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Engañado como chino
Dicen que la frase de “engañado como chino” nació en la Europa medieval, después que Marco Polo regresó de sus viajes a China y presumía de haber hecho trueques ventajosos con los nativos de aquellos lugares, cambiando objetos de poco valor por mercadería valiosísima en Europa. La historia demostró que los chinos estaban lejos de ser los tontos que pintó el mercader veneciano, y que tampoco era cierto que les dio vuelta, como él decía. Sin embargo, quedó para la historia la frase, definitivamente racista, de “me engañaron como chino” para graficar cuando alguien es estafado con una mentira descarada.
Guinness Records
Para que en este año que viene comience la construcción del canal, y para que en el 2019 ya estén los grandes buques cruzando por Nicaragua, tal como pronosticó el chino Wang Jing, como que muy poco o nada está pasando en Nicaragua. Si la idea del canal fuese cierta, ya estaríamos viendo a ejércitos de chinos asentándose en Nicaragua y una febril actividad en la ruta canalera. Pero, salvo unos cuatro chinos que vagabundean, más en plan turístico que ingenieril, aquí no está pasando nada y tengo la leve sospecha que nunca veremos el tal canal y que todo es una gigantesca pantomima. No sé, un chiste. Talvez alguien intentando registrar en el libro de los Guinness Records la estafa más grande del mundo. Una estafa certificada donde conste que a más de seis millones de nicaragüenses, y perdónenme la expresión racialmente peyorativa, nos engañaron como chinos.
Mega… refinados
En el 2007, Daniel Ortega y el ahora difunto Hugo Chávez pusieron la primera piedra de lo que sería una megarrefinería que bautizaron como “El supremo sueño de Bolívar”. Estaría lista para ¡2012! Como se habrán percatado, ya vamos para el 2014 y no hay ninguna megarrefinería funcionando en Nicaragua. Si se llegan por el terreno donde se levantaría, verán a algunas vacas perezosamente pastando y aquella solitaria primera piedra que sigue ahí, sola e inútil, recordándonos que nos engañaron como tontos.
Cuentos chinos
La Real Academia Española define “cuento chino” como “embuste”. Esta frase también nació para la época de Marco Polo. Los viajeros que empezaron a circular por donde había pasado el mercader italiano en India, China y Japón regresaban contando historias fantásticas de monstruos marinos, riquezas incalculables y extrañas especies de plantas y animales. Algunas, aunque en aquel tiempo parecían inverosímiles, resultaron ciertas, tal como se comprobaría después, pero la mayoría en realidad era pura imaginación para darle más mérito a la odisea, y tener un público embelesado oyéndolas.
De mentira en mentira
A los nicaragüenses, sin embargo, 800 años después parece que nos gustan los cuentos chinos, en el sentido peyorativo ese con que se acuñó la frase: mentira disfrazada de artificios, disimulada, ingeniosa y empaquetada en una historia fantástica o de dudosa veracidad. Aquí hemos celebrado el anuncio de la compra de un satélite, la construcción de la central hidroeléctrica en Apawas que llaman “Proyecto Tumarín”, y un puerto de aguas profundas en Monkey Point, por mencionar a algunos. Y ahí vamos, de cuento en cuento, sin que ninguno pase del anuncio y los amagos, como sucede ahora mismo con el canal que no conocerán nuestros nietos.
Justicia
Llegado a este punto, hay que dejar claro que ni los chinos son fáciles de engañar, como dice el dicho, y tampoco eran chinos los autores de los cuentos fantásticos. Ni cuentistas ni tontos. Al contrario, los chinos han demostrado ser un pueblo de una inteligencia excepcional, laboriosos y emprendedores como ninguno, aunque se les haya estigmatizado con esas frases que no les hacen justicia.
Adivinanza
No es este señor Wang Jing, con todos sus dislates, quien representa a ese noble y milenario pueblo. Al contrario, todo hace indicar que este chino en particular solo es la máscara de alguien que conocemos bien, que no diré su nombre, pero daré algunas pistas a ver si adivinan: vive en El Carmen, pasó en los últimos 30 años de no tener nada a ser uno de los capitales más grandes de Nicaragua y, por si todavía no dan, acaba de aprobar unas reformas constitucionales que prácticamente convierten al país en su propia finca. ¿Ya? Ese mero.
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