El sábado pasado les escribí sobre cómo nos habla el Señor de forma general. Ahora trataré de explicarles —en forma sumamente resumida— cómo lo hace en forma específica.
Dios nos ve a cada uno de nosotros como individuos únicos y tiene un plan particular para cada uno, porque la dirección general que Dios nos da no responde por sí sola a circunstancias específicas que cada uno encuentra en distintos momentos. Pero para comprender mejor las distintas maneras en que Dios nos guía, voy a ir ilustrándolas con mi propia experiencia y la de muchos otros que han ido reconociendo cada vez más la voluntad de Dios.
Todo cristiano que ha sido bautizado en el Espíritu Santo experimenta con relativa frecuencia un “sentir” de lo que Dios quiere para circunstancias concretas de su vida. Cuando digo “sentir” me estoy refiriendo a algo que es más que un simple sentimiento o emoción. Me refiero a un conocimiento intuitivo que viene de una sintonía con el Espíritu de Dios. El Espíritu Santo que estaba aletargado en nuestro interior desde el Sacramento del Bautismo, ahora mediante esa oración, ha sido liberado en nuestro interior y podemos percibir a menudo cómo nos conduce.
Generalmente el Señor nos habla mediante una palabra interior que podemos “oír” en alguna parte de nuestro espíritu. Es diferente de una moción o inspiración del Espíritu, porque es algo más que un “sentir” de lo que el Señor quiere: es un mensaje en palabras, aunque no sea audible a nuestros oídos.
Existe un peligro en este campo de las “inspiraciones del Espíritu” y el “oír al Señor”, y es que algunas veces podemos recibir inspiraciones y mensajes de otras fuentes además de Dios.
Si estamos comenzando nuestra vida cristiana; si apenas estamos dando los primeros pasos en cedernos a las mociones del Espíritu; si estamos bajo fuerte presión; o sufriendo infelicidad o cualquier tipo de carga emocional fuerte. Para todos estos casos en que nuestros propios deseos o presiones emocionales nos dificultan el discernir si el “sentir” o “mensaje” viene de Dios, existe una tercera forma por medio de la cual el Señor también nos da dirección, y esta es por medio de otros cristianos.
En la Biblia encontramos muchos pasajes en los que vemos que el Señor también nos guía por medio de señales (1ª Samuel 10:1-9; Isaías 7:10). Estas señales pueden ir desde una lectura de confirmación en la Biblia, o una visión, hasta un evento o circunstancia que se da y confirma algo por lo que hemos pedido guía al Señor.
Quiero advertirles sobre un peligro que existe en esto de las señales. Hay gente que lo hace como una salida fácil. En vez de volverse a Dios para que les enseñe o les hable directamente, ponen su confianza en las señales, hasta que estas se vuelven sustitutos del mismo Dios.
Otro problema es cuando el hombre trata de utilizar su sentido común y sus conocimientos sin tomar en cuenta a Dios. Entonces se vuelve un verdadero “necio” (1ª Cor 3:18-19).
Una de las cosas que siempre debemos pedir al Señor en nuestra oración personal es sabiduría para obrar siempre de acuerdo a su voluntad. Podemos y debemos adquirir conocimientos, pero nuestra mente y nuestro entendimiento deben estar siempre sometidos activamente al Señor; solo entonces podremos contar con su sabiduría para hacer las cosas de acuerdo a su plan.
Finalmente, toda guía debe estar en línea con la Palabra de Dios y la Iglesia.
EL AUTOR ES COORDINADOR DE la CIUDAD DE DIOS
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