Un sábado por la mañana, una mano traviesa abrió y dejo abierta la jaula de la urraca Sisi. Al ver la puerta abierta, la Sisi salió de su jaula y bajó al patio a picotear las guayabas maduras tiradas en la grama.
El ratón Roti Roti, que andaba con sus hermanos buscando qué comer, muy formalmente los llamó y les dijo:
—Ahora sí, esta es la oportunidad. Hoy vamos a desplumar a esta urraca…
Inmediatamente los ratis se abalanzaron encima de la Sisi y en medio de una gran batalla le arrancaron la más hermosa de las plumas de su cola: ¡su pluma azul!
Cuando la Sisi quiso alcanzar a los ratones, no pudo porque ladrando como loco el Roky la persiguió.
Esto, le dio chance al Roti Roti, y a los otros ratis de salvarse y correr con la pluma azul hasta su refugio.
Y, cuando iban a entrar a la cueva, encontraron a Luna y Fernando que andaban en bici por allí y como trofeo le enseñaron la pluma azul que le habían robado a la urraca.
Sorprendida Luna les preguntó:
—Y ustedes ¿por qué le quitaron su pluma a la Sisi?
— La rati Nati le respondió: —Nosotros ¡Hemos soñado con esto!
— ¿Y por qué? dijo Fernando.
Ah, porque si hacemos en sopa la pluma azul de la Sisi y la tomamos ¡vamos a brillar como Rubén Darío!
—¿De dónde sacaron esa locura? Preguntó Fernando.
—Ah… porque nosotros escuchamos a la a la Mimi leyendo: “Rubén Darío empezó a brillar, después que bebió Azul”
— ¡Nooo! ¡No loco! Yo escuché a la Mimi también y lo que ella dijo fue que nuestro poeta universal Rubén Darío, empezó a brillar después que escribió su libro “Azul”, dijo Fernando.
—Vos sos el loco, dijeron los ratis, nosotros, escuchamos que la Mimi dijo que Darío bebió azul.
Y como queremos brillar, beberemos… la sopa de la pluma azul. Dijo la Rati Rati.
— Noo no tomen la sopa de la pluma azul, porque si la toman ¡Van a perder su energía! dijo Fernando.
— Que chiste loco. Dijo el Roti Roti y siguió burlándose:
— ¡Sos divertido vos! ja, ja, ja… y se revolcó de risa en el suelo.
Al escuchar la algarabía, los otros ratis salieron de la cueva y se contagiaron de la risería. Aquello parecía el patio de un circo.
Después que los ratones cocinaron la sopa de la pluma azul, la tomaron, y como estaba deliciosa tomaban más y más hasta acabarla.
Luego salieron de la cueva a jugar. De pronto se vieron en los reflejos de un charco de agua y el Roti Lolo gritó:
— ¡Miren, soy brillante como Darío! Pero enseguida empezó a chillar y los demás ratones también:
— Ay mi pata, ¡no la puedo mover! Chilló la Rati Rati.
— ¡No puedo abrir mis ojos… ay ay! Lloró el Roti Lolo. ¡No puedo moverme! Gimió el Roti Roti.