La intolerancia
El monstruo de la intolerancia es insaciable. Comenzó domesticando al Estado, a tal punto que a estas alturas es un hecho aceptado que los empleados estatales no tienen derecho a tener criterio propio y hasta se da como legítimo el uso que pueda hacer de ellos el partido de gobierno: ya sea poniéndolos a rotondear, obligándolos a participar “voluntariamente” en las marchas que organice por cualquier motivo o, incluso, encargándole golpizas a los opositores.
Universidades
Luego, este cáncer avanzó a las universidades públicas, se terminó la autonomía y las universidades se pintaron de rojo y negro y el pensamiento libre fue echado a patadas. He oído a estudiantes universitarios en los medios oficialistas agradeciéndole su derecho al estudio “al comandante Daniel Ortega y a la compañera Rosario Murillo…” Ahora el monstruo de la intolerancia comienza a atacar con zarpazos torpes las universidades privadas donde todavía sobrevive el pensamiento crítico y, créanme, si por ellos fuera, el monstruo no se detendría hasta que todos nos comportemos como zombis.
Militares empresarios
Lo que sucedió esta semana es algo más que el simple despido de dos decanos de una universidad. Demuestra el compromiso político partidario que ha acogido el Ejército. Y esto es lo grave. No nos vengan a decir ahora que como empresario, el Ejército puede hacer lo que le dé la gana con sus negocios, porque hasta el día de hoy en el artículo 93 de la Constitución Política se dice que “El Ejército de Nicaragua es una institución nacional, de carácter profesional, apartidista, apolítica, obediente y no deliberante” y esto incluye al manejo de sus empresas que nacieron, ¿se acuerdan?, de nuestras costillas.
Blasfemia
La idea es, sin escribirlo en ninguna Ley, criminalizar el pensamiento crítico. Perseguirlo. Castigarlo. Hemos visto a policías allanando casas de opositores, bloqueando a ciudadanos que van a ejercer su libre derecho a manifestarse, grupos paramilitares golpeando a quienes protestan pacíficamente, ciudadanos llevados a las mazmorras de El Chipote y jueces procesando a opositores bajo los cargos más disparatados para ocultar el verdadero delito a castigar: pensar diferente. Y entre todos los “pensares diferentes”, el delito capital, casi a nivel de traición a la patria, es pensar en una Nicaragua sin Daniel Ortega o el Frente Sandinista en el Gobierno. Es un delito de blasfemia en esta nueva religión del orteguismo que quieren imponer.
No se preocupen
Y entonces, en este contexto de intolerancia a las ideas distintas, a la criminalización de la crítica y de los encarcelamientos, detenciones y procesos por cargos disparatados, sacan de la manga una Ley de Seguridad Soberana, que pone a Nicaragua en un cuasi permanente estado de excepción, como si estuviésemos en guerra contra alguien. Y nos dicen que no nos preocupemos, que esa libertad de vigilarnos que se le da al Ejército, esa libertad de detenernos y encarcelarnos por “cualquier otro motivo que atenten contra la seguridad soberana” que ahora tendrán, la usarán responsablemente en apego a la Constitución. Que no nos preocupemos. “No se preocupen, este es un simulacro para el video”, dicen igual los yihadistas a los prisioneros, según quienes han escapado, antes de cortarles el cuello con cuchillo.
Beneficio de la duda
Hace poco una mujer denunció que sujetos vestidos de policías y encapuchados irrumpieron en su casa en la madrugada para advertirle que dejara de participar en actividades de protesta. Otra mujer, una costarricense, denunció también que policías la capturaron y vejaron en Rivas sin motivo alguno, cuando visitaba a un familiar enfermo. Para liberarla, según su denuncia, le pedían dinero. Campesinos de Río San Juan se han quejado reiteradamente que militares del Ejército llegan a sus fincas bajo el pretexto de buscar drogas, se les llevan ganado y luego lo venden como propio en la frontera. Podría seguir mencionando casos porque son muchos. Podrían ser inventados. Pero hay un dato que nos obliga a darles el beneficio de la duda: nunca estos casos son investigados. Ni son condenados los que cometen tales fechorías o ni expuestos y castigados quienes inventarían estas mentiras, si ese fuese el caso.