David Pogue New York Times
¿Qué pasaría si pudiera llevar en el bolsillo una SLR?
Ese es el reto de ingeniería que desde hace dos años ha desvelado a los ingenieros especializados en cámaras. Lo que hace que las fotos sacadas con una SLR (réflex de lente único, por sus siglas en inglés) sean tan buenas es un enorme sensor interno, que generalmente requiere un enorme lente y un enorme cuerpo. Entonces, diseñar una cámara compacta SLR, conlleva luchar con algunas leyes de la física exasperantes. Pero si alguien lograba tener éxito, lo esperaba una fortuna.
Panasonic y Olympus dieron el primer paso con un formato llamado Micro Cuatro Tercios. Estas cámaras achican todo proporcionalmente: el cuerpo de la cámara, los lentes y, desgraciadamente, el sensor.
Este mes se unen a la pelea Nikon y Pentax, otras dos reconocidas manufactureras. Sus nuevas cámaras son demente, ridícula y pasmosamente chicas. La Pentax Q, por ejemplo, es la cámara de objetivos intercambiables más chica del mundo, al ponerla al lado de una verdadera SLR, parece como algo digno de Barbie y Ken. No obstante, increíblemente esta cámara es completamente usable .
La pantalla de la Q es de tres pulgadas, lo que sólo deja una pequeña franja trasera para nueve botones. Pero al menos tiene controles realmente físicos. Su precio: al rededor de un mil 100 dólares. Su vestigio de batería sólo permite 250 fotos por carga.
Una verdadera SLR tiene tres o cuatro veces más capacidad. La Nikon 1 es más grande que la Pentax Q. Viene disponible en dos modelos. Lo que resalta aquí es la velocidad. Estas cámaras vienen habilitadas con suficiente potencia computacional como para lanzar un cohete. Pueden hacer trucos como tomar 10 fotos por segundo sin perder el foco o 60 fotos por segundo sin reenfocarse. Enfocan más rápido que cualquier otra cámara fabricada por Nikon.