Por Amalia del Cid
Sin embargo, de acuerdo con estudios de la Universidad de Northumbria, Reino Unido, ellos tienen tendencias a ser más cómicos que las mujeres, debido, quizás, a un asunto hormonal que viene de la época de las cavernas.
Según investigaciones de la Universidad de Navarra, España, las mujeres emplean más áreas cerebrales ante un chiste e integran más lo emocional. En el caso de los hombres lo ilógico es suficiente para provocar la risa, mientras que ellas necesitan que la situación absurda también sea graciosa.
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La “broma” de Ortega. El 26 de mayo de 2010, el presidente Daniel Ortega debutó como humorista. Se le ocurrió solicitar a los empresarios nicaragüenses respaldo para “disolver la Asamblea Nacional e instaurar en el país un nuevo sistema de gobierno popular”, como el de los años ochenta. El comentario agitó el clima político y Jaime Morales Carazo, entonces vicepresidente, salió al paso, aclarando que todo había sido una “broma” de Ortega.
El escape del zoológico. En 1874 una broma sembró el caos en la ciudad de Nueva York. En la página principal del diario New York Herald se publicó que un león, un rinoceronte, una anaconda y una jirafa habían escapado del zoológico de Central Park, provocado la muerte de 49 personas y herido a más de 200. La gente que no llegó hasta el último párrafo, donde se explicaba que todo era ficción, empezó a sacar a sus hijos de la escuela y a atrincherarse en casa.
Extraterrestres. El sábado 12 de febrero de 1949 en la prestigiosa Radio Quito, en Ecuador, un locutor interrumpió una transmisión para informar sobre un supuesto objeto volador aparecido sobre las Islas Galápagos, y luego, que un platillo volador había descendido en las afueras de la ciudad. Los actores hablaban a través de un vaso para distorsionar su voz y se escuchaban supuestos mensajes provenientes de otras radios que avisaban que una nube de gas venenoso se acercaba. La transmisión no duró más de 20 minutos. Cuando la gente descubrió la verdad tiró piedras y ladrillos contra el edificio de El Comercio, donde funcionaba la radio. Luego un incendio empezó a consumir el edificio y la policía, al ver que se trataba de una burla, no intervino. Cinco personas murieron en el fuego yRadio Quito estuvo fuera del aire durante dos años.
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“Algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado”. Mario Moreno “Cantinflas”, actor y comediante mexicano.
“Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo”. Albert Einstein, físico alemán.
“Dicen que el hombre es un animal de costumbres, más bien de costumbre el hombre es un animal”. Quino, caricaturista argentino.
“Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna”. Groucho Marx, comediante estadounidense.
“No creo que haya vida inteligente en otros planetas. ¿Por qué habrían de ser los otros planetas diferentes de este?” Bob Monkhouse, comediante y actor inglés.
“La indicación más clara de que la vida inteligente existe en otro sitio del universo es que nunca ha intentado establecer contacto con nosotros”. Bill Watterson, caricaturista estadounidense.
“En el principio no había nada. Y Dios dijo: ‘¡Hágase la luz!’ Y siguió sin haber nada, pero podías verlo muchísimo mejor”. Ellen Degeneres, comediante estadounidense.
“Dejar de fumar es fácil. Yo lo he dejado como cien veces”. Mark Twain, escritor estadounidense.
“Le ha dado la vuelta a su vida. Antes era deprimido y triste. Ahora es triste y deprimido”. Harry Kalas, comentarista deportivo estadounidense.
“Errar es de humanos, pero echarle la culpa a los demás es más humano todavía”. Charles Chaplin, actor, humorista y escritor inglés.
“Lo que más te cansa de la vida no es cuánto cuestan las cosas… sino que todo tenga precio”. Maitena, caricaturista argentina.
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En el humor, el nica es una curiosa mezcla de viejo y nuevo mundo. Tiene un toque de Sancho Panza y algo de Macho Ratón. Es refranero, pone apodos, irreverente y hasta descarado. También podría decirse, como aseguraba el viajero periodista Pablo Antonio Cuadra, que es “el pueblo más mal hablado del mundo”.
“No es que hable mal, sino que jamás esquiva las asperezas y dice, sin eufemismos, las cosas por su nombre, manifestando más bien un goce en ‘mentar’ la mala-palabra y no en rehuirla”, explica Cuadra en su libro El nicaragüense .
Y no solo lo disfruta, también lo exagera. Al nica le encanta usar sufijos como “requete” y “azo”. “Requete bueno”, “requete feo”, “cachimbazo”, “vergazo”, señala la lingüista María Auxiliadora Rosales.
Esa tendencia a la exageración —dice Rosales— se expresa también en frases como: “Está más feo que ver morir a su madre” o “Ese maje es un ‘trompezón’ en ayunas”.
