Hace poco me contaron esta versión criolla de una fábula de Esopo llamada El molinero, su hijo y su asno con la que he decidido comenzar este artículo porque me hizo reír a carcajadas ya que me pareció que hay similitudes asombrosas —que elaboraré después— con el micro cosmos de analistas políticos de Nicaragua, en donde criticar a los que hacen las cosas, es ya un deporte nacional.
Una mañana salieron de su finca un padre y su hijo montados en su burrito con rumbo al mercado del pueblo. Cuando pasaron por la finca vecina, una señora que estaba lavando ropa les dijo molesta: “Qué groseros esos dos, montados en el pobre burrito, que casi no los aguanta”.
El padre le dijo al hijo “tiene razón la señora, bajate vos del burro y me voy a quedar solo yo porque me duelen las rodillas ya que padezco de artritis”.
Poco más adelante, un señor que estaba en su milpa les dijo “qué clase de padre es ese, que va montado en el burro mientras el pobre muchachito ahí va todo polvoso y a pie”. El padre dijo: “Él tiene razón hijo mío, subite vos al burro y yo me voy a ir caminando”.
A mitad de camino, se encontraron a otra señora que les dijo: “Miren a ese hijo desnaturalizado, como va montado en el burro, mientras el pobre viejo va arrastrando los pies”. Entonces el padre le dijo al muchacho “mejor bajémonos los dos del burro y caminemos para que la gente no nos critique”.
Cuando por fin iban llegando al mercado, una vendedora que cargaba su canasto, exclamó con una sonrisa de burla “miren a esos dos babosos a pincel, ¡para nada tienen burro!”.
La enseñanza de esta pequeña fábula es: “Toma tus decisiones con tu mejor parecer, no con el parecer ajeno”.
El 9 de enero del 2012 la Bancada Alianza PLI, luego de demandar tres cargos en la directiva de la Asamblea Nacional o ninguno, se quedó sin ninguno y en la primera casa que vieron pasar a los campesinos y el burro les gritaron: “Esos majes no supieron negociar, lo quieren todo o nada, en política no se dejan espacio vacíos”.
El 9 de enero del 2014, al constatar que no tener un solo cargo en la Directiva era como estar en una partida de beisbol y no saber por donde va a venir la bola, o como ir vendados a jugar ajedrez, BAPLI decidió luchar por los dos cargos que en proporción a los votos obtenidos nos correspondía, pero si nos daban uno lo aceptaríamos y así lo hicimos.
Esto porque para ser electos se necesitan 47 votos, por tanto es necesario contar con los votos de la bancada del FSLN, los que nos dieron a condición de que votáramos por sus candidatos, lo cual hicimos y mucha gente reconoció que esta decisión pragmática era acertada.
El hecho pasó sin mayor alboroto y ese paso, como quedó demostrado posteriormente, jamás comprometió el voto de nuestra bancada ante ninguna ley nociva contra el pueblo, como la Ley 840 del Canal, los reformas constitucionales y mas recientemente la ley de Seguridad Soberana, para citar algunas que nos hemos opuesto vehementemente.
Y fue precisamente por una intervención en la Junta Directiva de María Eugenia Sequeira, que después del 15 de diciembre del 2014, entró de emergencia una iniciativa de extensión del plazo de las cédulas de identidad que favoreció a casi dos millones de nicaragüenses.
El pasado 9 de enero de este año 2016 que tocó nuevamente la elección de la Junta Directiva, volvimos a actuar con pragmatismo, tal como lo hicimos en el 2014, pero esta vez como es un año electoral y cada quien “anda jalando agua para su molino”, nos cayó una andanada de críticas de los “analistas políticos” de nuestro paisito, que extrapolaron una pequeña táctica política y nos acusaron de todo lo que ya sabemos.
En lo que a mi respecta, que voluntariamente secundé la candidatura de René Núñez Téllez, quiero dejar sentado hoy aquí que avalo todas y cada una de las palabras que llevé por escrito, porque ninguna es ajena a la verdad, aunque algunos de los que vieron pasar al burro y los campesinos como en la fábula, las han distorsionado e interpretado perniciosamente.
El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y presidente de la Comisión de Turismo.