Tomado de El Nuevo Herald
La nominación del principal diplomático de EE. UU. en La Habana como embajador a Nicaragua ha chocado con un obstáculo, pues dos senadores cubanoamericanos se quejan de que su desempeño en La Habana no augura nada bueno para su asignación en Managua, gobernada por los sandinistas.
Los senadores Bob Menéndez, demócrata por Nueva Jersey, y Marco Rubio, republicano por la Florida, expresaron su oposición a la asignación de Jonathan Farrar a Nicaragua, cuando él testificó la semana pasada frente a una subcomisión de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.
“Yo no creo que él hizo un buen trabajo en La Habana y no creo que él vaya a hacer un buen trabajo en Managua”, dijo Rubio a los reporteros tras la audiencia de la subcomisión de Asuntos del Hemisferio Occidental, la cual dirige Menéndez.
La nominación de Farrar como embajador tiene que ser aprobada por el Senado. Pero según las reglas del Congreso cualquier senador puede poner una “suspensión” a una nominación, la cual solo se puede anular por medio de una votación de dos tercios del Senado.
Menéndez ha dicho en privado al Departamento de Estado que él no pondría objeción a una asignación de Farrar a cualquier otra parte, pero que bloquearía su nominación para Nicaragua de ser presentada ante la comisión, según fuentes del Capitolio que pidieron conservar el anonimato debido a la delicadeza del asunto.
Rubio y Menéndez se quejaron en la audiencia de que Farrar era demasiado blando con el gobierno cubano, y que se necesitaba una persona más fuerte en Managua, donde se alega que el presidente Daniel Ortega ha violado la Constitución para postularse para un segundo término.
Farrar se defendió enumerando los detalles de su larga carrera como funcionario del Servicio Exterior, incluyendo un período como alto oficial de la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado.
Farrar está en la fase final de una asignación por tres años como jefe de misión en la Sección de Intereses de EE. UU. (USINT) en La Habana, donde los disidentes lo describen como alguien muy profesional pero que se ha mantenido a una mayor distancia de ellos que la mayoría de sus predecesores.
“Él ha sido el único que no se ha comunicado bien con nosotros”, declaró la disidente Martha Beatriz Roque al enterarse de que él podría ser reemplazado este verano por John Caulfield, quien es ahora el número dos en la embajada de EE. UU. en Venezuela.
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