Jeniffer Castillo Bermúdez
II y última Entrega
En la trocha de seis kilómetros que recorre el profesor Eliazar Sánchez los grupos delincuenciales han asesinado a muchas personas. Pero él no piensa en ese peligro porque después de cuatro horas de camino a pie hay 36 estudiantes que lo esperan cada día para aprender a leer y escribir.
En estos días de lluvia la trocha que lleva hacia Lukuparaska, en el montañoso municipio de Mulukukú, se convirtió en un fangoso camino donde solo los mosquitos y la maleza acompañan a Eliazar en toda su travesía.
Es domingo y el profesor despertó temprano, pero a diferencia de su rutina, hoy no caminará hacia su escuela.
Desde la sala de observación del Hospital Carlos Fonseca, el único en Mulukukú, solo puede recordar que hace pocos días casi pierde la vida, pues unos delincuentes lo apuñalaron y le robaron sus pertenencias cuando se dirigía a la escuela Rafaela Herrera Número Tres.
Una de las puñaladas le perforó el apéndice y tuvo que ser intervenido de inmediato. “Un milímetro más y le perforan el riñón derecho”, cuenta Marcia Sánchez, hermana de Eliazar.
En las dos horas que el profesor estuvo en el quirófano, los maestros de las comunidades rurales recordaban que “por ese peligro es que hay muchos maestros que abandonan las escuelas”.
Una de las que habla es Esmilda Cano Dávila, directora del Núcleo Educativo Rural Las Américas, que está conformado por diez escuelas.
La docente recuerda que solo en el 2012, tres maestros abandonaron sus aulas por miedo a perder la vida en esos caminos llenos de barro y maleza.
En el campo, la deserción no solo afecta a los estudiantes, sino que los maestros “después de tantas cosas que uno pasa en esos caminos”, también deciden abandonar la escuela, dice la profesora Lilliam Obando.
El profesor Eliazar ya tiene nueve meses a cargo de la escuela Rafaela Herrera Número Tres y espera terminar el año escolar para que sus estudiantes avancen en la primaria.
“El profesor que estaba el año pasado en ese colegio se fue por el mismo peligro que hay en todo ese camino. Los profesores, que van a las escuelas de las comunidades tienen que salir de sus casas los domingos porque son más de cuatro horas las que tienen que caminar. Durante la semana se mantienen en las comunidades y los viernes se regresan a sus casas”, relata la directora Esmilda.
En el Núcleo Educativo Rural Las Américas —que es asistido por el Instituto para el Desarrollo y la Democracia (Ipade)— hay 23 maestros, 12 de ellos tienen que atravesar caminos peligrosos para llegar a su aula de clases. Estos maestros —afirma Esmilda—, arriesgan su vida por educar y ganar menos de cinco mil córdobas al mes.
Son las 2:30 p.m. del domingo y la profesora Lilliam Obando tiene que salir de la casa de su mamá, situada en la comunidad La Ceiba, para ir a la escuela José Santos Zelaya, en El Guamalote.
Allá la esperan 32 alumnos de primero y segundo grado, por eso “aunque piense en dejar de dar clases no lo hago porque yo digo que además de mi niña —una bebé de 10 meses— tengo otros 32 hijos (sus estudiantes) y por ellos voy. Pero no crea, muchas veces cuando voy con mi hija bajo ese sol pienso en dejarlo todo”, asegura.
ABANDONO MAGISTERIAL “AHUYENTA” A ESTUDIANTES
Mayra Ojeda, de 19 años, vive en la comunidad Sarawás y a su edad apenas está en sexto grado de primaria.
Ella dice que aunque “hemos luchado para levantar la escuela que está bastante mala”, la había abandonado porque “los maestros nos dejaban a medio año, por eso pasé cinco años sin venir a la escuela”.
Hasta el año pasado, el colegio de Sarawás estuvo cerrado porque los maestros duraban apenas seis meses, pues para llegar a esa escuela tenían que levantarse a las 3:00 de la madrugada y caminar durante dos horas y media una peligrosa trocha donde el profesor Larry Valdez ha sido sorprendido por serpientes barba amarilla.
Por hoy, mientras el profesor Eliazar se recupera de las puñaladas y la cirugía de apéndice, los maestros Larry y Lilliam empiezan su jornada académica, el reloj ya marca las 8:00 de la mañana, hora de inicio de clases en las escuelas del campo.
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