Otra característica del humor del nicaragüense es su irrespeto al poder. “Aquí ningún gobernante ha salido cuero”, afirma Manuel Guillén, caricaturista.
Según él, en un país castigado por “cualquier cantidad de estrafalarios dictadores” que han hecho de las suyas, el resultado natural tenía que ser una “agudeza tremenda” en los humoristas. “Los ticos, una realidad que conozco bien, no han tenido esa mala suerte, por lo tanto ese ingenio no se le ha aguzado tanto como a nosotros”, señala.
En la caricatura, expresión por excelencia del humor nicaragüense, nadie se ha escapado. Ni siquiera los Somoza. Ahí estaba Alberto Mora Olivares (AMO), para sugerir que en el cumpleaños del dictador Anastasio Somoza Debayle se le obsequiara lo único que le hacía falta: “Las ganas de dejar Tiscapa”, donde se encontraba la mansión presidencial.
En la actualidad, tenemos a Manuel Guillén y Pedro Molina, herederos de grandes humoristas, como AMO, Róger Sánchez, “Toño” López y Salomón “Chilo” Barahona.
En la caricatura moderna —dice Guillén—, hay influencia estadounidense; pero nunca falta el ingenio y la ironía del nicaragüense.
La política y la burla
El humor político es “un vehículo para criticar el poder y es universal”, considera Luis Enrique Calderón, comediante nicaragüense.
Sin embargo, asegura, si tuviera que elegir entre el humor puertorriqueño, el cubano o el “gringo”, se quedaría con la jocosidad y el doble sentido del nica, “aunque el acento del cubano sea más sabroso”.
Un referente en el humor político nicaragüense es el ingenioso Gonzalo Rivas Novoa (Ge Erre Ene). Como un Güegüense de los años cincuenta, en sus críticas se burlaba de Anastasio Somoza García.
Ni Rubén Darío se libró del ingenio de Ge Erre Ene. Escribió una parodia del libro Azul y la tituló: Morado . ¿Hay algo que pueda escapar de la burla del nicaragüense? “ ¡Nada!”, afirma Calderón.
Hubo humor incluso después del terremoto que en diciembre de 1972 destruyó Managua. En el marco sin puerta de una de las pocas estructuras que quedaron en pie, un rótulo decía: “Por favor no me boten la casa, que es lo único que tengo parado”. Esta es una escena que Otto de la Rocha, gran pícaro nicaragüense, recuerda en un reportaje publicado por la revista Magazine , en mayo de 2012.
Otro ejemplo es el Panchito Escombros, del cantautor Carlos Mejía Godoy. Cuenta la historia de “Pancho Cajina”, apodado “Escombros” por andar en las cuadrillas de demolición.
Se encontró un collar entre las ruinas y quería regalárselo a la “Pilucha Bonilla”, su mujer del Oriental. Y se puso muy contento cuando supo que del extranjero iban a venir “muchas toneladas de carne enlatada” para su país. ¡Pero qué va! Pasa que “siempre a la sardina se la come el tiburón y el que tiene más galillo ¡siempre traga más pinol!”
No nos engañemos. Los chistes del nicaragüense nunca son inocentes. “Detrás de la burla está la crítica”, afirma María Auxiliadora Rosales, lingüista.
“Es la mejor forma de transgredir la realidad. Es un escape para poder hacer una crítica. Una salida para expresar con lo que no está de acuerdo. Nos reímos de nuestros males, la política, los defectos, de las desgracias que nos pasan, de la muerte, del desempleo. De todo”, señala Rosales.
No obstante, esa tendencia a reírse de todo puede acabar siendo dañina. “No oculto el grave peligro de una inteligencia chispeante cuando libre de ciertos pesos y acumulaciones morales y culturales, se enamora de la leve chispita que produce el ingenio al roce con el humor y en nombre de esa chispita es capaz de burlarse de la verdadera llama y mantenerse en la superficialidad. ¿Hasta dónde los fracasos sociales y políticos del nicaragüense son el resultado de ‘pasarse de vivo’?”, se preguntaba Cuadra.
A la larga, hacer broma de todo nos puede afectar, coincide Guillén. De chiste en chiste se extienden los años de un dictador en el poder.
Los apodos
En Venezuela, al presidente Nicolás Maduro le llaman “Toripollo”. Y Hugo Chávez solía decir que Manuel Zelaya, mandatario hondureño derrocado, era el “Llanero Solitario”. En Nicaragua también ponemos apodos. La diferencia es que con mucha más frecuencia, considera Rosales.
Está tan arraigada la cultura del apodo, que “Chamuca”, el mote que Guillén le puso a la primera dama Rosario Murillo, ya se adoptó como adjetivo en el habla popular del nica. Gracias a eso, hay alegres colores “achamucados” y estrafalarios comportamientos “chamucos”.
“Me atrevería a decir que es el apodo más popular en Nicaragua”, manifiesta la lingüista.
