Galletas D’ Oro: El sabor de Holanda
Lucía Navas
Una taza de café caliente acompañada de unas galletas recién hechas para desayunar. Beber una taza de té y comer unas galletitas durante una plática con las amigas. Incluir en la lonchera de los niños un paquete de galletas para que las disfruten en el receso escolar. No hay hora, lugar o situación específica para degustar una rica galleta, solo hay que desearlo.
Corstiaan van Aalsburg, un ciudadano holandés que reside en Nicaragua desde hace diez años, tuvo junto a un colega la idea de tener un negocio de galletas, pero no cualquiera. La idea fue preparar y vender galletas tradicionales de Holanda en el mercado nicaragüense.
“Durante mis viajes de Holanda hacia Nicaragua siempre traje galletas, a veces para la recaudación de fondos para una buena causa, y vimos que tuvo muy buena aceptación”, recuerda Corstiaan.
Esa experiencia dio la pauta de lo que podía construir con la repostería que ha comido desde niño. “Un buen negocio nace de una oportunidad de mercado”, dice este holandés, quien junto a su socio John Lindhont supo que las galletas stroopwafels o galletas de waffle de sirope con 200 años de tradición en Holanda podían conquistar el paladar del nicaragüense y por qué no, en un futuro cercano el del resto de centroamericanos.
Así empezó la aventura de la empresa Jocopro SA. Pero con el nombre stroopwafels el producto en Nicaragua no iba a “pegar”, así que idearon una marca que fuese comercial pero con la esencia de lo que querían que sintieran los que las coman: “Compartir momentos especiales”.
Una estrategia de mercadeo es realizar degustaciones en eventos en vivo donde haya alto tráfico de personas, como ferias y eventos universitarios. Para ello tienen un vehículo que usan para entregar los pedidos, pero que está equipado para poder preparar las galletas fuera del local de la empresa.
“Queremos retar de alguna manera la forma de cómo manejar una empresa. Queremos que el equipo considere su trabajo como una manera digna de sostenerse, de crecer en el negocio, de tal manera que alguien que ahorita está horneando mañana sea jefe de producción. Eso está en los genes de la empresa”, afirma Corstiaan van Aalsburg.
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Galletas d’Oro es la marca de la galleta que acompaña el eslogan “de tradición holandesa”. El nombre se basa en que no es del todo una repostería o un dulce, y se mezcla con la forma redonda y el dorado. “Es un juego de palabras”, dice Corstiaan.
SU PROPIA HISTORIA
La historia de la galleta holandesa data de 1784, cuando la inventó un panadero en la ciudad de Gouda, de los sobrantes de las migajas y especias de otras reposterías que rellenó con jarabe de caramelo. Nació para los pobres y finalmente se convirtió en el más popular acompañamiento del té o del café en Holanda y así la reconocen en el mundo.
Entre las diferencias de Galletas d’Oro es que no se preparan en el horno, sino con una prensa. Para conservar esa característica los emprendedores de Jocopro SA trajeron los equipos desde Holanda, han cumplido con todos los requisitos de registro del producto y la marca. En la preparación y empaque de las galletas hay un minucioso cumplimiento del proceso de salubridad.
La receta original se ha ido adaptando pero es a base de masa y sirope, y por supuesto mezclando el toque nica.
El empresario dice que se distingue por el tipo de galleta, al no ser del segmento de las empacadas llenas de conservantes ni tampoco de ser mera repostería.
“Nuestra galleta tiene una vida en anaquel de un mes, pero entre más fresca es mejor. No es horneada, sino prensada. En un minuto se hacen cuatro galletas y eso amerita un arte y cuidado, y se debe hornear a los dos lados”, precisa.
Esencial es que debe estar caliente para hacer “el corte redondo perfecto para luego aplicar el sirope”.
“Emprender a todos nos cuesta”, reconoce Corstiaan. El éxito de Galletas d’Oro se basa en el personal y en su constancia de querer triunfar.
Junto a su esposa Claudia Corrales, hicieron las pruebas de elaboración y comercialización. Pero como el trabajo que tiene Corstiaan en un organismo internacional le absorbe tiempo, “al poco tiempo tuvimos que echar mano de los familiares de mi esposa” para seguir impulsando la empresa, actualmente son seis personas trabajando.
Entre lo más complicado al inicio fue encontrar los ingredientes adecuados para elaborar las galletas y los “proveedores confiables y formales”, dice el empresario.
Los primeros clientes fueron familiares y amigos. Ahora hay tiendas y cafeterías de renombre en Managua y Granada, y negocian con la cadena de supermercados La Colonia para que comercialice las galletas.
SABER CRECER
“De los mayores retos de las pequeñas y medianas empresas es ser constante en calidad y cumplimiento de los contratos”, enfatiza Corstiaan. Por ello, su esposa Claudia se dedica tiempo completo a la gerencia de Jocopro SA y dejó otro negocio de bisutería que igual había emprendido.
El capital inicial fueron seis mil dólares que pusieron los socios. Constancia, tener el asesoramiento adecuado para cumplir el proceso de registro sanitario, obtener los códigos de barra y sobre todo que el diseñador de empaques “entendiera y aconsejara” cómo la presentación fuese diferente y cumpliera los estándares para entrar en el mercado nacional, son la receta del éxito del que poco a poco gana Galletas d’Oro.
La mezcla adicional es el apoyo del programa de Emprendimientos Dinámicos del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), sobre todo en consolidar el modelo de negocios, de proyección financiera y diseñar estrategias de mercadeo.
Se ambiciona en alto. El próximo mes en el foro de Redes de Inversionistas Ángeles, Galletas d’Oro se presentará como un proyecto rentable para ser capitalizado.
Las metas son claras. “Proveer de momentos felices en toda Nicaragua”, entrar en la economía de escala para vender las galletas, por ejemplo en las pulperías, diversificar la oferta ofreciendo otras galletas típicas de Holanda, y expandirse al mercado centroamericano.
Para Corstiaan en la receta de Galletas d’Oro lo esencial “es ayudar a otros emprendedores”, y para ello quieren promover las microfranquicias.
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