Josué Bravo
El debate sobre la migración fue nulo en la campaña electoral que llegó a su fin. El conflicto con Nicaragua se abordó desde la perspectiva de un eventual diálogo con Daniel Ortega y la crítica por lo que llaman invasión de Nicaragua a su territorio por el dragado del río San Juan.
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La comunidad nicaragüense en Costa Rica no es ajena al proceso electoral que designa al presidente de los próximos cuatro años de este país. Votantes o no se mantienen esperanzados en un cambio que permita crecimiento económico y más empleo, mejores relaciones con Nicaragua y flexibilidad migratoria a los inmigrantes, el tema ausente en la campaña.
La presidencia la disputaron Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC) y Johnny Araya, del gobernante Liberación Nacional (PLN), en una fría segunda ronda electoral marcada por el abstencionismo y la esperanza generalizada de un cambio con mejor economía, cero escándalos de corrupción y disminución de la pobreza.
Como lo hizo en primera ronda el pasado 2 de febrero, el joven nicaragüense naturalizado Douglas Angulo votó por Solís, cansado del “descalabro” del gobierno de Laura Chinchilla y con el deseo de que haya más empleo, sobre todo para los nicaragüenses que se volvió escaso.
“Ya no más gobierno de liberación (PLN), lo mejor es un cambio, que nos ayude a los nicaragüenses”, dijo Angulo.
Según el padrón electoral, 25,087 nicaragüenses naturalizados en este país estaban citados a votar, de un universo de 3.1 millones de electores.
Aunque no puede ejercer el sufragio, por no ser naturalizado, Aura Espinoza, desea un cambio para el país y que el futuro gobernante pueda promover políticas más afables a los nicaragüenses.
“Para nosotros cada vez cuesta más hallar trabajo, antes era más fácil trabajar de doméstica o en construcción para los hombres, pero ahora por los papeles y falta de oportunidades no se puede”, explicó.
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