Querida Nicaragua: Dos países hermanos, limítrofes, tradicionalmente amigos han sido Costa Rica y Nicaragua. Costa Rica era un país muy pobre y Nicaragua, por el contrario, muy rico. Centenares de obreros ticos encontraban trabajo en los tiempos del cultivo del café y el algodón, muchos de ellos se quedaron a vivir entre nosotros. En los años cincuenta, después de la revolución de don Pepe Figueres vinieron muchos políticos partidarios del expresidente Calderón Guardia, luego de una fracasada invasión que intentaron en contra de Figueres. Se instalaron en Managua principalmente y trabajaron con muy buen éxito, algunos contrajeron matrimonio con damas nicaragüenses y se incorporaron a nuestra sociedad. Siempre hubo pues una relación fraterna entre los dos países, la que ha seguido siendo fraterna a pesar de algunos incidentes no deseados por nadie.
Desde los años cincuenta comenzó en Costa Rica una fructífera era de paz. Figueres disolvió el ejército, impulsó la educación y la salud públicas y le entregó el poder a don Otilio Ulate, quien había sido víctima del fraude electoral que provocó la revolución que encabezó el propio Figueres.
De aquellos tiempos al día de hoy Costa Rica ha vivido 65 años de paz y ha logrado crear una democracia sólida donde cada cuatro años se elige presidente de la república en una fiesta cívica envidiable.
Nicaragua por el contrario desde aquellos años estuvo dominada por el general Anastasio Somoza García, quien se lanzó de candidato en 1939 para no soltar el poder hasta 16 años más tarde cuando fue balaceado por Rigoberto López Pérez. Sus hijos tomaron el poder y entre los dos gobernaron 23 años más hasta que el pueblo con los “muchachos revolucionarios sandinistas” botaron al último Somoza.
El contraste ha sido más que evidente. Costa Rica ha vivido en paz y tranquilidad, nosotros en perpetua guerra, incertidumbre e intranquilidad. Muchos se preguntan cuál será la causa de semejante contraste entre dos países hermanos, fronterizos, protagonistas juntos de luchas heroicas por defender su soberanía. Algunos afirman que a Costa Rica llegaron en la colonia muchos holandeses y gentes del norte de Europa y que a Nicaragua vinieron mayormente españoles de pura cepa y muchos aventureros.
Yo pienso que la diferencia no es de razas sino de actitudes. El propio Figueres era español. La diferencia es educacional. Desde los años cincuenta se privilegió la educación en Costa Rica, se fortaleció el sistema docente, se construyeron escuelas usando para ello el presupuesto que antes se invertía en el Ejército. El resultado fue la formación de un pueblo educado, respetuoso, amante del diálogo, de la libertad y del progreso, de la paz y la convivencia.
Así, Costa Rica ha vivido años y años de democracia, disfrutando de la paz que produce la convivencia, eligiendo libremente a su presidente cada cuatro años y progresando en industrias, comercio y agro muchísimo más que Nicaragua. Un solo dato nos muestra la enorme diferencia en desarrollo económico entre los dos países. Las exportaciones de Costa Rica en el año 2014 fueron de 12 mil millones de dólares y las de Nicaragua apenas llegaron a 3 mil millones. Es decir que la economía costarricense es cuatro veces más grande que la de Nicaragua.
En otro orden de cosas debemos comentar otro hecho altamente contrastante entre los mandatarios de ambos países como es el culto a la personalidad. En las calles de Managua y otras ciudades hay enormes rótulos de propaganda con el retrato de don Daniel. El presidente tico acaba de prohibir que las oficinas públicas exhiban retratos suyos y que en las obras de progreso que haga el gobierno se escriba su nombre. El presidente afirma que las obras de progreso son hechas con los impuestos que paga el pueblo, no con dinero del presidente. Por lo tanto únicamente debe escribirse la fecha de su inauguración.
El autor es gerente de Radio Corporación y Excandidato a la presidencia de la República en 2011.
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