CARTAS DE AMOR A NICARAGUA
Querida Nicaragua: con un triunfo tan rotundo e indiscutible en las elecciones parlamentarias venezolanas, esperábamos que los ganadores propiciaran antes que nada la reconciliación, pues no sería nada fácil marchar en armonía sin usar cierta prudencia frente a un Ejecutivo de sobra conocido como dictatorial, prepotente y dispuesto a todo, como bien lo ha dicho, para defender “la revolución bolivariana” o socialismo del siglo XXI que ha llevado a la ruina al pueblo venezolano.
Habría que haber supuesto las patrañas y juegos sucios de Maduro, los nombramientos de nuevos magistrados y la inhibición de algunos de los diputados y tomar las cosas con calma usando los recursos que la Constitución del país indica para estos casos.
Si el gobierno de Maduro se comportó como era de esperarse, atacando atrozmente, la nueva Asamblea debería haberlo enfrentado con cierta prudencia y usando la ley. La confrontación en estos casos no conduce más que a conflictos mayores. El nuevo presidente de la Asamblea electa el pasado 5 de diciembre, el doctor Henry Ramos Allup, seguramente es un hombre de capacidad y prestigio, sin embargo en esta ocasión y en su primera comparecencia no debió haber amenazado a Maduro con sacarlo del poder dentro de seis meses. No era el momento adecuado para decirlo.
Antes por el contrario debió haber enviado un mensaje conciliador, que le diera al pueblo la esperanza de que los nuevos diputados trabajarían arduamente para tratar de mejorar la economía del país, ir terminando poco a poco con la escasez de productos de consumo básico, recomponer el sistema monetario y enfrentar todos los problemas existentes contando con una relación armónica con los otros poderes del estado. Un mensaje de esta naturaleza hubiese tenido un efecto reconciliador y hubiera limado las uñas de los chavistas más recalcitrantes.
Otro desacierto fue el retiro público de los pósteres de Chávez y Maduro colocados en las paredes del edificio. Cierto que es un abuso del Congreso anterior y un acto de servilismo y de culto a la personalidad en un sitio donde solamente deben estar el escudo nacional, la bandera de la república y el retrato del gran libertador venezolano Simón Bolívar, pero el retiro debió hacerse unos días después, cuando la situación no estuviese tan caldeada, y simplemente ordenar que los pósteres del caso fuesen llevados a las bodegas del Congreso y no sacarlos a la calle en una especie de provocación para un pueblo polarizado y un gobierno proclive al uso de la violencia con turbas dispuestas a enfrentar contrincantes bajo el amparo de una policía tolerante.
Esperábamos que ocurriera algo distinto en el hermano país suramericano y lamentablemente nos encontramos, durante la semana pasada, una serie de inconvenientes sumamente peligrosos que podrían desembocar en violencia generalizada.
Hay dos maneras de solucionar los problemas políticos: por la vía cívica o por la vía de la violencia. La Mesa de la Unidad Democrática optó por la vía de las elecciones, la vía cívica y triunfó por abrumadora mayoría. Cierto que el gobierno de Maduro nunca estuvo dispuesto a que sus opositores cambiaran desde la Asamblea lo que tenían que cambiar, pero los demócratas debieron haber enfrentado con mayor tino los obstáculos del gobierno de Maduro.
Recordemos que en el año noventa, del siglo pasado, la UNO con doña Violeta le ganó la elección al frentismo. La sorpresa del llamado sandinismo fue tal que muchos de ellos se negaban a entregar el poder. Hubo que actuar con mucha prudencia, sabiduría, paciencia y tolerancia. De no haber tenido la voluntad política de entablar un diálogo constructivo que pudiera dominar las pasiones de ambos bandos, es fácil suponer el destino que le esperaba a nuestro pobre país. Los “revolucionarios” estaban armados hasta los dientes, eran los dueños del Ejército y la Policía, y con eso queda dicho todo. Siempre mandan aquellos que tienen las cañas huecas.
El autor es gerente de Radio Corporación y excandidato a la Presidencia de la República en 2011.