Darío en Argentina

El 13 de agosto de 1893, a los veintiséis años de edad, llega Darío a Buenos Aires, para dar principio a una de las etapas más fecundas y definitorias de su vida literaria. La de Darío en Buenos Aires “fue la más larga parada que hizo en su vida errante (1893-1898), después de su primera salida en 1885...”

El 13 de agosto de 1893, a los veintiséis años de edad, llega Darío a Buenos Aires, para dar principio a una de las etapas más fecundas y definitorias de su vida literaria. La de Darío en Buenos Aires “fue la más larga parada que hizo en su vida errante (1893-1898), después de su primera salida en 1885…”

“Y heme aquí, por fin —escribe Darío en su Autobiografía—, en la ansiada ciudad de Buenos Aires, adonde tanto había soñado llegar desde mi permanencia en Chile”.

Como no habían relaciones comerciales entre Argentina y Colombia, el consulado de Colombia no le quita tiempo para sus quehaceres literarios, a los que se dedica de lleno. La noticia de su presencia en Buenos Aires circula en los estratos intelectuales. Su nombramiento como cónsul de Colombia se lo debió al presidente colombiano Rafael Núñez, benefactor y admirador del joven poeta nicaragüense.

Darío comienza a publicar sus semblanzas de los poetas parnasianos y simbolistas franceses. Cada semblanza es una campanada que suena a grata convocatoria para unos, y a escándalo para otros. En esas páginas quedan los testimonios de sus copiosas lecturas y de su capacidad crítica, y si su entusiasmo va a veces más allá de los merecimientos del sujeto, ese entusiasmo cumple la función fecundadora de la lluvia en el suelo de las almas jóvenes, que están ávidas de renovación.

Como La Nación no acostumbra publicar versos, Darío selecciona la Revista Nacional , que dirige Carlos Vega Belgrano para publicar, en un tono “enteramente nuevo en nuestro idioma”, el poema que sintetiza su credo literario, sus afanes de renovación lírica: “Era un aire suave…”

De este poema el propio Darío dirá lo siguiente: “Era un aire suave…, fue escrita en edad de ilusiones y de sueños y evocada en esta ciudad práctica y activa…” Y en su Historia de mis libros , Darío agrega: “En Era un aire suave…, que es un aire suave, sigo el precepto del Arte poético de Verlaine: De la músique avant toute chose”.

Pese a su juventud, Darío no era un desconocido en los ambientes literarios y periodísticos de la gran urbe. Para entonces, ya había publicado Epístolas y poemas – Primeras notas (1885), Abrojos (1887), Canto épico a las glorias de Chile (1887), Otoñales (Rimas) (1887), y, particularmente, Azul… , (1888), hasta entonces su obra más conocida y que él mismo había remitido a algunos amigos suyos en Buenos Aires.

Durante el lustro que vivió en Buenos Aires, Darío se incorporó activamente a la vida literaria de la ciudad; frecuenta El Ateneo, por entonces la más importante institución cultural de la ciudad; colabora en las más prestigiosas revistas literarias y en los principales diarios; dicta conferencias; edita la Revista de América, en compañía de su amigo el poeta boliviano Ricardo Jaimes Freyre.

Voy a referirme, únicamente a algunos de los aspectos más sobresalientes del discurrir vital y artístico de Rubén en la gran Cosmópolis. Estos fueron: a) Su relación con el diario La Nación; b) La publicación de la Revista de América ; c) Sus amistades literarias en Buenos Aires; y d) La importancia de las composiciones, escritos y libros que vieron la luz pública durante su permanencia en la capital argentina. La publicación de Los Raros (1896) y Prosas Profanas (1896-97), que circularon casi simultáneamente, son los dos aportes mayores de Rubén al movimiento Modernista.

La mayoría de las semblanzas de los artistas incluidos en Los Raros ya habían sido publicadas en La Nación. Rubén les da luego forma de libro para ampliar su difusión e impacto, desde luego que dar a conocer estos “raros”, cuya originalidad les hacía ser poetas o escritores fuera de lo común, le permitía enfatizar sobre sus propios principios estéticos sin necesidad de elaborar un manifiesto, como era la moda de entonces. Prosas Profanas es el libro modernista por excelencia de Rubén y señala la culminación de la primera etapa en el desarrollo de su obra literaria y también de su madurez poética.

Darío consideró a la Argentina como su segunda patria: “Sí, es verdad y afirmo aquí entre paisanos, mi segunda patria es la Argentina, es decir, mi patria espiritual”.

El autor es jurista y escritor.

Columna del día Argentina Nicaragua Rubén Darío archivo

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COMENTARIOS

  1. Julio
    Hace 11 años

    Magnífico artículo, como todos los que escribe don Carlos. Vale la pena coleccionarlos y utilizarlos en los centros de estudios (colegios y universidades)para que los estudiantes profundicen sus conocimientos sobre Rubén Darío. Los Raros es una de las obras maestras más encumbradas de la literatura. Felicito al Dr. Tünnermann Bernheim por sus vastos conocimientos sobre Darío y por darlos a conocer, en un medio de tanta difusión como La Prensa.

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