Escribo este artículo en ocasión del día internacional del periodismo y en mi calidad de periodista, porque la mayor parte de mi vida he ejercido la profesión y aún lo sigo haciendo de cierto modo, publicando esta columna de opinión cada miércoles en el diario LA PRENSA, una empresa periodística con casi cien años de existencia.
Durante una sesión especial, la Asamblea Nacional conmemoró ayer el día internacional del periodismo y ello me motiva a hacer una reflexión honesta y desapasionada, a como me gusta escribir, de cómo marcha el periodismo en Nicaragua.
Encuentro cuatro parámetros objetivos para medir que tan sano está el periodismo en un determinado país que son: la libertad de prensa formal, o sea la existencia o ausencia de leyes o medidas coercitivas que ejerce el poder sobre el periodismo.
En segundo lugar, tenemos la existencia de medios independientes con la conciencia crítica para ejercer un periodismo con la determinación de tomar los riesgos que ello conlleva de acuerdo con las circunstancias del país.
En tercer lugar tenemos la voluntad que existe entre los periodistas de aprovechar esa libertad, o luchar por ella día a día, para ejercer un periodismo libre, que por definición debe ser crítico e investigativo, porque el periodismo es esencialmente la búsqueda de la verdad, buena o mala, le guste a quien le guste.
Y por último tenemos, el nivel de conciencia ciudadana y el valor cívico de ejercer su libertad de expresión, alimentando, con información fiable y con el respaldo de sus nombres verdaderos a los medios de comunicación para generar noticia, entendiendo como noticia, lo nuevo, lo trascendente y lo oportuno. Aquello que no es ni nuevo, ni trascendente ni oportuno, ciertamente no es noticia aunque salga con las ocho columnas o sea repetido por televisión muchas veces.
Aplicando esos cuatro parámetros, veremos si en Nicaragua en realidad tenemos algo que celebrar.
En el primer capítulo, diría que estamos relativamente bien, no solo con relación a otros países sino con nuestra propia historia. No existe censura previa, ni cierres de medios de comunicación, ni periodistas que son arrestados o asesinados por expresar libremente sus opiniones. Pero existe una veda oficial de anuncios e información a los medios de comunicación independientes, lo que gradualmente ha mermado las voces de los medios que están dispuestos a ejercer un periodismo crítico e independiente.
En el segundo parámetro tenemos que los medios independientes son cada vez menos, porque o han sido comprados por el poder, ya sea por su débil situación económica, o por la falta de voluntad para ejercer un periodismo independiente que ha resultado, tristemente, en la concentración de los medios en manos de una sola familia que también detenta el poder.
Son ya pocos los que quedan y algunos que otrora fueron independientes han sido transformados en medios que privilegian y proyectan todo el tiempo la crónica roja, aquella que sin sangre no es noticia, la tragedia, contradiciendo incluso la imagen oficial de que Nicaragua es un país seguro.
Hace poco volvió al aire en frecuencia AM Radio Corporación, cuya antena fue botada por un viento huracanado y sin el cierre de otros tiempos, quedó fuera del aire. Muy buena noticia para los restos que quedan del periodismo independiente y crítico que floreció en Nicaragua en los noventa con el advenimiento de la democracia, que hoy languidece.
El tercer parámetro: sin medios, o muy pocos medios independientes, los periodistas que tienen la voluntad de ejercer la profesión y no ser voceros del gobierno o de la nota roja, son cada vez menos y sus medios, menos masivos y efectivos. Lo hacen por medios portales noticiosos en el Internet, que no tiene mayor cobertura o impacto nacional.
El cuarto parámetro: la conciencia ciudadana, el ciudadano que desde el gobierno o desde la oposición está dispuesto a dar una información fidedigna, sin miedo y con su nombre. Como los medios de comunicación independientes, esta es una especie en extinción.
Muchos “se lucen” con opiniones atizadoras de la violencia, usando seudónimos y escondiendo sus verdaderas identidades. Muy pocos en realidad, dan una información real, trascendente y oportuna, respaldada por sus nombres, que es lo que constituye una noticia y no una opinión personal disparatada.
No diré más. Juzgue usted el estado del periodismo del siglo XXI en Nicaragua.
El autor es periodista, diputado y Presidente de la Comisión de Turismo en la Asamblea Nacional.
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