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En la información sobre la muerte de Umberto Eco, ocurrida el viernes 12 de febrero corriente, se mencionó el dato de que a fines del año pasado él fundó —o fue cofundador— de la Editorial La Nave de Teseo. Esta sustituyó a la Editorial Bombiani, absorbida por un grupo monopólico que forma parte del emporio del controversial exgobernante italiano Silvio Berlusconi.
Para darle el nombre a ese proyecto, Umberto Eco y los otros prominentes intelectuales italianos que lo impulsaron se inspiraron en la llamada Paradoja de la Nave de Teseo. En la información se dijo que eso fue porque Eco admiraba al rey legendario de Atenas llamado Teseo, pero en realidad fue porque quería transmitir el mensaje de que la nueva casa editorial es otra y a la vez lo mismo que la Bombiani.
Teseo es un mítico rey de Atenas a quien los antiguos atenienses veneraban como uno de sus héroes nacionales.
Atenas, vencida por Creta en una de las tantas guerras que libraron ambas ciudades estados en la antigüedad, quedó obligada con los cretenses a entregarles cada nueve años 14 jóvenes atenienses de ambos sexos, para que sirvieran de comida al Minotauro, monstruoso ser que era mitad toro y mitad hombre.
Teseo era hijo de Egeo, el rey de Atenas, y se ofreció para ir a Creta en su nave llevando a los 14 jóvenes, con el fin oculto de introducirse en el laberinto donde vivía el Minotauro y matarlo.
Teseo usaba en su nave velas de color negro y antes de zarpar del puerto de Atenas Egeo le pidió que si regresaba con vida las velas negras fueran sustituidas con otras blancas, o que se mantuvieran las velas negras en el caso de que hubiese muerto.
Ariadna, la hija de Minos, el rey de Creta, se enamoró de Teseo y enterada de su propósito le ofreció ayuda a cambio de que se la llevara con él y se casara con ella. Aceptó Teseo la propuesta y entonces Ariadna le dio un carrete con hilo, para que lo fuera desenrollando a medida que se adentrara en el laberinto y de esa manera pudiera salir después de matar al Minotauro.
Teseo mató al monstruo y en efecto salió del laberinto gracias al hilo de Ariadna, a quien llevó consigo al emprender el viaje de regreso a Atenas. Pero Teseo estaba enamorado de una mujer ateniense, con quien planeaba casarse y por eso dejó abandonada a Ariadna en la isla de Naxos, cuando se detuvieron allí para abastecerse de agua y alimentos.
Durante el viaje de regreso a Atenas Teseo olvidó cambiar las velas de manera que cuando Egeo vio a lo lejos la nave que se acercaba con las velas negras desplegadas, creyó que su hijo había muerto y se mató arrojándose al mar que desde entonces y en su memoria se llama Mar Egeo.
Heredó y cupó Teseo el trono de Atenas y en agradecimiento a Apolo, al que había pedido protección y ayuda para matar al Minotauro, decidió que la misma nave en la que pel había ido a Creta para cumplir su misión, cada año viajara a la isla de Delos llevando a 7 parejas de jóvenes atenienses de ambos sexos, a fin de que hicieran ofrendas en el lugar del nacimiento de Apolo.
Con el paso del tiempo la nave de Teseo se iba deteriorando y cada vez y cuando se hacía alguna reparación, le cambiaban una parte vieja y ya inservible por otra nueva y útil. Hasta que de la vieja nave en la que Teseo fue a Creta para realizar su hazaña, ya no quedaba prácticamente ni una sola parte o pieza original. Pero igual seguía siendo la nave de Teseo.
Así nació la llamada Paradoja de la Nave de Teseo, un paradigma filosófico según el cual las cosas —y las personas— cambian siempre pero siguen siendo iguales. Esto es como el río en el que según Heráclito de Efeso nadie se baña dos veces, porque en la siguiente ocasión las aguas ya no son las mismas, pero el río sigue siendo igual. O como la persona que se mira en el espejo y cree ser la misma de siempre, pero en realidad ya no lo es porque sus células se están renovando constantemente.
Los que saben de estas cosas dicen que en la Paradoja de la Nave de Teseo se basó Giuseppe Tomasi di Lampedusa para formular en su famoso libro El Gato Pardo el paradigma de que para que todo siga igual es necesario que todo cambie. Y seguramente que en ese mismo paradigma el poeta español Antonio Machado inspiró su enigmático verso que dice: “todo pasa y todo queda”.