Sin lugar a dudas el recién inaugurado aeropuerto de Costa Esmeralda podría significar un factor catalizador para el desarrollo turístico de toda la zona costera de Rivas, tanto en los municipios de Tola como San Juan del Sur, porque es una obra de infraestructura fundamental para atraer el turismo de alta gama. Y esta inversión de 13.4 millones de dólares es tanto más meritoria, porque es una inversión privada de interés público, desarrollada por el Grupo Pellas, que ha apostado al futuro del turismo en Nicaragua con la inversión de Guacalito de la Isla y ahora con este nuevo aeropuerto.
Aunque está iniciando modestamente y abrirá sus puertas en esta primera etapa para aviones ATR-42, Gran Caraván y jets ejecutivos, está mejor dotado tecnológicamente que lo que en sus inicios, en los años 70, estuvo el primer aeropuerto internacional privado de Latinoamérica, el Aeropuerto de Punta Cana en República Dominicana. Frank Rainieri y otros visionarios inversionistas norteamericanos, lo que querían era un aeropuerto para poder volar en pequeñas avionetas al lugar inhóspito de 42 kilómetros cuadrados que habían comprado, inicialmente para explotar la madera y la arena blanca de sus playas, pero que al tiempo se convirtió en uno de los principales polos turísticos de Latinoamérica. Querían ahorrarse las 8 horas que les tomaba llegar desde Santo Domingo hasta el lugar donde habían invertido llamado Playa Yauya o Punta Borrachón, pero que Rainieri bautizó en 1970 como Punta Cana.
Hoy en día, el Aeropuerto de Punta Cana tiene vuelos directos a 28 países y 96 ciudades alrededor del mundo. Según cifras del Banco Central de República Dominicana, en el año 2014 recibió 5,826,602 turistas, que representan un incremento del 12.5 por ciento de la llegada del 2013. Ahora es el aeropuerto más grande de República Dominicana y está en permanente expansión.
¿Por qué, si Domicana lo pudo lograr, no lo podemos lograr nosotros? A lo largo de la costa sur del Pacífico de Nicaragua, desde Chacocente hasta El Ostional, hay una cantidad de bellísimas playas que conforman una intricada geografía de bahías y penínsulas. Por años hemos soñado con unirlas por medio de una carretera costanera, de la que de hecho ya existen pequeños tramos adoquinados, siendo los mas notables de Tola hacia el norte y de San Juan del Sur hacia la frontera sur, con un pequeño segmento hacia las playas del norte. Esto ha permitido el desarrollo turístico de lo que Carlos Pellas ha bautizado acertadamente como la Costa Esmeralda de Nicaragua.
Si solo lográramos unir los puntos dispersos a lo largo de la costa por medio de una carretera costanera, que no es ni remotamente un sueño tan distante ni disparatado como el sueño del Gran Canal, el nuevo Aeropuerto de Costa Esmeralda tendría un potencial insospechado. Una vez consolidado el Aeropuerto de Costa Esmeralda a nivel internacional, se podrían ofrecer también paquetes multi-destinos a otros atractivos turísticos donde ya existe una buena infraestructura aérea, que por el momento está siendo sub utilizada, como Ometepe y San Juan de Nicaragua, así como potenciar otros destinos aéreos exitosos como Corn Island.
Otro ejemplo de un aeropuerto turístico muy exitoso es el aeropuerto internacional de Liberia, que ha convertido a las playas de Guanacaste en un emporio turístico con vuelos directos de los Estados Unidos. A partir del 14 de noviembre, desde Liberia y desde Managua estarán ofreciendo los primeros vuelos comerciales al aeropuerto internacional de Costa Esmeralda.
En la vida del empresario norteamericano Steve Jobs hubo una serie de puntos que cuando se unieron en su destino, le permitieron lograr un éxito inimaginable. Así debe de ser el desarrollo turístico de Nicaragua: uniendo puntos, primero por carretera y después por avión. En ese sentido, yo aplaudo todos los eslabones que se han realizado durante este Gobierno, particularmente en la notoria mejoría de la infraestructura vial y en la conectividad aérea de nuestros destinos turísticos mas aislados.
Toma tiempo de maduración y las inversiones son ciertamente riesgosas, pero como Frank Rainieri en Punta Cana, con la inversión en el primer hotel de 23 habitaciones en los años 70 y la pequeña pista de aterrizaje para avionetas que construyeron con el primer tractor, llega el tiempo de cosechar.
El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y Presidente de la Comisión de Turismo