Ethelvina Sánchez Ortega
Adriana Salazar está cansada y no es de menos. Este “finde” quiso inyectarle a su agenda una nueva propuesta fuera de lo común.
Armó su mochila en la que incluyó un par de guantes y se fue a ayudar a construir viviendas en el barrio Sol de Libertad en Managua.
Esto como parte de la brigada de construcción que en ocasión del Día Internacional de los Voluntarios, organizó el “finde” pasado Hábitat para la Humanidad Nicaragua.
Se trata de una organización internacional sin fines de lucro que se encarga de construir viviendas a personas de escasos recursos económicos alrededor del mundo.
Ya sea en el frío de Canadá o en el calor de los desiertos asiáticos, los voluntarios de Hábitat están presentes en la construcción de sueños en las vidas de familias que por diversos motivos no han tenido acceso a una vivienda digna.
“Me siento dichosa de estar aquí porque estoy construyendo una casa para alguien”, comenta Adriana mientras observa a sus compañeros rellenar con mezcla los bloques que faltan.
Adriana vino a construir con Andrea, su hermana gemela, y con su mamá quien la pasó genial en el terreno en que se construye la casa de Doña Rosario, habitante del barrio.
Ella, junto a su esposo y sus dos niños pequeños vivían antes en este mismo terreno en una pequeña casa que apenas los cubría de los intensos rayos del sol.
Sin embargo, un rayo de esperanza se posó sobre ellos. Doña Rosario junto a otras familias del barrio Sol de Libertad fueron beneficiadas por Hábitat cuya misión es tratar de eliminar la pobreza y la falta de vivienda en todo el mundo.
¡Ojo! Y esto lo intentan lograr haciendo de la vivienda digna un asunto de conciencia y de acción.
Y de este última Chung Lum Lee se ha hecho amigo. Esta es la tercera ocasión que vive la experiencia de albañil y afirma sentirse feliz cuando el sol se duerme por las tardes y él se da cuenta que ha hecho realidad el sueño de una familia.
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