Siri estaba catalogada como asistente personal: una lacaya tajantemente precisa y sorprendentemente comprensible que responde a comandos verbales y que no se queja. No se requiere aprender a modular la voz ni sintaxis especial; ni siquiera tiene que acercarse el teléfono. Simplemente hay que apretar el botón de Inicio del teléfono hasta escuchar un doble “bip’’ y después hablar casualmente.
Puede decir “Despiértame a las 7:35’’ o “Cambiar la alarma de las 7:35 a las 8:00’’. Puede decir “¿Cuál es el número de la oficina de Gary?” o “¿Cómo llego al aeropuerto?” O “¿hay algún buen restaurante tailandés aquí cerca?” o “Anotar, alquilar ‘Ishtar’ el fin de semana’’. O “¿cuántos días faltan para San Valentín?” o “Reproducir algo de los Beatles’’ o “¿Cuándo nació Abraham Lincoln?”
En cualquiera de los casos, Siri piensa unos segundos, muestra una respuesta maravillosamente formateada y habla con una voz femenina calmada. Plantea alguna otra más disparatada y el programa también te dará una contestación, aunque sea de broma. Siri ha impresionado a los amantes de los avances tecnológicos.
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