequeñas empresas ya sea de manera individual o en grupo. Esa experiencia ya la tenemos con más de 700 muchachos que han concluidos cursos impartidos en los CEAR y trabajan en comunidades rurales, muchas de ellas en zonas de pueblos indígenas”, señaló.
Financiamiento a planes de negocios
La mayoría de los jóvenes campesinos de las comunidades de Cacaulí, Santa Rosa, Los Copales, Aguas Calientes y Sonis, en el municipio de Somoto, y Los Canales, en el municipio de San Lucas, que concluyeron los cursos de habilitación técnica en los CEAR, tendrán la oportunidad de acceder de forma colectiva o individual a financiamientos.
Gladys Cáceres informó que los jóvenes podrán optar a préstamos de unos 2,000 dólares. “Estos muchachos que reciban financiamiento para sus iniciativas de negocios deben de comprometerse a regresar el 50 por ciento de los fondos adquiridos, con el objetivo de tener un fondo revolvente y financiar otras iniciativas. Estos fondos serán administrados por la Cooperativa de jóvenes emprendedores de Madriz (CONJERUMA. R.L.)”, señaló.
Por su parte, Rina Campo Macerano, directora de Derechos Humanos de Catholic Relief Services (CRS), explicó que los jóvenes que recién concluyeron los cursos tendrán la oportunidad de insertarse inmediatamente en las áreas laborales de fincas de productores, a través de los acuerdos alcanzados con los miembros de la Asociación de Ganaderos de Madriz.
De escasos recursos
“El proyecto busca cambiar la dirección de las vidas en los jóvenes de escasos recursos económicos sin posibilidades a estudiar carreras universitarias y otros en riesgo y que son los que se ubican en las zonas de confort, es decir en los grupos juveniles o pandillas, del consumo de drogas; que sepan cómo resolver los conflictos en sus hogares, las frustraciones y practicar una mayor comunicación”, comentó Gladys Cáceres, directora del Inprhu en Somoto.

Los jóvenes aprendieron de inseminación artificial y diagnóstico de gestión en hembras bovinas y trazabilidad, manufactura de alimentos para ganado y sanidad animal; elaboración y transformación artesanal de productos lácteos; apicultura y diversificación de fincas y desarrollo de pequeña infraestructura rural agropecuaria.