(Amplíe la infografía aquí)
El mercado laboral nicaragüense no es amigable con la mujer. El 60.5 por ciento de las que en 2012 estaban laborando, lo hacía en el subempleo; mientras que en los hombres solo el 35.4 por ciento estaban en esa precariedad.
[doap_box title=»Preocupadas» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]Ximena Ramírez González, presidenta del Congreso Permanente de Mujeres Empresarias, lo que más lamenta es que mientras las mujeres aportan más del cuarenta por ciento del Producto Interno Bruto y tienen un mejor nivel educativo, se castigue a este segmento de la población con empleos precarios.
Ramírez dijo que están sumamente preocupadas por las largas filas de mujeres en el Consulado de Costa Rica en busca de visa para emigrar ante el desempleo del país.
A esa situación se ha sumado los despidos de mujeres en las maquilas, todo esto afectando los hogares que son liderado por mujeres.[/doap_box]
Peor aún, según el estudio Dinámica de las Mujeres en el Mercado Laboral Nicaragüense presentado ayer por la Fundación Internacional para el Desarrollo Económico Global (Fideg), para que una mujer nicaragüense pueda ocupar un puesto laboral formal, requiere de más formación académica que un hombre.
“Las mujeres a pesar que tienen en promedio un nivel educativo mayor que el de los hombres, necesitan más educación para tener las mismas probabilidades que los varones para ingresar al estado favorable (es decir un empleo favorable)”, dijo Enrique Alaniz, director de investigaciones del Fideg.
Según datos de la Encuesta Continua de Hogares, del Instituto Nacional de Desarrollo de la Información (Inide), en el 2012 una mujer tenía en promedio 6.2 años de estudios y el hombre 5.9 años.
Fideg advierte que “hay indicios de que las mujeres no se están beneficiando totalmente del crecimiento económico de Nicaragua porque están significativamente subrepresentadas entre los trabajadores asalariados del sector formal”.
La ventaja, según Alaniz, es que las mujeres que logran insertarse al sector formal “son muy propensas a permanecer en ese estado favorable de un año a otro. El 79.7 por ciento que en un año estaban en el sector formal asalariado siguieron estándolo al año siguiente”, explica.
DISTORSIÓN DE MERCADO
La economista Alma Espino, coautora del estudio y coordinadora del Área de Género y Desarrollo del Centro Interdisciplinario sobre el Desarrollo del Uruguay, recordó que el desarrollo económico por sí mismo no garantiza la igualdad de género ni la reducción de la pobreza ni la mejora en el bienestar de hombres y mujeres, si esta no va acompañada de políticas públicas específicas.
Espino señala que las cifras que recoge el estudio deja al desnudo la compleja distorsión que existe en el mercado laboral, en detrimento de la mujer. Además lamenta que la asignación de roles que se le da al hombre o mujer en el hogar se exporte al mercado laboral. “Nos enfrentamos a mercados laborales que reproducen los esquemas y modelos femeninos y los masculinos. Hay segregación ocupacional, entiéndase la participación desproporcionada de mujeres en determinados tipos de actividades”, afirma.
Espino reconoce que esta distorsión laboral es casi generalizado en América Latina, e indicó que eso se debe erradicar desde la casa. “Ese mercado laboral que paga distinto a hombres y mujeres está reforzando aquella carga de roles, expectativa y aspiraciones que traíamos de la escuela, el barrio, la iglesia y la familia”.
“En casi todos nuestros países las mujeres son más educadas en término académico que los hombres, y sin embargo, eso no tiene la fuerza necesaria para tener una mejor remuneración ni para romper el techo de cristal que nos separa de los hombres. Esto tiene implicancia de justicia de género, de justicia social, pero también para los gobiernos que quieren combatir la pobreza, que quieren aumentar el bienestar, que quieren aumentar el crecimiento económico”, dice.
Espino alerta de que si las mujeres están invirtiendo años de estudio para mejorar sus ingresos y eso no ocurre, entonces se estará desperdiciando capital que se ha invertido.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 C