San José/ AFP
Costa Rica va a elecciones generales mañana, bajo una polarización sin precedentes entre la derecha y la izquierda, con un caudal de indecisos del 30 por ciento. Ambos elementos hacen muy probable una segunda ronda el 6 de abril.
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Analistas opinan que la aceitada maquinaria del PLN podría pesar en la jornada de votación. Tampoco descartan que la polarización incline a buena parte de los indecisos hacia una opción de centro como Luis Guillermo Solís, quien en las últimas semanas creció significativamente en los sondeos.
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El exalcalde capitalino, Johnny Araya, del gobernante Partido Liberación Nacional (PLN, derecha), y el joven diputado José María Villalta, del Frente Amplio (FA, izquierda), libran una cerrada disputa en la que uno u otro aparecen arriba o en empate virtual, según la encuesta. Pisándoles los talones están el historiador Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC, centro) y el empresario Otto Guevara, del Movimiento Libertario (derecha).
En este país de 4.3 millones de habitantes, y reconocido por su arraigo democrático, la sensación de estos comicios fue el ascenso vertiginoso de la izquierda, al punto de amenazar a los partidos mayoritarios, sobre todo al PLN, que junto con el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC, conservador) dominó hasta hace poco la política por más de medio siglo.
RETO FISCAL
El nuevo presidente, que asumirá el 8 de mayo, tendrá que solventar el déficit fiscal, que cerró 2013 con un 5.4 por ciento del producto interno bruto (PIB), un seguro social en crisis —pilar del sistema democrático del país— y el retraso en proyectos de infraestructura.
El Ministerio de Hacienda ha alertado que el déficit se podría incrementar en 2014 a más del seis por ciento si no se lleva a cabo una reforma tributaria que garantice más ingresos y que establezca herramientas para mejorar la recaudación.
Guevara ha dicho que para solucionar el déficit apostará por eliminar trabas burocráticas, con el fin de atraer inversión extranjera y crear empresas, con lo que la economía crecerá, según él, a un ritmo del siete por ciento anual. Otra medida es ponerle fin al crecimiento del Estado para detener el gasto.
Araya manifestó que “se requiere un ajuste fiscal que debería al menos dar un dos por ciento del PIB, en conjunto con eficiencia tributaria y mejora del gasto”. Reconoció que no resolverá el problema, pero que el país “puede manejarse a nivel de déficit”.
Solís ha dicho que en su eventual gobierno los dos primeros años los dedicará a contener el gasto y recaudar (eficazmente), para así ganar credibilidad ante los ciudadanos y luego discutir una reforma para reducir el déficit en cuatro puntos durante su mandato.
Villalta aseguró que su objetivo es que los ricos “contribuyan solidariamente un poco más” y con ello elevar la carga tributaria del país del actual 13 por ciento al 18 por ciento, sumado a transparencia y eficiencia en la recaudación.
Expertos afirman que aquí está en juego la continuidad o cambio del modelo neoliberal aplicado durante los últimos 30 años por el PLN y el PUSC, que abrió la economía, pero deterioró los avances en Salud y Educación que destacaron al país.
“Se está jugando, por un lado, una revisión del modelo de gobernabilidad y, por otro lado, de las políticas públicas que tienen que ver con la generación de riquezas y equidad social”, expresó el analista político Jaime Ordóñez.
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