PIÑATA POLÍTICA
Ni año electoral ni fiesta cívica. Lo más que veremos este 2016 es otra vergonzosa piñata política donde los políticos criollos llegan a ver qué agarran según como bailen las canciones que les pongan. ¡¡Arriba!! ¡Arriba! ¡Abajo, abajo! Y algunos se contonean impúdicamente garrote en mano mientras otros apenas se mueven, como con vergüenza, pero ahí están todos, atentos al momento en que caerán los caramelos y ¡tonto el que no agarre nada!
OPOSITORES
A la opositora venezolana María Corina Machado le quitaron su diputación por ser lo que le tocaba ser: opositora. No solo eso: después ni siquiera la dejaron postularse como diputada para este nuevo período, por lo mismo, porque no dejó de hacer lo que le corresponde. Para ella hubiese sido muy fácil someterse al chavismo y terminar su período en la cómoda butaca parlamentaria, ganando el salario de diputada y seguir siendo diputada ahora mismo, como lo suelen hacer los opositores nicaragüenses. Pero no, escogió ser opositora, pagó los costos y en estos momentos esa oposición compuesta por muchos otros como Machado controla totalmente la Asamblea Nacional y está a un pelo de tomar el poder.
MANSOS
Miren nomás la diferencia. En Nicaragua el PLI vota por el Frente Sandinista en la Asamblea Nacional para que les deje ¡por amor de Dios! al menos un cargo en la Junta Directiva. Los sandinistas no le ofrecen los tres cargos que les corresponderían por Ley como bancada opositora mayoritaria, ni siquiera uno de los cargos importantes, les dan una segunda vicepresidencia, “si querés”. Y ahí van los PLI, mansamente a votar por los orteguistas, incluyendo aquellos que les están robando el espacio que a ellos les corresponde por Ley, bajo el ya trillado argumento de “que no hay que perder los espacios políticos”. ¿Cómo demonios van a ganar una elección si no están dispuestos a pagar ningún costo en la pelea? ¿Cómo van a exigir que se les vea como opositores si no se comportan como tales?
GANAR NADA
La verdad es que se hacen los engañados. Nada, o muy poco, han conseguido con todos los escaños que aceptaron a pesar del fraude. Daniel Ortega ha hecho lo que ha querido en la Asamblea con la supermayoría que se asignó. Ni siquiera los ha usado de interlocutores y ha preferido ignorar a los diputados PLI y entenderse con el Cosep para legitimar como oposición a quien a él le da la gana. Nada, o muy poco, conseguirán con el premio de consolación que les dejaron en la Junta Directiva, porque hasta ahora nunca hemos conocido un caso donde doña María Eugenia Sequeira haya cambiado con su presencia en la Junta Directiva alguna de las leyes que Ortega ha querido cocinar. En cambio, espero que tengan la suficiente inteligencia para saber lo que perdieron al votar sumisamente, decepcionando a todos aquellos que creyeron que se habían compuesto al verlos protestar tardíamente en los “miércoles de protesta”.
CONTRAPODER
No se trata de querer una oposición solo porque no me guste este u otro gobierno. Ni porque alguien sea liberal, conservador o sandinista. El asunto es que la oposición viva es el reflejo de una sociedad sana. Es balance y contrapoder para que el que manda no haga lo que quiera. Es la garantía de que ni este gobierno, ni ellos cuando sean poder, se quedarían ahí definitivamente. Un gobierno que se sabe sin oposición se vuelve despótico, autoritario y dañino para la sociedad. O sea, una buena oposición debería ser del interés de todos, como es interés de todos que haya un buen gobierno.
RIESGOS Y COSTOS
La gran diferencia que tenemos con respecto a Venezuela es que allá la oposición está para disputarle el poder al actual gobierno, la nuestra está para sobrevivir con el Gobierno. Es una oposición parasitaria y acomodada, que se conforma con lo que sobre, sea un par de escaños o una segunda vicepresidencia en Junta Directiva. En otros países o en otros tiempos los opositores están dispuestos a ir a la cárcel por serlo. Se arriesgan incluso a que los asesinen, que les quiten los cargos o que los destierren. Aquí la oposición dormita en su butaca y sueña verse en el poder sin hacer nada para conseguirlo porque no quiere pagar ningún costo. Tal vez que Ortega se caiga solo. Por torpeza o aburrimiento.