
Amalia Morales
Cuando se dejen de pagar los 2.50 córdobas en el bus (a partir de agosto, probablemente), cuando se acabe la pelea con el busero por los cinco reales de vuelto que no dio, o que en el mejor de los casos entregó a regañadientes sin voltear a ver al pasajero, entonces vendrán nuevos problemas, dice Rafael Padilla, conductor de la ruta 103 y 118. Y no precisamente para ellos, los conductores, sino para los usuarios (más de 850,000 en la capital) dice al comienzo de la plática y en seguida pone varios ejemplos para argumentar su afirmación.
12 por ciento de la producción total del día han previsto pagar algunas cooperativas a los buseros a partir del uso de las tarjetas electrónicas en agosto.
100 córdobas es el viático de alimentación que pagan los dueños de buses a los buseros. En algunos casos como la Colón dan un adicional de 50 córdobas como viático de transporte.
100 córdobas a veces, o entre 80 y 70 córdobas oscila la cantidad de dinero faltante al final del día en los buses. Ese faltante se le resta del pago a los buseros.
11 de agosto es la fecha prevista para comenzar el ensayo de córdobas y tarjetas electrónicas en los buses de la capital.
[/doap_box][doap_box title=»Primero será un pago mixto» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
[/doap_box][doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
- “Mejor. Me quito un peso de encima, andar dinero ajeno es problema… Si agarro dinero aquí me lo cobran. Con las barras hay un control de las personas que suben y que bajan, así es que lo que no agarran me lo cobran”.
- Eliécer Téllez, conductor de buses de la ruta 120 consultado sobre el nuevo pago electrónico.
[/doap_box]
“A mí hoy (lunes) se me subieron como 20 pasajeros que solo pagaron dos pesos y los dejé subir, y como seis que me dieron enrollados 2.25 y los dejé pasar, esa gente no sé cómo va a hacer porque a Mpeso le tienen que pagar los 2.50”, dice Padilla.
“Hay gente que solo te paga 1.50”, dice otro chofer de otra cooperativa, Eliécer Téllez, conductor de la ruta 120 de la Cooperativa Colón.
Casi calcadas son las respuestas de otros conductores de las rutas 114, 111 y 101, que añaden nuevos detalles de los vicios, según ellos, de los usuarios.
“No sé cómo van a hacer para recargar una tarjeta de 20, 30 pesos, si a veces no tienen ni los 2.50”, dice Téllez, busero desde hace 27 años.
“Dicen que en Costa Rica implementaron ese sistema y no duró ni 15 días”, dice equivocadamente otro conductor.
En Costa Rica solo dos empresas de transporte implementan el cobro electrónico como un proyecto piloto.
Sin embargo, las autoridades del vecino país están tratando de hallar una fórmula para estandarizar todo el sistema de transporte de ese país, explican periodistas costarricenses consultados.
SUBE CHINEADO, BAJA CAMINANDO
En la terminal de la ruta 101 en el Mayoreo cada siete u ocho minutos se parquea un bus. El busero abandona el bus con una bolsa en mano en la que lleva pesos y monedas, y se los entrega a una especie de cajero.
Todo el dinero va a una caja única de la cooperativa. La cantidad de dinero se coteja luego con el analista de las barras, el dispositivo electrónico que se ha instalado en la mayoría de buses en los últimos cinco años, que lo vuelve a contar y al número de pasajeros que según las barras subió al bus. Si hay un faltante entre el dinero entregado por el busero y lo que reflejan las barras, se lo cobran al chofer.
Diario hay faltante. A veces son 50 pesos. A veces 100 pesos. Y eso se lo descuentan a los buseros, según explican media docena de choferes consultados.
Parte de ese faltante que arroja el sistema de barras, los conductores se lo achacan al usuario tramposo, que suben con niños chineados, de manera que la barra cuenta un pasajero, pero al salir, la barra cuenta a dos porque el niño “baja caminando”.
Ese dinero faltante también podría explicarse porque los buseros agarran monedas para comprar bolsas de agua o comida a lo largo del recorrido.
Guillermo Castellón, conductor de bus en la ruta 114, dice que las monedas que se agarran se pagan. “Lo que uno se come sale de su bolsa”, dice Castellón quien prefiere no hablar de “fugas” porque dice que no es el tema.
Aunque los buseros dicen de entrada que no saben mucho del nuevo sistema de pago, que nadie les ha explicado cómo va a funcionar, algunos son reacios y cuando se les pregunta dan la vuelta, no quieren hablar. Otros sí lo hacen y dicen también de entrada que ellos no van a ser afectados, que su paga la van a recibir igual, que no es cierto, como dicen muchos usuarios, que tienen amantes en cada parada a la que les van soltando. “Ni que fuéramos los únicos hombres”, dice más serio que sonriente Castellón, quien insiste que su pago —el 12 por ciento de lo que el bus produce diario— no será afectado.Lo que sí cambiará es la forma de pago. En lugar de diario, sus cuatro o cinco vueltas se las van a pagar semanal y quincenal. Eso todavía no está claro.
Marlon González, presidente de la cooperativa de la ruta 101 —25 buses— cree que el sistema va a traer ventajas para los conductores. “Se va a acabar ese sofoque de dar un vuelto y estar pendiente de manejar, se va a ganar ese tiempo, va a tener más desahogo porque la gente solo va a pasar su tarjeta”, señala González.
Ahora, dicen los buseros, ya no habrá pleitos por el vuelto, pero sí van a tener problemas cuando no dejen subir al que solo trae dos pesos, “porque ya no vamos a agarrar dinero, y no lo podemos dejar pasar porque te lo marca la barra”, dice Walter Munguía quien maneja la ruta 111.
Munguía dice que son muchos los que ahora suben sin pagar. “Los cieguitos, que se suben a cantar o a pedir, no pagan”, dice Munguía. Tampoco pagan, según los buseros, algunos viejitos y policías. “¿Qué va a pasar con toda esa gente? A mí se me sube un ciego malcriado que trata a los pasajeros y nunca paga”, dice Padilla delante de sus colegas.
Pero en la lista de los que a veces no pagan hay policías y adultos mayores. “A mí se me sube una viejita en el Dimitrov, que no camina muy bien, y se tarda como 10 minutos para subir y otros 10 para bajar, y nunca paga. ¿Ahora esa gente, cómo va a hacer?”, pregunta Munguía, quien sabe que hay dos caminos: o no dejar subir a la abuela del Dimitrov o asumirla como un faltante en su cuenta.
Ver en la versión impresa las páginas: 4 A
