Pijudito
Un cruel chiste nica cuenta que dos amigos naufragan mientras navegaban por el río. Uno de ellos a como puede logra ponerse a salvo en la orilla, busca a su compañero y ve con horror que un enorme lagarto lo lleva bien acomodado entre sus fauces. —¿Cómo estás?— le pregunta haciendo bocina con sus manos. —¡Pijudito!—, le contesta aquel, y todavía le levanta el pulgar antes de que el animal lo zambullera al fondo.
Encuestas
Ya no sé si soy yo o son ellos. Hablemos de las encuestas. Las más reciente de Cid Gallup, para tomarla de ejemplo. ¿Cómo está su situación financiera? Mal. Solo una de cada tres personas dijo que estaba mejor que el año pasado ¿Chikungunya? Ummm, fregado. Más de la mitad dijo haber tenido miembros enfermos en su familia. ¿Empleo? Para llorar. En casi la mitad de los hogares hay algún miembro sin empleo. ¿Robos? Ay mamita linda. En el 18 por ciento de los hogares a nivel nacional y 27 por ciento en Managua hay una o más víctimas. ¿Rumbo del país? Sonrisas. Más de la mitad dice que va “por el camino correcto”. ¿Daniel Ortega? Excelente. El 77 por ciento de los encuestados dice que “hace lo que es bueno para la población” y el 54 por ciento considera conveniente que se reelija una vez más. ¿Cómo estás? ¡Pijudito!, dice el que va en las tapas del lagarto.
Al revés
Pero qué otra cosa podemos esperar de los ciudadanos de un país donde las consultas públicas se realizan a puerta cerrada, donde tenemos los semáforos inteligentes más tontos del mundo, donde llueve más en verano que en invierno, donde un partido autoproclamado “somocista” es el más ardoroso aliado del partido sandinista y donde los policías operan disfrazados de delincuentes y los delincuentes se visten de policías para sus atracos.
La bolita, la bolita…
Ellos ven la construcción de un Canal Interoceánico marchando viento en popa, y yo lo que veo es el esfuerzo desesperado por mantener vivo, no sé con qué propósito, un proyecto que parece muerto, y solo dicen que hacen y gastan millones sin que se vea que hagan nada ni que se sepa de nicaragüenses que estén beneficiándose de esos millones que dicen gastar. Donde ellos ven a un inversionista, yo veo a una pandilla de timadores mostrando la bolita, ¡apuesten, apuesten, que aquí está la bolita, para que entreguemos todo y quedemos desvalijados creyendo que vamos a ganar fácil mucho dinero. Pero tal vez solo soy yo!
Diputación ganada
En mi columna pasada les decía que me cuesta entender, por ejemplo, como el diputado Edwin Castro da clases de Derecho Constitucional en la UCA, si es el mismo que se tiró sin bastimento la diputación de Brooklyn Rivera en una de las aberraciones anticonstitucionales más descaradas de los últimos tiempos. Castro es el mismo que sale sonriendo en la foto cuando él y sus camaradas acuchillan otra vez la ley para colocar “por sus pistolas” a una diputada sandinista en el puesto que usurparon a Rivera, y no a quien por ley le corresponde. Esa sonrisa sardónica es un decir “nosotros nos lo robamos a nosotros nos toca”.
Macho negro
Cómo puede alguien llegar así —con las manos ensangrentadas después de asesinar la ley— a dar cátedras sobre Derecho a una universidad. Es como si Macho Negro, el famoso torturador del somocismo, hubiese tenido alguna cátedra de Derechos Humanos en alguna universidad de la época. ¿Alguien le halla sentido a eso?
Valores
Yo nací en un pueblo sencillo y en una época donde la palabra dada era ley, donde un apretón de manos sellaba un trato, donde los vecinos eran liberales y conservadores pero igual eran compadres y amigos, donde en las escuelas se enseñaba honor además de matemáticas, donde ser ladrón era una vergüenza para el malandrín y toda su familia, donde mi derecho terminaba donde comenzaba el derecho del otro y donde los héroes eran las personas honestas, valientes y trabajadoras. No sé en qué momento empezaron a cambiar las cosas y ponerse todo al revés. Como calcetín. Como digo, ya no sé si soy yo o son ellos.
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