Marta Leonor González
Al ritmo del Solar de Monimbó Mara se mueve, agita su falda y se pasea por el salón donde el resto de sus compañeras se agitan y zapatean. La marimba y las guitarras se armonizan en un solo tono y todo se transforma en una fiesta folclórica de gestos, tradición y amor por las danzas populares.
Mara Barillas López dice encontrar en el folclor “una razón de alegría”. Barillas hace unos años padeció cáncer y relata que en el baile encontró una esperanza, una razón más para vivir. También agrega que cuando llegó al grupo venía desmotivada, pero al pasar el tiempo encontró amigos y en el folclor un aliado para enfrentar la vida.
También enfatiza que no todo ha sido fiesta y baile, “en el grupo hemos vivido alegrías y tristezas, eso nos ha unido además de las danzas”.
Además de los talleres a niños y jóvenes para bailar ritmos latinos, pop, break dance, reguetón y folclor, los miércoles y viernes. Información en los números telefónicos 2277-1716 o 8887-3884.
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LA CREACIÓN
El grupo de danza Raíces al que pertenece Barillas fue creado por la maestra Irene López en 1998, quien ha dedicado 48 años de su vida a la enseñanza y a la promoción del folclor nacional.
La folclorista dice que el grupo nació pensando en aquellos que llegan a la edad madura y que nunca tuvieron la oportunidad de aprender folclor.
“Por muchas razones la gente quiso aprender el folclor, pero no se les dio, ahora pueden hacerlo además como una terapia, como una distracción, alejar los problemas por un rato mientras de baila”, dice.
Explica que el grupo está abierto para todas aquellas personas que deseen aprender los pasos básicos de las danzas, los movimientos del abanico y la falda, el zapateado con el ritmo que cada quien le imprima pero respetando los movimientos básicos.
Víctor Martínez, tiene 54 años, su padre le inculcó el amor por el folclor. Aunque baila desde niño, pertenece al grupo y dice reconocer y admirar el trabajo que López ha realizado y cómo ha llevado a estos alumnos mayores a presentaciones en el Teatro Nacional Rubén Darío y a La Casa de los Mejía Godoy.
DANZA-TERAPIA
“Aprender folclor y bailar sus danzas es como tocar en lo profundo a Nicaragua, es acercarme más a ella, conocerla más”, dice Urzula, de origen sueco, con varios años viviendo en el país e integrada a Raíces.
Urzula sonríe cuando baila, levanta la cabeza y se deja galantear por Víctor cuando danzan al son de la marimba.
Además de la enseñanza y del conocimiento que López le proporciona a sus alumnas mayores y les explica sobre la existencia de más de 350 piezas folclóricas, la danza les sirve como el primer impulso de comunicar, de expresarse y liberarse con el lenguaje del cuerpo.
Auxiliadora Morales perdió a su hija en una accidente de tránsito y ella quedó en estado de coma. En el proceso de recuperación se integró a Raíces y relata que fue como volver a la vida.
“Bailar me sirvió como ejercicio para mi salud, para liberar tensiones, la danza es muy mágica, y te puede curar”, dice a sus 71 años.


