Está en boga la discusión sobre la eficacia del castigo físico en niños y adolescentes para “corregir” malos comportamientos, errores de conducta o aprendizaje escolar.
Padres de familia consideran que el castigo físico es la fórmula ideal para formar caracteres y moldear personalidades cuando un niño presenta rebeldía “desobediencia” o desconoce la autoridad de los padres.
El castigo físico (una palmadita fuerte acompañada de un rotundo no), dosificado y esporádico no debería causar ningún trauma y sí es oportuno para enderezar un posible desviamiento de niños que siempre obtienen lo que quieren armando un berrinche y desobedeciendo una orden.
Esto no impide que pueda aplicarse otro tipo de sanción encaminada a que el niño comprenda lo equivocado de su actitud y corrija el rumbo.
Es difícil hacer gala de paciencia después de un pesado día laboral para resolver problemas de matemáticas, física, algún trabajo manual o lengua extranjera y escuchar las dificultades que a su vez el menor vivió ese día en el aula de clases.
Esta rutina agotadora y larga no puede ni debe autorizar a los padres a resolver la problemática con castigo físico en muchos casos exagerados.
La actitud hostil de los padres provoca que el niño o adolescente se encierre en sí mismo y no dialogue con sus padres ocultando sus problemas para evitar la reprimenda o castigo que pueda generar al exponer su preocupación, tensión y tal vez hasta acoso escolar que esté sufriendo.
A pensar, maestros y padres de familia, duplicar esfuerzos, sacar paciencia y tratar de que los niños tengan una infancia y adolescencia normal y hasta feliz. Ellos lo merecen.