Querida Nicaragua: Es fascinante toda la intriga tejida alrededor del proyecto del Canal de Panamá en los primeros años del siglo pasado y un poco antes, cuando el territorio panameño le pertenecía a Colombia. La empresa francesa al mando de De Lesseps fracasó en 1889, luego de un cúmulo de dificultades económicas y de sanidad que dejaron alrededor de 22,000 muertos, víctimas de fiebre tifoidea. Un ingeniero y político francés de apellido Bunau-Varilla era parte de la compañía de De Lesseps, y al fracasar este, se encargó de conseguir nuevos socios en los Estados Unidos (EE. UU.). Este Bunau-Varilla era con respecto al proyecto del canal, más o menos lo que hoy en día es en Nicaragua —guardando las distancias del caso— el señor Wang Jing.
El gobierno norteamericano adquirió todos los derechos de la Compañía de De Lesseps y arregló con Colombia los detalles del canal. Se hablaba de dos rutas: la de Nicaragua y la de Panamá. Los EE. UU. estaban decidiendo la ruta por uno u otro sitio. Y se dice que uno de los argumentos más poderosos que influyeron en la decisión final fue una estampilla de correos de Nicaragua, en la que se mostraba al volcán Momotombo con su permanente penacho de humo o de nubes inofensivas. En medio de tantas discusiones e intrigas, Bunau-Varilla y sus cabilderos lograron imponer la ruta panameña. Nicaragua apareció como un país peligroso lleno de volcanes que podrían producir movimientos sísmicos.
El Congreso norteamericano decidió la ruta por Panamá. A lo mejor tuvieron razón. A Nicaragua le esperaban dos terremotos, uno en 1931 y otro en 1972. Desconocemos el peligro que pueda tener para un Canal Interoceánico la presencia de tantos volcanes.
Hablando de canales, de volcanes y de inversiones en Nicaragua, los volcanes y sus movimientos parecen tener muy poca divulgación en el extranjero. Lo que sí parece tener mucha divulgación es el proyecto del Canal, a pesar de que no hay estudios financieros ni cálculos de lo que pueda costar la obra. Solo se dice al bolsazo que podría costar cuarenta o cincuenta y hasta sesenta mil millones de dólares. Me pregunto: ¿Quién podrá ser el loco que va a invertir en semejante proyecto sin tener un estudio ambiental y otro de factibilidad y varios estudios financieros, y sabiendo además cómo la población de Nicaragua se vuelca en contra del proyecto y cómo ha habido más de 45 manifestaciones cercanas a los sitios por donde supuestamente pasará la ruta del mentado Canal?
Por otra parte, invertir en Nicaragua donde parece haber un estado de sitio o ley marcial permanente, es un perfecto desatino. Aquí policías encapuchados les caen encima a unos ciudadanos y sin orden judicial se los llevan presos. Los retienen más tiempo del que la ley manda y encima uno de los prisioneros aparece ahorcado en su celda, una celda donde no se permite que los prisioneros tengan más que el traje de preso que les da la misma policía, y aparece con señales inequívocas de haber sido torturado. Aquí un empresario fuerte como Milton Arcia se encuentra en total desventaja luego que le destruyen el hotel que construía en Ometepe y le hunden un barco y porque acusa a los autores de todos estos abusos, es al mismo tiempo acusado por injurias y calumnias.
Pero como en nuestro país el corcho se hunde y el plomo flota, estamos viendo cómo se instalan en Nicaragua enormes empresas mejicanas, una productora de leche y la otra un matadero para comerciar carne de exportación. Igualmente vemos enormes instalaciones de supermercados con grandes inversiones extranjeras que aparentemente construyen sus edificios con todas las de ley y protegidos por las autoridades. Está bien que vengan inversionistas de afuera, eso aumenta el número de empleos en el país, pero está mal que al inversionista nacional se le trate como a Milton Arcia.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.
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