La solidaridad humana, la solidaridad cristiana tiene muchas formas e incluso puede tomar diferentes matices políticos, pero en fin, es solidaridad y debe ser aplaudida siempre y no se debe intentar controlarla o centralizarla, tal como ocurrió recientemente, con los cuatro camiones cargados de víveres que campesinos de la zona del canal (zona húmeda) lograron colectar para repartirlos a sus compatriotas de los cincos municipios más afectados por la sequía en Nueva Segovia.
Fue un acto insólito de “mezquindad alimentaria” como bien tituló el editorial de La Prensa del 21, el intento del gobierno de monopolizar la solidaridad humana por medio de Sinapred, bajo el inverosímil argumento “de que los alimentos no pasaron la inspección fito-sanitaria del MINSA” y por tanto cualquier donación debe ser distribuida por esa entidad. Ya sabemos que este gobierno no escatima ningún esfuerzo en politizar cualquier ayuda a los sectores más vulnerables a los desastres naturales.
Es insólito y no es cristiano, que solo porque los alimentos los iban a entregar campesinos y productores que se han opuesto en ya más de cincuenta marchas a la mentada construcción de un Canal que les trastocaría sus vidas, los camiones hayan sido retenidos en Ocotal y no llegaron a su destino que eran los cincos municipios más secos del país.
Un gesto de solidaridad digno del mejor reconocimiento público y un gesto de amor cristiano muy elocuente, porque los protagonistas no eran millonarios que les sobra el dinero y deciden hacer una obra altruista a cambio del reconocimiento público, lo cual no está mal ni es criticable.
Pero este gesto de solidaridad es sublime y mas encomiable aún, porque se trata de productores y campesinos humildes, que se quitaron el bocado de la boca para, en una acto cristiano de amor al prójimo, entregárselo a los más necesitados que perdieron todas sus cosechas por una brutal sequía en el año más caliente de la historia mundial.
El gobierno, se contradice entre su predicado y sus acciones. Primero no admite la emergencia alimentaria en el norte, pero cuando se pone en evidencia el hambre y la necesidad con el envío de víveres a los municipios más secos, de parte de los municipios más húmedos, salta la institución encargada de lidiar con los desastres naturales, Sinapred y dice: “Un momento, no se entrega nada si no lo entrego yo, porque yo soy el único organismo capaz y responsable de lidiar con los desastres naturales y las emergencias”.
Se contradice también porque si la solidaridad y el cristianismo es algo que está hasta en la constitución reformada, debería de ser un valor universal y jamás patrimonio exclusivo o monopolio de un determinado partido. Es decir, la solidaridad es buena, si yo reparto, ya sea con los impuestos de los contribuyentes o con las donaciones privadas que yo logro centralizar por medio de medidas coercitivas.
Quizás en el único principio donde la contradicción no es tan obvia es con el principio socialista. Porque aunque supuestamente el socialismo pretende la distribución igualitaria de la riqueza, a menudo termina extinguiendo la riqueza que redistribuir, en su afán totalitario de centralizarlo y controlarlo todo.
En los años ochenta Nicaragua fue un ejemplo más del fracaso económico de la economía centralizada. Aunque guardando las proporciones, la detención de los cuatros camiones cargados de granos básicos y otros víveres, me recuerda la prohibición que existía en los años ochenta de que los productores pudieran comerciar sus granos y venderlos al mejor postor.
Solo a través del MICOIN o Ministerio de Comercio Interior, cuya función era controlar los precios se podía comerciar o vender la producción a los precios establecidos por el Estado, de lo contrario, los productores tenían que comerciar sus frijolitos y su maíz como si fuera contrabando.
Al entrar Sinapred en el debate de la “transfusión de alimentos” de los municipios húmedos a los municipios secos, en efecto el gobierno a reconocido la existencia de una emergencia, pero en lugar de aplaudir el gesto de solidaridad, aunque este también tenga su matiz político, ha dicho: si no entrego yo, no entrega nadie y con este infame candado a la buena voluntad, ha venido a desmotivar cualquier donación privada de alimentos en el futuro.
El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y presidente de la Comisión de Turismo.
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