Querida Nicaragua: Fue el gran Winston Churchill quien dijo: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.”
Lo acaba de corroborar nuestra hermana república de Guatemala cuando, gracias a la independencia de los poderes del Estado, logró investigar y reunir las evidencias de un gigantesco fraude fiscal donde están involucrados desde el presidente de la República, hoy en prisión, don Otto Pérez Molina; la vicepresidenta Roxana Baldetti, también en prisión y una cantidad de secuaces que se coludieron para sustraer algunos millones de dólares del sistema fiscal de la República.
Tengo para mí que Guatemala, después de acusar y desaforar al propio presidente de la República, quedará libre de corrupciones al menos por un largo tiempo. El ejemplo que ha dado no solo servirá para Guatemala sino que para otros países latinoamericanos, donde mal que bien, se tenga algún respeto por la independencia de los poderes del Estado.
La corrupción parece ser una plaga que ha contagiado a casi todos los países latinoamericanos.
Comencemos por México, el bellísimo país del norte convertido por las mafias en un sitio totalmente inseguro y donde se piensa mucho antes de llevar nuevas inversiones. El señor presidente Enrique Peña Nieto está cuestionado en un grave asunto de tierras donde también se menciona a la primera dama de la República. En El Salvador se encuentra bajo prisión domiciliar el expresidente Francisco Flores acusado de soborno o algo así. En Honduras está cuestionado el presidente Juan Orlando Hernández supuestamente por haber utilizado en su campaña dineros procedentes del Seguro Social. En Nicaragua todos conocemos lo que ocurre. Son incontables las malversaciones, los sobornos, la ausencia de licitaciones, la falta de controles adecuados en los presupuestos de ciertas instituciones, la inoperancia de la Fiscalía, de la Policía, del poder judicial, etc.
En Panamá todavía anda huyendo de la justicia el expresidente Ricardo Martinelli. Venezuela es un caso en donde la injusticia anda a la orden del día, la dictadura de Maduro ha desaforado a la diputada María Corina Machado y destituido alcaldes para ponerlos en prisión. Al líder Leopoldo López lo tiene en prisión desde hace más de un año sin haber cometido delito alguno, simplemente acusado por el régimen.
En Ecuador otro dictador, Rafael Correa, sigue la misma tónica del llamado Socialismo del Siglo XXI y pretende reelegirse por tercera vez. Es furioso enemigo de la libertad de prensa desde que un familiar suyo fue vinculado con ciertos actos de corrupción.
En cuanto al célebre presidente Evo Morales, de Bolivia, podemos decir en buen nica “que se voló las trancas” al ordenar a sus diputados (igual que aquí), hacer un jueguito sucio en la Constitución para poder optar a una tercera reelección que lo llevaría a gobernar hasta el 2025. Aparentemente don Evo está volviendo a los tiempos del cacicazgo de antes de la Colonia.
El gigante brasileño no puede estar peor. Aquí como el país es enorme la corrupción es también enorme. El antes popularísimo líder obrero Lula da Silva anda buscando cómo reconquistar popularidad luego de instalar en la Presidencia a doña Dilma Rousseff, hoy con un bajísimo 8 por ciento de popularidad. Enorme el país y enorme la corrupción. Brilla Uruguay como un diamante en medio de tanta corruptela, igualmente Paraguay para terminar en la bella Argentina, digna de mejor causa y hoy en manos de la viuda de Kirchner en lucha para salir airosa de la vorágine corrupta en que se debate.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.