Río Coco
Ojo con los que está pasando en Río Coco. Ahí hay algo más que una disputa entre indígenas y colonos por las tierras. ¿Cómo es que los indígenas que se denominan “autodefensas” actúan en escuadrones militares y con armas de guerra, incluyendo fusiles AR15, muy usados por el narcotráfico, y que no pudieron haber quedado de los años 80 porque esos fusiles prácticamente eran inexistentes en esa guerra? ¿Quién los está apertrechando? ¿El Estado está cediendo su autoridad? Si no se arregla el asunto, con medidas no solo militares, vamos a estar pronto como otros países donde hay estados de hecho funcionando dentro de otros estados.
Motorizados
El Frente Sandinista tiene un grupo paramilitar al que se le llama “Los motorizados”. Esa es una verdad en la que, más o menos, todos estamos de acuerdo. Estos “motorizados” llegan armados y violentos a las protestas que se hacen contra el gobierno o contra cualquier cosa que interese a Daniel Ortega. A veces solo con intención de atemorizar y otras con la misión de reprimir. La Policía siempre los deja actuar con total impunidad. Cruzan sus líneas de seguridad, cometen delitos en las mismas narices de los policías y, en ocasiones, hasta se les ve dando órdenes. Eso es lo que todos sabíamos de ellos. Lo que sabemos de una semana para acá es que a la hora de un muerto, no solo matarán e irán a la vela, sino que le echarán el muerto a otro, como siempre, con total complicidad de todo el Estado.
Asesinados
Ojo también con las muertes cada vez más frecuentes de policías. Pareciera que los están cazando. Asesinados. Catorce en lo que va del año. Ni siquiera es que mueren en alguna refriega con delincuentes o grupos armados, sino que son ejecutados. O se trata de hechos aislados y es mucha la casualidad, o aquí está pasando algo que deberían explicarnos y tocar las alarmas antes de que se ponga peor. Y contrario a lo que dice Daniel Ortega, esos muertos sí duelen, son personas humildes que posiblemente entraron a la Policía para servir a Nicaragua y no a ningún gamonal que la quiera convertir en su ejército personal.
No a la violencia
Ni los opositores pueden alentar la vía armada como una solución a los problemas del país, ni el Estado puede seguir actuando como lo está haciendo: violando flagrantemente las leyes, irrespetando los derechos humanos y estableciendo dos categorías de ciudadanos según el bando político en que se les encasille. Daniel Ortega, sobre todo, debe de dejar de actuar como que si la función última del Estado es su propia permanencia en el poder. No. Su presencia en la administración del Estado debería ser circunstancial. El Ejército y la Policía lo van a trascender. Pero, al criminalizar el legítimo derecho de los ciudadanos a intentar relevarlo de su cargo, está condenando a este país, otra vez, a una salida violenta, porque no pueden atropellar los derechos de los ciudadanos atenidos a que no reaccionarán porque eso implicaría esa violencia que nadie quiere.
Crimen múltiple
El caso del Pistolero de Metrocentro es un crimen múltiple. Uno, el delincuente que dispara contra una multitud; dos, la Policía que falta a su deber; tres, el juez que violenta el proceso para evitar que la verdad se exponga; cuatro, y el peor de todos, el atentado a un organismo que se dedicaba a promover la paz, a sacar pandilleros del mundo de la violencia y que ahora se encuentra herido de muerte por los disparos y las palabras de, precisamente, un joven al que había rescatado y que luego “alguien” lo regresó al mundo del crimen y la violencia para que hiciera exactamente eso. ¡Cuánto daño!
La bala rueda
Y la bala sigue corriendo. Sigue corriendo en la incapacidad de la Policía de ni siquiera reconocer los cómplices del pistolero. ¿Cuándo capturarán al tipo que le ayudó a huir en la moto y del cual quedaron fotografías por si todavía quieren saber quién es? Seguirán corriendo en la caricatura de proceso judicial que se le sigue. ¿A cuánto creen ustedes que lo condenarán? ¿Lo juzgarán también por el otro rosario de delitos pendientes que mencionó la Policía? Siguen las balas corriendo en las afirmaciones justificadoras de Ortega, de que el tipo no disparó a matar, y sigue corriendo la bala en el ascenso del comisionado Juan Valle Valle, quien, vergonzozamente, ni vio ni oyó nada, cuando el gatillero casi que le dispara en la oreja.
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