Nindirí-Ciudad

Asentado desde la prehistoria sobre una interpuesta llanura de origen aluvial, se manifiesta a la vista del viajero Nindirí, ingénito encanto de mujeres bonitas e idealizadas.

Asentado desde la prehistoria sobre una interpuesta llanura de origen aluvial, se manifiesta a la vista del viajero Nindirí, ingénito encanto de mujeres bonitas e idealizadas.

Mítico reducto de cultura y civilizaciones donde nació la leyenda, acaso ya olvidadas que inscribieron en el lienzo de un paisaje infinitamente azul con sus acciones de cambios humanos y naturales. Esta es mi tierra que amo intensamente y, por ende, hoy me lleva a evocar uno de los momentos más hermoso de su vida histórica acontecido el 23 de agosto de 1995.

En 1990 por esos avatares de la vida política accedí al puesto de concejal municipal, cargo que no era para tanto, pero que consideraba elemental y oportuno para realizar desde ahí uno de los tantos sueños que hacía tiempo alimentaba en mi espíritu en pro de mi Nindirí; pues soñaba que algún día debía llegar a ser una hermosa como interesante ciudad, con calles pavimentada, hospitales, centro de salud, bonitos parques, mercados, bibliotecas, casa de cultura, centros recreativos, muchos profesionales y artistas que fomentaran la cultura y el arte; una ciudad centro entre Managua y Masaya propia para el descanso y la recreación, cultivada de flores y de una verde arboleda donde discurrieran las ninfas enamoradas por floridas frondas, con la fragancia y verdor eterno de un paisaje tropical; una ciudad que abre una ventana al desarrollo y el progreso social de sus moradores. Etc, etc, etc.

En ese sentido introduje al Concejo Municipal la moción de elevar a Nindirí a la categoría de ciudad. Con nueve votos a favor y una abstención fue el feliz resultado de mi propuesta, se nombró una comisión para tal fin en la que se me designó coordinador de la misma, pero los trabajos prioritarios que debía hacerse en el municipio obligaron a mis compañeros de comisión a retirarse, quedándome yo solo con el trabajo realizar.

Mi primera visita fue a la señora presidenta de la República, Violeta B. de Chamorro, luego a dos buenos amigos diputados Luis Sánchez Sancho y Adolfo Jarquín Ortel, quienes decidieron apoyarme hasta llevar mi proyecto con su Exposición de Motivos a la Comisión de Pueblos de la Asamblea Nacional para su dictamen.

A partir de lo anterior, nos dedicamos a gestionar en dicha comisión lo que yo llamé: “Mi Proyecto de Nindirí-Ciudad”. Pasaba el tiempo pero dicho proyecto no caminaba por la efervescencia política que prevalecía por ese tiempo en la Asamblea Nacional, sin embargo por medio de amigos diputados como Azucena Ferrey, Domingo Sánchez “Chagüitillo”, Julio Marenco y otros que se me escapan, les hice llegar hasta su curul a los noventa diputados copia del proyecto y la carta de solicitud.

A los dos años la Comisión parlamentaria dictaminó el proyecto pasando luego a la Secretaría de la Asamblea para su discusión en el tiempo oportuno, no obstante que en la agenda política prevalecían temas como el de los famosos “cañonazos”, las pretensiones por cargos directivos y otras cosas que paralizaban mi gestión.

En los primeros días del mes de agosto de 1995, nos llamó el doctor Luis Humberto Guzmán, presidente de la Junta Directiva de la Asamblea, invitándonos a que asistiéramos al hemiciclo para que escucháramos la lectura del decreto oficial que designaba a Nindirí-Ciudad.

A las 11:10 de la mañana del 23 de agosto de 1995 escuchamos la lectura del decreto echa por el diputado Jaime Bonilla, secretario de la Junta Directiva.

Histórico decreto que se oficializó el 01 de septiembre del mismo año bajo la sombra sagrada del Templo Parroquial Santa Ana, con la asistencia de 72 diputados y de su eminencia cardenal Miguel Obando y Bravo e invitados especiales en una memorable sesión cuyo recuerdo aún reanima la emoción de mi espíritu y el eterno sentimiento de ver realizado uno de mis esfuerzo en pro de mi tierra.

Satisfecho hoy de haber trabajado, llevando siempre en el alma puesta mi confianza en el porvenir de las nuevas generaciones, reitero la visión de emprender imperecederas empresas de beneficio social y cultural que lleven a feliz término el surgimiento de virtudes locales que procuren la grandeza y felicidad de estas ciudades, enalteciéndolas y amándolas cada día mas.

¡Felicidades, Nindirí “Tierra de Encantos y Leyendas”! El autor es historiador.

Columna del día Nindirí archivo

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COMENTARIOS

  1. Hace 11 años

    Por favor estos pueblitos no son ciudades, son aldeas que algun dia seran ciudades. Mejor se les llama pueblos en un sentido general

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