Mezquindad
Pocos actos de tanta mezquindad se han visto como el que ocurrió esta semana. Es que conocemos de funcionarios que se roban el dinero público que debería de estar destinado a mejorar escuelas y hospitales, casos que nos revuelven el estómago, como aquel, cuando Byron Jerez desvió dinero que venía para los afectados del huracán Mitch y se construyó una lujosa casa de playa, pero que le quiten el bocado al hambriento por pura politiquería eso no lo había visto jamás. Hasta para la corrupción y el abuso hay límites. Es tan deleznable como que un malandrín le robe la limosna a un mendigo. Hace falta muy mala sangre para hacer algo así.
Perspectivas
Pongámonos desde la perspectiva del orteguismo para poder entender esto: no se puede usar el hambre de algunos sectores para hacer donaciones con intenciones políticas, dirían, por eso han decidido que todo el que quiera donar algo deberá entregarle sus productos al organismo estatal Sinapred para que lo haga llegar a los necesitados, a través de los muchachos de la Juventud Sandinista, en nombre del comandante Ortega y la compañera Rosario Murillo, recordándoles debidamente que deben votar en la casilla 2 para seguir teniendo esos beneficios “prosperados y en victoria”. ¿Así es?
La mala hora
¿Se acuerdan cuando todo les salía a pedir de boca a la llamada pareja presidencial? No sé si es que los astros se están desalineando, que la oración del puro ya no funciona o simplemente es el desgaste cíclico del poder, pero si se fijan bien, desde hace algunos meses no pegan una. El dinero venezolano está dejando de llegar, Maduro se hunde, el cuento del canal hasta ahora solo problemas les ha ocasionado y ningún rédito político o económico les ha dejado, quieren desbaratar protestas y actos de solidaridad como hacían antes y más bien se multiplican y toman la relevancia que no tenían, y de remate le estalla otro escándalo sexual al comandante. El Carmen necesita una limpia. O más árboles de la vida.
Tiro por la culata
Miren nomás como en el caso Julio Rocha les salió el tiro por la culata. Aparece Julio Rocha involucrado en un escándalo de corrupción de la FIFA y es detenido en Suiza. Estados Unidos pide su extradición. En Nicaragua se pone en marcha un plan de rescate que comienza con armarle un caso judicial acá para que luego la Cancillería solicite también su extradición. Rocha manifiesta su voluntad de ser juzgado en su país natal, y ya parece con un pie en Nicaragua cuando Suiza decide extraditarlo a Estados Unidos. Y por hacer un bonito, terminaron haciendo un feo, pues Rocha será juzgado en Estados Unidos y, si es condenado, luego que salga de la cárcel deberá responder por los cargos que también se le levantaron en Nicaragua y nadie le garantiza que para ese tiempo todavía estarán controlando el poder judicial los amigos que querían rescatarlo.
Bailes
Seamos claro: al comandante Ortega le ha tocado bailar con la bonita. Le cayeron más de tres mil millones de dólares del petróleo venezolano que manejó a su gusto y antojo, encontró años de buenos precios para nuestros productos, es socio de la pandilla bolivariana que lo acuerpaba en todo. Pero ese tiempo ya se está acabando. Ahora toca bailar con la fea. Y se me ocurre que lo que más le conviene al comandante Ortega sería dejarle ese baile a sus opositores porque ya no podrá seguir cargándole todo lo malo que venga a los “16 años de gobiernos neoliberales” ni al “imperialismo norteamericano”.
Blindado
El comandante Ortega parece caminar hacia sus horas más bajas. Y como cualquier régimen autoritario, al llegar a este punto tiene dos opciones para mantenerse: o abrirse y hacer concesiones a la otra parte de la población que pide cambios, o cerrarse y responder con represión a toda demanda de cambio. O zanahoria o garrote. En la primera gana tiempo pero a la postre tiene que entregar la silla, posiblemente por las buenas. La segunda es una bomba de tiempo: solo deja lugar al cambio por las malas. Y, lamentablemente, todo el manejo con el Ejército, la Policía y las leyes de seguridad parece indicar que el comandante Ortega se está blindando para sus horas bajas.