“Soy una eterna aprendiz de la pintura. Soy experimental y lo que aprendo cada día me hace feliz. No creo ser mejor que otra persona, porque respeto el trabajo de mis colegas”.

María Reneé Pérez

Con 16 años dedicada a este arte, María Reneé se considera una eterna aprendiz de la pintura. A través de sus líneas fluidas y fuertes pinceladas, ella permite ver un mundo lleno de simbolismos en el cual la mujer y la naturaleza son sus temas recurrentes

Por Auxiliadora Rosales.

Fotos de Uriel Molina.

A los siete años, María Reneé Pérez descubrió que su atracción por el arte era toda una pasión. Dejaba de corretear con sus amiguitas  a la hora del recreo en el Colegio Madre del Divino Pastor de Diriamba para observar a una de las religiosas que dibujaba y pintaba. La niña quedaba absorta ante el ritual de trazos y colores que luego repetiría. Ese sería su primer encuentro con el oficio al que llega tardíamente, pero con pasos firmes y seguros y que sorprende por su variedad de estilos y técnica.

“La verdad es que llegué tarde a la pintura. Fue hasta que terminé de criar a mis seis hijos que me dediqué a pintar. Llevaba a mis hijos a mis clases de pintura y mi profesor Javier Sánchez tuvo paciencia y me indujo a la pintura. Para mí, criar a mis hijos fue un placer y todos ellos fueron buenos hijos. Me dediqué por completo a ellos y  nunca quise dejarlos en mano de nadie y  lo disfruté mucho. En mi casa no existieron  ni  choferes, ni niñeras. Todo lo relacionado con mis hijos lo  hacía yo”, expresa con mucho orgullo.

ARTISTA EXPERIMENTAL

Con 16 años dedicada a este arte, María Reneé afirma que es “una eterna aprendiz de la pintura. Soy experimental y lo que  aprendo cada día me hace feliz. No creo ser mejor que otra persona, porque respeto el trabajo de mis colegas, y porque disfruto lo que hago”.  
No importa si es acrílico, óleo, acuarela, trabajos sobre acetato, sobre tela o papel, todo se mezcla en la amalgama de creaciones de obras abstractas que María Reneé presenta. A través de líneas fluidas y fuertes  pinceladas, ella permite ver un mundo lleno de simbolismos en el cual la mujer y la naturaleza  son sus temas recurrentes.

“No me repito en mis trabajos. Mis propuestas son diversas. Esa es mi manera de ser, es mi carácter. A mí me gusta experimentar, por eso ahora  estoy en el grabado. También he  incursionado en la escultura, como he pintado al óleo. De igual manera, puedo cambiar mis colores. Me gusta moverme dentro del campo del arte y aprender. Si no aprendo algo nuevo, no me siento realizada, yo quiero seguir aprendiendo siempre  y cada día más”.

No cabe duda de que esta artista, como otras importantes  pintoras nicaragüenses, se ha  arriesgado a pesar de la crítica de los eruditos y han demostrado con sus lienzos que también derrochan talento.
María Reneé es de las que desean incursionar cada vez más en el arte, por eso desde hace tres años estudia en Granada el arte del grabado.
“El grabado me gusta porque es un trabajo rápido y no hay uno igual al otro. Si se observa una por una todas son diferentes, porque de la misma plancha no sale nada igual. En estos tres años de estudio he experimentado cuatro técnicas de grabado. Más adelante quiero grabar en madera”.

TIEMPO DE PINTAR

La artista asegura que el oficio de pintar la ha llevado a ser una mejor persona y a ver la vida desde otra perspectiva. “Las mujeres somos delicadas, muy sensibles y vemos las cosas diferentes con esa sensibilidad que nos caracteriza, poniendo nuestros sentimientos  en cada trabajo, porque hay una gran sensibilidad dentro de la mujer”.

Ella confiesa que cuando está en medio de sus pinceles no desearía que el tiempo se acabara, pues le gustaría pintar siempre, sin parar, pese a los días que no tiene  inspiración.
“Te puedo decir que pintar me ha enseñado a disfrutar más de la naturaleza, de sus colores, de las luces, de las sombras de los ambientes y comenzar a ver la vida con anteojos especiales. Eso me enriquece como persona”.

SU MAYOR ADMIRADOR

A Dios le da gracias por haberle dado el talento de pintar, ya que le ha ayudado a crecer. “También doy gracias por mi esposo. Él me ha ayudado siempre, ha sido mi principal impulsor, me ha animado y  me ha regalado muchos libros sobre el tema. Sabe que queda bien conmigo. En cada fecha especial tengo un libro sobre arte dedicado y mi biblioteca especializada ha crecido grandemente en estos años”.
Y es que la participación del esposo de María Reneé es más activa, pues siempre se le ve orgulloso y sonriente cuando la acompaña a las exposiciones de arte. “Gerardo me  acompaña a todas las exposiciones. Él también  ha aprendido a disfrutar del arte que antes le era un mundo desconocido, porque su vida giraba alrededor de los negocios y números, del campo económico.  Hoy tenemos una actividad en común  que hacer”.

SUS RETOS

Esta artista del pincel, admiradora de Pablo Picasso, creador del cubismo, comenta que su más fuerte reto a vencer en el arte ha sido la lucha entre lo académico y sus sentimientos.
“Muchas veces lo académico esclaviza la libertad de los sentimientos del artista. Los artistas deseamos experimentar sin ataduras, necesitamos dejar  volar la imaginación y hacer lo que dictan nuestros sentimientos sin normas, ni preceptos. Por eso, yo prefiero ser libre”.

Esa libertad de la que ella habla combinada con matices se aprecia en sus obras, especialmente en las figuras femeninas que elabora. No importa si es un desnudo, una mujer bailando o montada en un caballo.
A propósito de eso, hoy en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH) se va a exponer  una de las más recientes obras de María Reneé Pérez,  centradas en siluetas femeninas en colores apastelados que evocan el tema de ese personaje importante en la vida como son las amigas.

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