Otro apodo famoso es “Pedro Carretón”, el sobrenombre que Pedro Solórzano se ganó cuando inventó las carreras de carretones en el “Ben- Hur” de Managua. También están los clásicos “Gordomán”, “Tamalón” y “Rotoldo”, alias que Arnoldo Alemán obtuvo durante sus gestiones como alcalde de la capital y presidente del país. Y, por supuesto, “Piñatín” y “El Bachi”, los motes de Daniel Ortega Saavedra, actual presidente- inconstitucional-de Nicaragua.
A Gustavo Porras, secretario General del Frente Nacional de los Trabajadores (FNT), se le conoce como “Cerdito Feliz” y a Edwin Castro, diputado oficialista, como “Alf”, menciona Luis Enrique Calderón.
Hay una cierta resistencia del nicaragüense a usar los nombres de pila. Cuando no llama a los demás por el apodo, abusa de algo que los lingüistas llaman “hipocorístico”, que consiste en “reducir” o abreviar un nombre. Por ejemplo, llamar “Pepita” a las Josefa, o “Quincho” a los Joaquín. ¿Se acuerda del pequeño “Quincho Barrilete” de Carlos Mejía Godoy?
Ah, pero cuando desea ofender, convierte fácilmente un “Pepita” en un “Chepona” y un “Chilito”, de Auxiliadora, en un “Chilote”.
También hay tendencia a gesticular mucho. Muchísimo. “Y eso sí es cultural”, afirma Rosales. Muchas veces cuando un nicaragüense peca de mal hablado o “se pasa de honesto” en un pleito, después cuenta: “¡Le dije cuatro!” Y acompaña la frase con un gesto de la mano. Según la lingüista, “eso no lo ves en todas las culturas”.
Nuestro humor es a veces cruel. “Hay calificativos muy jayanes, como decirle ‘hombre araña’ a alguien que tiene polio”, reconoce Calderón. Sin embargo —subraya— no llega a ser tan negro como el humor español.
El nica también sabe burlarse de sí mismo y “dedica su crítica más áspera a su pueblo y a su país”, porque en el criterio de cada nicaragüense el “yo” es inteligente; pero el “nosotros” es estúpido, analiza Pablo Antonio Cuadra en su libro.
Por eso, apunta, para un mexicano: “Como México no hay dos”. Para un costarricense su país es modelo. Pero, para un nica, en conjunto somos: “un pueblo estúpido porque se ha dejado encajar tal o cual gobernante o tal o cual régimen”.
“El nica siempre va a ser crítico, nunca va a ver lo positivo del país. Va a decir ‘este país es una mierda y nunca vamos a salir adelante’”, comenta Rosales.
A juicio de la lingüista, en la sátira de nuestro pueblo hay una constante presencia del machismo, desde la música hasta las bromas. No obstante, dice, hay que reconocer una cosa: no tenemos chistes xenofobóficos. “A diferencia de los ticos, que siempre están haciendo chistes ridiculizando al nica”.
Expresiones
Payasos, comediantes, humoristas, escritores y artistas expresan de alguna forma el sentido del humor del nicaragüense. No siempre es igual. El Güegüense se ha modernizado y a veces tiene influencias de otros países; pero no deja de ser el Güegüense.
Tenemos el doble sentido pícaro de la Palomita Caliente, de Otto de la Rocha; las coplas burlescas de Carlos Mejía Godoy; el Tren de las Seis, de Jesús “Chuno” Blandón; los cuentos de Pancho Madrigal y Lencho Catarrán; los vídeos de International News Network (INN); la caricatura política y la música tradicional.
Léase nomás la primera estrofa de El Nandaimeño , de Camilo Zapata, padre del son nica: “Carajo, Juancho con el cutachón que le dio el patrón se ve más fiera de lo que antes era, pero le pasó que su morena se le fue conmigo y tengo ese enemigo, pero es que yo tengo más grande el cutachón. Mi morena lo aseguró, que al manejarlo yo lo hago mejor”.
Por otro lado, en la web están cobrando popularidad los videoblogs, como el de los muchachos de Hideki Visión, que no tienen “pelos en la lengua” cuando parodian a Rosario Murillo o a la primera comisionada Aminta Granera, directora de la Policía Nacional.
El humor del nicaragüense es definitivamente muy particular, afirma el caricaturista Manuel Guillén. No es que sea mejor que el de Costa Rica, el de Estados Unidos o el de cualquier otro país, aclara, pero es nuestro.
“¿De dónde viene el humor nica? Revisando la literatura ves que en la obra de Don Quijote de la Mancha están presentes todos estos elementos del humor. Los ves también en el Güegüense. Ha sido una herencia cultural, una mezcla de lo que hemos recibido”. lingüista y creadora del Atlas Lingüístico de Nicaragua.
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