TRUMP Y ORTEGA
El respeto que siento para una nicaragüense, nacionalizada estadounidense, que dice admirar a Donald Trump, en Estados Unidos, es el mismo que siento para un nicaragüense que dice admirar a Daniel Ortega, en Nicaragua. Y cuando digo respeto, es literal. Es que en la sociedad que yo quiero para mí y para los míos, las personas tienen derecho a pensar y expresar sus opiniones sean las que sean. El problema para mí no es que unas personas simpaticen con quien yo no simpatizo, o crean en lo que yo no creo, sino que el problema es que haya quienes crean que su creer es tan bueno para el mundo o el país que deben imponérselo a la fuerza a los que piensan distinto.
LOS “ANTI”
Alguien me ha dicho alguna vez que soy antiorteguista o antisandinista, como alguna vez también me dijeron que era antiarnoldista o antibolañista. No señor. Yo no tengo nada contra ninguna persona ni contra ningún partido. Tengo mucho contra ciertos comportamientos. Es que si alguien es corrupto, autoritario o abusivo, no me importa quién es ni de qué partido sea. Así que no confundamos: mi antiorteguismo, si es que lo hay, no es por quien sea Daniel Ortega ni por el Frente Sandinista que dirige, sino por esos comportamientos que, en principio, si fuésemos una sociedad sana, no deberían ser tolerados por nadie.
QUE LEVANTEN LA MANO
Miren qué fácil es hacer el test de la sociedad enferma. Que levanten la mano quienes estén en desacuerdo con las elecciones libres. Ahora, que la levanten quienes consideren que es un derecho de los gobernantes de enriquecerse a costa del Estado. Levántela los que creen que es justo golpear a alguien porque piense diferente. A ver… ¿Quiénes piensan que las leyes deben ser implacables con ciertas personas y permisivas con otras? ¿Quiénes consideran que lo correcto es que los jueces decidan en función de su criterio político más que por los principios de justicia? Estoy seguro que hay, sino un consenso total, un amplio consenso de que ninguna de estas situaciones es correcta. Sin embargo, todo esto sucede a diario en este gobierno y según la última encuesta de M&R más de 60 por ciento de los nicaragüenses aprueba su gestión. ¿Cómo podemos explicar que consideremos algo incorrecto pero aprobemos a quien lo cometa?
BONILLA
Miren, por ejemplo: han pasado 20 días desde que el activista político Carlos Bonilla fue acuchillado cuando salía de su vivienda junto con su esposa. Los medios oficialistas han guardado total silencio sobre el hecho, y algunos simpatizantes del orteguismo han conjeturado que se trató de “un montaje”, “un pleito interno” o un “delito común” a pesar de que tiene todas las características de ser una represalia política que solo la podrían ejecutar con total impunidad quienes están en el poder. ¿Por qué creen ustedes que al día de hoy la Policía no ha podido presentar a culpable alguno? Ni siquiera ha desmentido la afirmación de las víctimas sobre la captura y entrega a las fuerzas policiales de dos de los malhechores. Entonces, si parece pato, camina como pato y hace cuac cuac, no andemos diciendo que es conejo solo por conveniencia política. Lo menos honesto que podríamos decir es: “parece pato”.
GUADAMUZ
Respeto. Voy a ponerles un ejemplo vivo. Yo tengo muchas diferencias con doña Rosario Murillo, pero sentí un profundo respeto por ella cuando, poco después del asesinato de Carlos Guadamuz, hace doce años, fue la única voz del alto sandinismo que sin medias tintas condenó el hecho como algo “impropio de una cultura civilizada y justa” y fustigó duramente las declaraciones justificadoras sobre el crimen que muchos dirigentes sandinistas esgrimieron, Daniel Ortega, su esposo, incluido.
JUSTICIA
Así como que yo no simpatizara políticamente con Guadamuz no me haría justificar su asesinato de ningún modo, tampoco que no simpatizara con Murillo no me impide reconocer la valentía y justicia de sus palabras en ese momento. Si ella o Daniel Ortega o cualquier otro orteguista se pronunciara igual contra el salvaje ataque que sufrió Bonilla y pidiera castigo a los culpables, sean quienes sean, igual sentiría respeto por ellos, al margen de las obvias diferencias que sobre muchos temas tenemos. A eso me refiero.