El pensamiento que se extiende a orillas del poder dictatorial, entre quienes dan brazadas tras algún puesto de mando, resulta vulgarmente irracional o, por lo menos, fuera de formulaciones lógicas.
En LA PRENSA del 20 de octubre, José Adán Aguerri, presidente del Cosep, publicó un artículo de opinión, que tituló “Toda violencia es mala”. En esta época de prevalencia del método científico como epistemología de la realidad, nadie hace ya afirmaciones de carácter absoluto, de tono falsamente bíblico. Ni siquiera en el ámbito de la fe. Simplemente, porque la abstracción metafísica total tropieza con contradicciones lógicas concretas.
La tesis imprudente de Aguerri, es que no existe una violencia buena y una mala, ni un diálogo bueno y uno malo. Él afirma que toda violencia es mala, y que todo diálogo es bueno. Y concluye, todos los conflictos deben resolverse por el diálogo y el consenso.
Las disputas serias, donde impera la ley, se resuelven en los tribunales, incluso por arbitrajes, más que mediante diálogo y consenso. Donde no impera la ley, impera la fuerza. Y la violencia institucionalizada, por desgracia, engendra violencia.
El diálogo con la injusticia social no es posible para un hombre digno. Mahatma Gandhi —que fue un agitador social— decía que perdonar y aceptar la injusticia social es cobardía. Y prefería a un rebelde violento que a un cobarde. En este mundo —continuaba Gandhi—, no se ha conseguido nunca nada que no se deba a la acción. La no cooperación al mal es un deber sagrado, tan obligado como la cooperación al bien. Cada hombre es el guardián de su libertad y su dignidad. La explotación es la esencia de la violencia.
“La violencia —escribe Aguerri— no tiene cabida, ni siquiera, por una causa justa. ¡Por más justas que sean las demandas! Por un lado, exigimos libertad de movilización, y por otro, exigimos beligerancia de la Policía Nacional y castigo para los responsables. Es correcto que los vándalos y delincuentes sean detenidos y puestos a la orden de los tribunales de justicia”.
Aguerri exige beligerancia de la Policía. Ve su accionar violento como correcto. ¿Es esta una violencia buena? Recordemos que para Aguerri toda violencia es mala. Probablemente Aguerri exija una violencia mala que imponga el orden. Pero, había dicho que la violencia no tiene cabida ni siquiera por una causa justa.
Hay causas, para Aguerri, justas, unidas a la violencia desde el poder, que le vienen bien; y otras que le repugnan. Pero, si un sistema arrebata derechos y conquistas sociales y políticas, y si el sistema reprime con el despido, la cárcel, la golpiza de fuerzas paramilitares, el secuestro y la tortura, a quienes exigen sus derechos por medios legales, infructuosamente, porque se carece de institucionalidad, ¿no sería cínico acusar de violentos a las víctimas, y no a tal sistema represivo?
“Hay sectores y personas, afirma Aguerri, que creen que solo con la violencia se puede reivindicar demandas sociales y políticas. Quieren llevarnos a la confrontación como medio para resolver conflictos. No creen en los beneficios de resolver los conflictos por medio del diálogo y el consenso”.
El absolutismo, en lugar de un sistema opresivo, ¿sería un conflicto que se resuelve por el diálogo? Entonces, lo que Aguerri llama vandalismo criminal, sería también un conflicto, que debería resolverse por el diálogo y el consenso. Pero, no es así. Para estos conflictos, Aguerri no cree en los beneficios del diálogo y exige la beligerancia violenta de la Policía. Para Aguerri, la opresión violenta es un conflicto bueno, y se debe dialogar, sin confrontaciones. En cambio, la lucha contra la opresión y la explotación se resuelve con la beligerancia violenta de la Policía.
“Son una generación —concluye, prejuiciadamente, Aguerri— que nació y vive en base a una cultura de guerra y violencia; ese es su único legado a la historia de nuestro país”. Esa generación perdida, seguramente, es la que valientemente expuso su vida para liberar Nicaragua del somocismo. Aguerri rechaza con repugnancia ese legado libertario de las relaciones humanas. Esa generación —piensa Aguerri— debió dialogar con Somoza para llegar a un consenso. ¡Y ahora, debe buscar un consenso con Ortega!
¡Esa claudicación moral es su legado! El autor es ingeniero eléctrico