Razón crítica y sociedad

Se ha escrito y debatido mucho sobre la crisis contemporánea, referida principalmente al mundo occidental, aduciéndose para ello consideraciones económicas, políticas y sociales, lo que es correcto, pero se ha dejado un poco al margen una consideración, a mi juicio fundamental, como es la relación entre el pensamiento y la realidad, y el valor que el sistema dominante atribuye, o mejor, niega, al papel de la razón en la historia y, particularmente, a la función que le correspondería en el momento presente.

Se ha escrito y debatido mucho sobre la crisis contemporánea, referida principalmente al mundo occidental, aduciéndose para ello consideraciones económicas, políticas y sociales, lo que es correcto, pero se ha dejado un poco al margen una consideración, a mi juicio fundamental, como es la relación entre el pensamiento y la realidad, y el valor que el sistema dominante atribuye, o mejor, niega, al papel de la razón en la historia y, particularmente, a la función que le correspondería en el momento presente.

No obstante, una consideración integral y de fondo, desde diferentes perspectivas, viene realizándose en obras sumamente importantes como Mundo consumo, Vida líquida y Miedo líquido , de Zygmunt Bauman; Después de la crisis , de Alain Touraine; Occidente globalizado , de Gilles Litpovetski y Hervé Juvin , y más recientemente en el libro de Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI , que ha tenido un gran impacto a nivel mundial.

Se podría decir que entre los diferentes factores que han determinado las crisis en la historia, se encuentra la contradicción entre las ideas y la realidad. Entre idea y realidad se abre un vacío y luego una confrontación que es superada cuando surge la síntesis que permite prefigurar una nueva forma de organización social, política y económica, acorde con una nueva estructura de contenidos, valores, principios, objetivos y fines conceptualizados por la razón y el pensamiento.

En la crisis presente, el problema es mucho más profundo pues no se trata tanto de que el contenido de algunas de las ideas rectoras de la organización social, política y económica no coincidan con la práctica, sino que, en general, se ha cuestionado la función del pensamiento en la configuración de la estructura histórica, cultural o social y en la evaluación del desarrollo y comportamiento de la misma.

Lo que la globalización y el capitalismo corporativo transnacional y el sistema financiero especulativo mundial han tratado de abolir, es el pensamiento crítico en sí, y en consecuencia, su función de evaluación y análisis, pues la elevación del mercado al nivel de una deidad absoluta, no permite que sobre él, y todo el sistema, pueda actuar la razón crítica.

Es el monoteísmo del mercado, llamado así por Roger Garaudy, la idolatría del mercado, denominada en esa forma por Franz Hinkelammert, lo que determina el comportamiento estructural de la sociedad. Por lo tanto, la razón sólo puede actuar como un mecanismo más del sistema, a efectos de procurar su perfeccionamiento y, en consecuencia, la consolidación del mismo.

Es la teoría del fin de la historia, según la cual, la humanidad ha llegado a su realización plena con el capitalismo corporativo transnacional, en el que el mercado actúa como regulador de todas las instancias históricas, económicas, sociales y culturales. A partir de ahí, y sobre todo al inicio de los años noventa, se impulsa la transformación de los sistemas educativos a todos los niveles, procurando reducir, y en algunos casos suprimir, los estudios humanísticos, sociales, y filosóficos, bajo el pretexto de fortalecer los estudios técnicos y científicos, los que, evidentemente, deben con toda legitimidad fortalecerse, sin que esto implique, ni mucho menos, que para ello deban sacrificarse los estudios de las humanidades.

La razón y el pensamiento vienen así reducidos a meros instrumentos al servicio del sistema, mutilando su propia naturaleza, que es la función crítica con respecto a los valores, principios y conductas del mismo.

La crisis de nuestro tiempo es más profunda pues no se limita al cuestionamiento o abolición de aquellas ideas que están en conflicto con la realidad, sino que se dirige a suprimir el pensamiento crítico como ejercicio de la razón y la libertad del sujeto, para someterlo a una función mecánica, orientada al mejoramiento y justificación de los mecanismos de poder dominantes.

Es la sustitución de la teoría crítica, concepto creado por los filósofos de la Escuela de Frankfurt, principalmente por Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, contrapuesto a la razón instrumental, denominación que proviene también de la misma corriente de pensamiento, y que sería la idea y la práctica de la globalización y el neoliberalismo (sería mejor decir del neo conservatismo), que pretenden suprimir el pensamiento crítico y hacer de la razón un mero instrumento al servicio del sistema.

Este sistema del capitalismo mundial que ha generado la crisis de las categorías, conceptos e instituciones vigentes, ha entrado también él en crisis, cuyos signos se han evidenciado, sobre todo, a partir del año 2007. Esta crisis es una crisis de valores no solo financieros y económicos, sino sobre todo éticos, lo que exige con urgencia un replanteamiento integral de la situación. En este cuadro general los hechos por sí mismo se han erigido en razones y la realidad en moral. El facto es la moral, el derecho y la razón.

Thomas Piketty en su libro El capital en el siglo XXI , dice: “Lo que me interesa es contribuir, modestamente, a determinar los modos de organización social, las instituciones y las políticas públicas más apropiadas que permitan restaurar real y eficazmente una sociedad justa, todo ello en el marco de un Estado de derecho, cuyas reglas se conocen por adelantado y se aplican a todos, y que pueden ser democráticamente debatidas”.

El problema más complejo en este momento es el vacío y la incertidumbre. Primero, las ideas de la globalización y el mercado absoluto, destruyeron, o al menos provocaron un severo debilitamiento, de lo que podríamos llamar el contrato social planetario, construido, con todas sus imperfecciones, sobre las bases de constitución de la Organización de Naciones Unidas y del sistema de Derechos Humanos: libertad, justicia, derechos y garantías fundamentales de la persona, soberanía y autodeterminación, lo que establece que los derechos de las personas y los pueblos son la prioridad del sistema, una forma de reconstrucción moral y jurídica de la humanidad, para superar la barbarie producida principalmente por el nazismo en la Segunda Guerra Mundial.

Luego, el sistema del capitalismo corporativo transnacional, que se ha venido imponiendo en forma avasallante desde los años setenta del siglo XX, entra en este siglo XXI en una profunda crisis, evidenciada principalmente a partir del año 2007, en la que se encuentra actualmente, lo que le impide su injustificable pretensión de modelo de la sociedad contemporánea a partir del absolutismo de mercado, la desregulación total, y el imperio irrestricto del capitalismo financiero especulativo.

Estamos, pues, en un momento crucial para reivindicar valores y principios a partir, entre otras cosas, de la participación necesaria, activa y constructiva de la razón crítica. Este es un momento de recuperación del pensamiento como actor insustituible en la elaboración de la nueva síntesis y el nuevo contrato social planetario.

Uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo es el de recuperar la fuerza de las ideas e instaurar la razón crítica como elemento fundamental para impedir cualquier forma de totalitarismo sea este de Estado o de mercado, y para fortalecer la libertad de la persona y de la sociedad en un sistema democrático fundado en la institucionalidad y el Estado de Derecho.

El autor es jurista y filósofo nicaragüense.

Columna del día sociedad archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí