Judith Flores/Miami
Luis Alberto García es conocido como “el rey del concreto” tras convertirse en el mayor constructor de roca sólida en el sur de la Florida. El éxito del empresario nicaragüense le ha permitido extender sus tentáculos hasta Haití, donde actualmente posee dos plantas de producción de concreto que contribuyen a la reconstrucción de esa nación devastada por un terremoto en el 2010.
García, un hombre entusiasta de mediana edad, originario del barrio El Calvario, en Chinandega, inició su negocio muy joven, a los 20 años de edad, cuatro años después que llegó a Estados Unidos. Hoy es propietario de Adonel, la compañía más grande de producción de concreto, posee once plantas en las localidades de Sweetwater, Homestead, Ft. Laudardale, West Palm Beach, Port St. Lucie y Haití.
Con 29 años en el mercado de la construcción, García ha sido merecedor de innumerables premios y reconocimientos convirtiéndole durante ocho ocasiones en empresario del año en el sur de la Florida. Recientemente el concejo municipal de Sweetwater, bautizó las intersecciones de las calles 14 y 25 con la avenida 110 del noroeste, con el nombre de Adonel Way, “en reconocimiento al compromiso que Adonel Concrete, tiene desde hace tiempo con el crecimiento y la prosperidad de la ciudad”, dice parte de la resolución del concejo municipal.
García atribuye gran parte de su éxito a la actitud de arriesgarse y trabajar en lo que se propone.
SUS INICIOS
Tuvo tres empleos antes de incursionar en el trabajo del concreto. Empezó desde “abajo”, como operador de una bomba de concreto, ganando un salario de 4.50 dólares por hora, hasta alcanzar los 7 dólares. En su tiempo libre vendía zapatos por catálogos, luego camisas de marcas conocidas, posteriormente compró carros deportivos en mal estado que reparaba y revendía, y por las noches iba a clases hasta que logró graduarse en administración de empresas en el Miami Dade College.
Luis Alberto García escuchó en las noticias sobre la oportunidad de sobreponerse a la recesión en Estados Unidos, estaba frente a sus ojos: su empresa tenía la experiencia, capacidad, equipos y el recurso humano para vender sus servicios, entonces no la pensó dos veces, viajó a Haití para luego contratar personal en ese país, en Nicaragua y llevar parte de su personal a Estados Unidos para trabajar en la reconstrucción.
Actualmente tiene como meta abrir una planta de concreto en Haití. Sería la tercera de su compañía.
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- Adonel emplea a 60 personas en Haití y 220 en el Sur de la Florida.
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“Para hacer negocios no necesitas ser inteligente, lo que se necesita es relaciones para mostrar el producto, si les gusta te lo van a comprar. Cuando vendes algo tiene que gustarte lo que estas vendiendo, yo vendía lo que me gustaba”, afirma.
Pero el tiempo pasaba, García estaba insatisfecho por el lento avance de su economía en aquellos días. “Estaba frustrado porque estaba trabajando duro, estudiando de noche y no era suficiente para seguir creciendo económicamente”, recuerda.
Así fue que en 1984 evaluó lo que tenía a su favor para independizarse: “Estaba en el negocio del concreto, aprendí el negocio, hice buenas relaciones, tenía un pequeño ahorro de siete mil dólares, compré un camión y me arriesgué. En aquel momento no tenía nada que perder. Desde el primer día me fue bien porque siempre he fomentado las buenas relaciones, los clientes me llamaban y sabía que lo que tenía que hacer era comprar más equipos de trabajo”, rememora.
Él operaba el camión con el que inició el negocio. Treinta días después contrató el primer empleado; un año más tarde tenía seis trabajadores, “todo lo que ganaba era para invertirlo, todos los meses crecía comprando nuevas máquinas y equipo”.
Recuerda que ganaba muy bien pero no se compraba nada para él, no se daba lujos. “Todo lo invertía, muchos cometen el error que cuando empiezan a ganar compran casas y carros de lujo, viajes; decidí no hacer eso, estaba ganando mucha plata pero vivía como pobre, mi lujo era ver mi negocio crecer, es una maravilla la satisfacción que se siente cuando ves los frutos de tu esfuerzo”, expresa.
Cinco años más tarde tenía la compañía más grande de renta de camiones y bombas de concreto, con 20 camiones e igual número de trabajadores.
Luego se lanzó a un nuevo desafío: crear una segunda empresa para emparejar pisos de concreto. García dice que eso le dio más dinero que las bombas de concreto, “me propuse ser el más grande en ese servicio, la empresa tenía 70 empleados”.
Luego incursionó en el negocio de la producción de concreto sin tener plantas para ese fin. “El cliente compraba el concreto, entonces pensé en poner mi primera planta, pero hacía falta demasiada plata porque hay que comprar la tierra, el equipo y no tenía el dinero. Me fui a hablar con el gerente de la planta que había en ese entonces, le pedí que me vendiera el concreto más barato para poder revenderlo, yo tenía el camión, chofer y ponía el combustible, así logré vender a mis clientes todos los servicios, tenía tres negocios en una sola compañía, eso fue una explosión, la idea era que con una sola llamada mis clientes podían tener todos los servicios sin tener que buscar a otros”, comparte.
El arduo trabajo y el ahorro le permitió llegar a su próxima meta: comprar la primera planta. La abrió en la ciudad de Sweetwater y un año después compró una segunda planta a su competencia.
SOBREVIVIÓ A LA RECESIÓN

Llegó el tiempo de las vacas flacas. El 2009 fue el año más duro para su empresa, afectado por la recesión en Estados Unidos. Las plantas de producción y muchos camiones estaban parqueados por falta de trabajo. “Me ayudó que siempre crecí con capital propio, tenía deudas mínimas, la mayor preocupación que tenía era el supernumerario de empleados, no estaba produciendo para pagarles por lo que tomé algunas medidas en consenso con mis empleados para sobrevivir, muchos se quedaron trabajando menos horas y ganando menos, mientras pasaba la recesión”.
El consejo de este exitoso empresario es ser perseverante y trabajar para alcanzar los sueños. Él logró el suyo.
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