CARTAS DE AMOR A NICARAGUA
Querida Nicaragua: La historia nos ha ido demostrando que la unidad de los pueblos es la que puede cambiar su propio destino. Un país con diversos partidos casi enemigos entre sí, tiene como destino la instalación de dictaduras hereditarias que le hacen a los países muchos daños y muy pocos beneficios. Nosotros demostramos en el noventa que una unidad auténtica, capaz de ceder, de renunciar a proyectos partidarios pensando solo en el beneficio de la patria, produjo el resultado que todos deseábamos. En este caso el triunfo de la UNO con doña Violeta Chamorro.
Y cuando se ha tratado de defender a la patria con las armas en la mano como era costumbre en el siglo XIX, años de 1850, por estar desunidos y en riñas inútiles uno y otro partido, dejamos que fuerzas extranjeras tomaran el país y que un filibustero como William Walker se proclamara presidente de Nicaragua y pretendiera decretar la esclavitud. En aquellos momentos comprendimos que había que hacer la unidad a cualquier costo con el propósito patriótico de salvar nuestro terruño, de expulsar al extranjero invasor. Y nos unimos los dos partidos irreconciliables, liberal y conservador, y tuvimos inclusive que pedir ayuda a nuestros hermanos de las repúblicas centroamericanas para poder triunfar sobre los invasores. La unidad, el pacto providencial que firmaron los dos partidos en aquellos años, hizo que todos nos uniéramos y que la patria volviera a ser libre y soberana.
Esos dos ejemplos, uno reciente y el otro ya juzgado por la historia, deberían enseñarnos lo que es la unidad, lo importante que es que un pueblo permanezca unido, lo provechoso que es que uno y otro partido o un grupo de partidos políticos se comporten inteligentemente, se reúnan amigablemente el uno con el otro, que no se sientan enemigos sino adversarios y que ambos tengan como meta el rescate de la soberanía de la patria y el bienestar y la felicidad de su pueblo.
Así de simple debería ser la relación entre uno y otro partido en los momentos actuales cuando todos estamos enfrentando un gobierno que pretende ser vitalicio y que en la práctica es totalitario y dictatorial pues un solo hombre es quien maneja todos los poderes del Estado.
Mientras aquí estemos luchando desunidos, cada quien por su lado, no iremos a ninguna parte. Seguiremos siendo víctimas de fraudes y más fraudes. Un voto masivo, pero masivo de todos los partidos juntos y de todo el pueblo aunque no sea partidario, más una valiente defensa del voto en todas y cada una de las Juntas Receptoras de Votos, más la exigencia de que vengan observadores internacionales y se permita la observación nacional, hará mucho más difícil que aquí el Consejo Supremo Electoral (CSE) siga fabricando fraudes en cada elección.
Tenemos otro ejemplo en la Mesa de la Unidad Democrática de Venezuela, que derrotó abrumadoramente al chavismo en las últimas elecciones legislativas en el país bolivariano. Aquí debemos de hacer todos los esfuerzos para unir a todos los partidos, para producir la anhelada unidad que nos permita instaurar un régimen verdaderamente democrático, con todos los poderes del Estado independientes, con un poder judicial respetable, con un poder legislativo que pueda decidir y que no esté esperando las señales del ejecutivo. Si queremos cambiar hacia la democracia nuestro deber es luchar por la unidad. Cada partido, cada conglomerado, cada gremio, unidos obreros, campesinos, estudiantes, mujeres, profesionales y ciudadanos en general lograremos sin duda llegar a la meta democrática y tendremos un gobierno honrado, abierto al pueblo, sin engaños ni zancadillas, un gobierno donde el pueblo esté debidamente informado con la verdad, no con discursos propagandísticos. Solo la unidad, el voto masivo y la valiente defensa del voto en cada urna electoral logrará todo esto. Hay que comenzar por la unidad y como primera tarea adecentar el CSE. Esa es la tarea del momento.
El autor es gerente de Radio Corporación y excandidato a la Presidencia de la República en 2011.