Lo primero que hay que hacer, que aún no se ha hecho, es reconocer públicamente, tanto de parte del Gobierno de Nicaragua, como el de Costa Rica, el valor, la solidaridad humana y el desprendimiento heroico de los 14 tripulantes del barco pesquero Two Friends, comandados por su capitán Leonel Estrada.
Todo Nicaragua y Costa Rica fueron testigos en varios videos dramáticos, que su acción rápida, decidida y ciertamente cristiana y solidaria, evitó que la tragedia en la que perecieron 13 personas, fuera de mayores proporciones.
Lanzándose desde el barco pesquero en un mar embravecido, la tripulación del Two Friends rescató 20 personas, una de las cuales falleció a bordo y 8 cuerpos de fallecidos que se ahogaron debajo de la lancha volcada, con sus salvavidas puestos.
Ellos se desubicaron porque debajo de una lancha volcada es muy oscuro ya que no entra el sol y los salvavidas no les permitieron sumergirse para salir a la superficie, tal como relató la juez única de Corn Island, Shura Welcome, quien sobrevivió quitándose el salvavidas y sumergiéndose bajo el agua para salir a la superficie afuera del bote volcado.
“Andaba pescando mar adentro, muy lejos, pero algo me dijo que tenía que regresar a casa antes de haber cumplido mi faena de pesca —me manifestó el capitán Leonel Estrada en una entrevista telefónica— y me encontré casualmente con la panga Reina del Caribe en el instante que se volcaba, acudiendo inmediatamente al rescate”.
“Lo que hice el día 23 de enero, lo hice por amor al prójimo y si vuelve a suceder de nuevo, lo cual Dios no lo ha de permitir, lo haría nuevamente, porque somos seres humanos. Ahora, la información de lo que ocurrió es mi deber informar a la autoridad y a los medios, para que la gente se dé cuenta y no se vuelva a repetir”.
Estrada se refería a que al avistar el volcamiento, intentó por todos los medios llamar a la Naval y fue imposible comunicarse con ellos, hasta llamó a su esposa para que fuera personalmente a dar aviso del naufragio a las autoridades.
¿Qué medidas tomar ahora? Sobre las medidas que ha tomado la Fuerza Naval que prácticamente han paralizado el transporte a destinos turísticos como Ometepe y Corn Island para hacer cumplir lo establecido en la Ley General de Transporte Acuático, Ley 399 del 2001, quiero hacer la siguiente observación:
Primero que deben ser tomadas con gradualidad para no perjudicar el turismo y porque hay requisitos que están pidiendo que no existen en Nicaragua, como las balsas salvavidas para los ferris y las luces de bengala, y otros que ni la misma Fuerza Naval tiene en todos sus puestos o destacamentos, como radios de comunicación en la frecuencia marina VHF.
El radio VHF es fundamental para controlar el tráfico marino y sobre todo para auxiliar en caso de una emergencia. No bastan los celulares y no son el medio indicado ni internacionalmente reconocido para las comunicaciones de base a embarcación ni entre las naves. El celular es bueno tenerlo y usarlo, como medio de comunicación alterno, no primario.
El Gobierno, a través de la Dirección de Transporte Acuático del MTI (DGTA), a fin de no trastocar el turismo, debería de importar rápidamente y sin impuestos, aquellos requisitos que o no se encuentran localmente o es sumamente difícil o prohibitivo su compra masiva. Ejemplo: radios, salvavidas de calidad razonable, luces de bengala, balsas salvavidas, salvavidas redondos de lanzar y bombas de achique.
Si no lo hace, debería al menos facilitarle a las empresas privadas que lo hagan con la premura que el caso amerita. Mientras esos ocurre, a como se dio el caso de la revisión mecánica de los vehículos, debe haber una moratoria en la aplicación de algunas de las medidas.
La exigencia de no autorizar el zarpe hasta que todos vayan con sus salvavidas puestos me parece muy acertada, pero no me parece que para un zarpe se requiera más información de los pasajeros que el nombre y la edad. Esto para no perjudicar los tiempos haciendo del zarpe un proceso largo y engorroso.
La empresa privada y el Gobierno deben encontrar un delicado balance que garantice la seguridad en el trasporte acuático sin una afectación mayor a la ciudadanía o al turismo, tal como se hace en todos los aeropuertos.
El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y Presidente de la Comisión de Turismo.