Josué Bravo
Corresponsal/Costa Rica
Dos de los ocho detenidos esta mañana por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), como sospechosos de asesinar a un ambientalista en el Caribe del país, son nicaragüenses, confirmó el director de la entidad, Francisco Segura.
Los nicaragüenses detenidos son de apellidos Cas López y Arauz Martínez; quienes junto a seis costarricenses son sospechosos de asesinar la noche del 30 de mayo anterior a Jairo Mora, en una playa de Moín, Provincia de Limón.
Mora fue asfixiado luego de ser secuestrado, mientras patrullaba la playa de noche junto a cuatro a voluntarias extranjeras, para evitar el saqueo de huevos de tortugas baula y otras en peligro de extinción.
De 26 años, Mora trabajaba para el Centro de Rescate Animal Paradero Eco Tour y se desempeñaba como investigador para Widecast, específicamente en el proyecto de conservación en Moín, Limón.
Su cuerpo presentaba golpes en el cuerpo y la cara. Falleció asfixiado cuando los sospechosos pusieron su cara sobre la arena.
Su crimen ha tenido mucho eco mediático dentro y fuera de Costa Rica por la presión de grupos ambientalistas para su esclarecimiento.
Durante ocho allanamientos realizados hoy por el OIJ, en varios puntos del Caribe del país, incluido un barrio de Limón llamado La Managüita, los agentes decomisaron evidencias como celulares, escopetas hechizas y ropa camuflaje.
De acuerdo con Segura, los sospechosos integran una banda señalada de cometer asaltos y una violación en Limón. El día del crimen su pretensión era asaltar el vehículo donde viajaba el ambientalista con las voluntarias.
Para ello colocaron un árbol caído en la vía y cuando Mora se bajó, lo secuestraron. De inmediato reconocieron que era el joven ambientalista “metiche” que los había denunciado a la policía por la incumplimiento de un acuerdo para la obtención de huevos de tortuga.
Lo llevaron a una casa donde lo mataron.
Según el OIJ, la organización ambientalista había pactado con los sospechosos la compra de huevos con fines de conservación.
Por ello pagaban a 10 personas un salario mensual de 300 dólares. Al no poder la organización seguir pagando el dinero, volvieron hacer otro acuerdo, el cual consistía en que el primero que encontrara los huevos era de su propiedad.
Los “roba huevos”, como fue nombrada la banda de sospechosos, se armaron de mejor logística que los ambientalistas y obtenían casi todos los huevos de la playa, lo cual generó la molestia de Mora y la denunció con la policía.
Esto motivó el enojo de los sospechosos, quien al reconocer al Mora el día del asalto, lo golpearon y asfixiaron.