Querida Nicaragua: Tal parece que estuviéramos en un país rico, donde todos los habitantes gozamos de una posición económica envidiable y donde no existe conflicto alguno porque tenemos una Policía extraordinaria que es ejemplo para el mundo entero. Treinta y dos páginas a todo color en cada uno de los dos periódicos nos muestran la abundancia de dinero en que vivimos. Cada página a color tiene un costo de cinco mil dólares y se publicaron en total 64 páginas como una especie de publirreportajes en cada uno de los diarios mencionados. Es decir algo más de un cuarto de millón de dólares para publicitar el 36 aniversario de la Policía Nacional.
Según la publicación los logros de la Policía son enormes y se hace gala de que la seguridad que presta a la población es orgullo del país. Sobresale el mensaje del señor don Daniel dirigido a la Policía Nacional y que fue publicado en página entera de LA PRENSA. Curiosamente en el mismo hay enorme cantidad de nombres comunes escritos con mayúsculas, al parecer una innovación gramatical de quien redactó el mensaje y que nos hizo recordar el viejo cuento del soldado raso que con el periódico al revés decía “la guardia lee como quiere”, en este caso “la guardia escribe como quiere”.
Aparentemente la Policía es una institución perfectamente profesional, sin embargo tenemos a la vista la otra cara de la moneda. En la mente de los lectores queda el recuerdo de ciertos actos impublicables como el triple asesinato de El Carrizo, departamento de Madriz, en noviembre de 2011, donde miembros del partido de gobierno junto con soldados de la Policía, en estado de ebriedad dieron muerte al esposo y dos hijos de doña Irenea Mejía.
También tenemos que recordar la tortura y el manoseo por parte de los soldados a mujeres de partidos políticos contrarios en Nueva Guinea, los asesinatos en Ciudad Darío luego de las elecciones municipales de 2012, cuando el Consejo Supremo Electoral (CSE) le arrebató la Alcaldía a don Edgar Matamoros por órdenes superiores, dos días después los heridos en Matiguás al robarle la alcaldía al comandante de la Contra con seudónimo Mozote. Recordamos también la mochila-bomba de Pantasma, el ametrallamiento del autobús el 19 de julio de 2014 cuando la Policía allanó hogares a media noche sin orden judicial, la complicidad policial en el caso de Ocupa INSS que todavía no se resuelve pues no pueden acusarse ellos mismos.
Está fresco aún el triste suceso de Las Jagüitas, cuando guardias enmascarados dispararon a matar a toda una familia que venía de su iglesia y murieron dos niños menores y una jovencita de 20 años, hijos y hermana de doña Yelka Ramírez quien fue brutalmente golpeada por uno de los policías y quien todavía llora amargamente la ausencia de sus tiernos niños y de su hermana. También estamos viviendo la permanente tolerancia con las turbas que pretenden impedir las manifestaciones opositoras, las golpizas a diputados que protestan frente al CSE, la complicidad con el pistolero Samir Matamoros que disparó para amedrentar a los marchistas de los miércoles, etc.
Quisiéramos tener una Policía Nacional (PN) como la que se promociona en las mencionadas páginas de los suplementos periodísticos, una Policía profesional, apolítica, obediente a la Constitución del país y no a la voluntad de un solo hombre, una Policía defensora del pueblo, respetuosa de las leyes, una Policía sin cárceles de tortura como las del Chipote, en cuyos portones los familiares de los detenidos mueren de angustia indagando por sus deudos de cuyo destino nadie les informa.
Urge la profesionalización de la PN, la misma que venía forjándose durante los años de la democracia, en los períodos de doña Violeta, don Arnoldo y don Enrique. Los cuerpos policiales son altamente necesarios en una sociedad, son esenciales, vitales para guardar el orden y crear una nación verdaderamente segura.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.
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