El anillo de Giges

Cuenta Hesíodo en la Teogonía que Giges era un gigante de cincuenta cabezas y cien brazos. Y así eran también sus hermanos, Coto y Briareo, nacidos de uno de los apareamientos sexuales de Gea (la Tierra) con el Cielo (Urano).

Cuenta Hesíodo en la Teogonía que Giges era un gigante de cincuenta cabezas y cien brazos. Y así eran también sus hermanos, Coto y Briareo, nacidos de uno de los apareamientos sexuales de Gea (la Tierra) con el Cielo (Urano).

Dice Hesíodo textualmente: “…de Gea y Urano nacieron tres hijos grandes y vigorosos, innombrables, Coto, Briareo y Giges, hijos soberbios. Desde sus hombros cien brazos se agitaban, inabordables, y cincuenta cabezas a cada uno de los hombros les habían brotado sobre los apretados miembros; vigor terrible y poderoso encima de su enorme figura”.

Pero Urano temía y odiaba a estos hijos gigantescos que eran llamados los Hecatónquiros (palabra que significa los de cien manos). Por eso Urano los mantenía encerrados en la profundidad de la Tierra junto con sus otros hijos, los Titanes.

Los Hecatónquiros fueron liberados por Cronos para que le ayudaran a derrocar a Urano, su padre, pero después los volvió a encerrar en el seno de la Tierra. Fueron rescatados por Zeus al que apoyaron en la guerra contra los Titanes, y cuando estos fueron vencidos los Hecatónquiros quedaron como sus carceleros.

Pero no es al Hecatónquiro Giges que me quiero referir, sino a otro Giges que menciona Platón en La República, en un mito que explica o trata de explicar un fenómeno humano que ha existido a lo largo de la historia: la relación de la persona con el bien y el mal.

El Giges del que habla Platón es un pastor de Lidia, región de la península de Anatolia, en la actual Turquía.

Cuidaba Giges su rebaño cuando ocurrió un terremoto y una gran grieta se abrió en la tierra. Pasado el susto Giges se asomó a la hendidura y vio brillar algo en el fondo. Movido por la curiosidad bajó por la grieta y vio un gran caballo de bronce, hueco, con varias aberturas. Miró por una de ellas al interior del caballo metálico y vio el cadáver de un hombre de gran estatura, que lucía un brillante anillo de oro en uno de los dedos.

Giges se apoderó del anillo, se lo calzó en uno de sus dedos y comprobó que le ajustaba. Salió de la grieta y fue a participar en la reunión que solían hacer los pastores antes de ir a informar al rey sobre la situación de los rebaños. Durante la reunión de pastores Giges dio vuelta al anillo en su dedo y descubrió que al hacerlo se hacía invisible. Volvía a darle vuelta y recobraba la visibilidad.

Giges se integró en la delegación de pastores que fue a informar al rey y estando en el palacio aprovechó su facultad de hacerse invisible para seducir a la reina. Luego se confabuló con ella para matar al soberano y apoderarse del trono.

Lo que se quiere demostrar con este mito es que una persona, cualquiera que sea, está dispuesta a hacer el mal mientras los demás no la vean o no se den cuenta, o sea si actúa con impunidad. De manera que si las personas se abstienen de hacer el mal es porque saben que si lo hacen tienen que pagar consecuencias.

Platón, por boca de Glaucón, su primo, lo dice así en el libro antes mencionado: “Todo hombre cree, con razón, que la injusticia es más útil que la justicia… demos a todos, justos e injustos, licencia para hacer lo que se les antoje y después sigámosles para ver adónde llevan a cada cual sus apetitos. Entonces sorprenderemos en flagrante al justo recorriendo los mismos caminos que el injusto…” “De manera —sigue diciendo Glaucón— que si hubiera dos sortijas como aquella (la de Giges) de las cuales llevase una puesta el justo y otra el injusto, es opinión común que no habría persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los demás, cuando nada le impedía dirigirse al mercado y tomar de allí sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornicar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales”.

Pensando en este mito me hago muchas preguntas. Por ejemplo esta sobre una situación muy actual: ¿será el mito de Giges la explicación de que tantas personas que hacen comentarios en las páginas electrónicas de los medios de comunicación, al ampararse en el anonimato y la impunidad escriben toda clase de insultos y difamaciones contra cualquier otra persona? ¿Habrá tantos anillos de Giges repartidos por el mundo, como sugiere el mito de Platón?

Columna del día Hesíodo archivo

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