Entre las memorias de los álgidos inviernos
del vértice abierto de mis piernas
nunca hubo oscuridad completa ni un lamento.
En los veranos siempre me alumbraba el olor a luz
y muy de vez en cuando hubo brasas de carne amanecida
pubis descontrolados entrechocándose como de madera
hasta se escuchaban encendidos cánticos de guerra.
Recuerdo que en altamar todo fuego era faro
torrentes de luz en medio de la terquedad marítima.
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