Datos estadísticos de las elecciones de 1984 hasta el 2006 dejan claro que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no representa a la mayoría de la población nicaragüense.
Solo en las elecciones de 1984 obtuvo el triunfo con el 66.97 por ciento de los votos válidos, debido a las circunstancias de la época.
A partir de 1990, el FSLN se convierte en una minoría y los no sandinistas (oposición) empiezan a ubicarse por encima del 60 por ciento, porcentaje que se ha mantenido incluso en las elecciones del 2006 cuando triunfó nuevamente el FSLN, favorecido por las reformas constitucionales del 2000 apoyadas por Arnoldo Alemán Lacayo.
Raúl Obregón, director de la firma encuestadora M&R Consultores, afirma que el FSLN aspira este año al porcentaje de votantes que obtuvo en las elecciones de 1984. Sin embargo, explica que si en 1984 el Frente Sandinista fue mayoría se debió a que muchas personas que podían ser oposición fuerte se habían ido del país, y a las circunstancias especiales de la época, como la guerra. En las elecciones que siguieron nunca más volvió a ser mayoría.
Mauricio Díaz, quien en 1984 fue candidato presidencial por el Partido Popular Social Cristiano (PPSC), recordó que los votos obtenidos por el FSLN en 1984 fueron producto de la partidarización del Ejército, la Policía y la debilidad de la oposición, porque eran partidos débiles y la población no veía en ellos una alternativa para acabar con la guerra, como sí ocurrió con doña Violeta Barrios de Chamorro en 1990.
“Ellos logran más del 60 por ciento por una lógica de guerra, controlaban a la Policía, al Ejército, a la Seguridad del Estado. Los partidos que concurrimos éramos organizaciones nacientes muy frágiles, a duras penas logramos tener una presencia en el país que además se encontraba bajo Ley de Emergencia Nacional, porque el país estaba en guerra”, explica Díaz, quien comenta que debido a esas circunstancias, como candidato no pudo entrar a varias zonas del país y tampoco podía tocar ciertos temas.
“No creo que jamás recuperen ese techo histórico de ese momento, porque es producto de otras circunstancias, circunstancias en las que todavía mucha gente creía, estaban beneficiando a mucha gente con repartición de tierras, casas, el mismo clientelismo de ahora, la gente ve a Ortega como el que regala”, señala Díaz.
En ese momento muchos se preguntaron si debían participar en la posición de desventaja que tenían, pero Díaz afirma que se trataba de abrir espacios en la lucha política del país.
FSLN LLEGÓ A SU TOPE
“En el 2006, a pesar de que el Frente gana con 38 por ciento de los electores, la oposición saca 62 por ciento. Aquí se ve claramente que el Frente gana por bajar el techo electoral, que antes era de 45 por ciento”, señala Obregón quien se refiere a la reforma de la Constitución del 2000 que permitió bajar el porcentaje mínimo de votos que debe alcanzar un partido para ganar las elecciones. A esta victoria del FSLN habría que sumar la división que se dio entre los liberales.
En las elecciones del 2006 el Consejo Supremo Electoral (CSE) ocultó el 8.5 por ciento de los votos del sufragio, equivalente a 230 mil votos aproximadamente. En su momento, los excandidatos presidenciales Eduardo Montealegre y José Rizo, así como el representante de M&R Consultores, Raúl Obregón, señalaron que de haberse dado los resultados completos muy probablemente las elecciones hubieran tenido que ir a segunda vuelta.
El Frente Sandinista llegó a los 930 mil 862 votos (37.99 por ciento), según el CSE. La Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) alcanzó 693 mil 391 votos (28.3 por ciento) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) obtuvo 664 mil 225 votos (27.11 por ciento).
“Si la gente que no está con el FSLN sale a votar y concentra su voto en un candidato, no hay cómo Daniel Ortega gane, porque tiene que hacer un sobresfuerzo para llegar al 50 por ciento como máximo”, recalca Obregón.
Quienes se identifican como independientes y que, según la firma encuestadora M&R Consultores, representan entre 45 y 50 por ciento del voto total de las próximas elecciones generales, previstas para el 6 de noviembre, son personas que históricamente no han votado por el FSLN.
“Las estadísticas señalan que la gente que no asiste a votar, si lo hacen, lo más probable es que una proporción importante de ellos votaría contra el Frente, porque el que está con el Frente es gente militante, para ellos el Frente es una religión, aunque estén enfermos en cama salen a votar. Pero la gente que está contra el Frente, como no tiene esa militancia religiosa, no sale a votar, a menos que haya un motivador que le indique que si no paga el precio de salir a votar, lo que viene es peor”, indicó Obregón.
- Un alto porcentaje de abstención puede legitimar una elección.
Arnoldo Alemán siempre ha generado anticuerpos, pero los que genera ahora son mucho mayores, siete de cada diez lo rechaza, indica Obregón. Agrega que en la elección del 2001 ocurrió lo contrario, el candidato fuerte contra al Frente Sandinista, Enrique Bolaños, generó mucha expectativa, mucha esperanza, por lo que los niveles de abstencionismo bajaron.
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Para el especialista en encuestas, ese factor motivador que antes tenía la gente para salir a votar lo han perdido y el Frente Sandinista ha mantenido una campaña continua durante todo el período de gobierno, diciendo que el desempleo y la pobreza es heredado de los 16 años neoliberales y todo pareciera indicar que han olvidado los años ochenta; y una proporción de gente que se identificaba como voto independiente se lo ha creído. De ahí que el FSLN haya aumentado su techo hasta un 45 por ciento en las más recientes encuestas.
“Los programas asistencialistas los están manejando de manera dirigida, me parece que los primeros tres años este gobierno se enfocó en recuperar y consolidar sus bases, porque habían bajado a 28 por ciento —históricamente esa base ha sido de 38 por ciento—, se les habían ido a otros movimientos de izquierda. Luego de las elecciones municipales iniciaron un proceso de empezar a captar gente que no son FSLN, gente independiente, esta gente tiene problemas de sobrevivencia”, explicó Obregón, quien no cree que el FSLN siga captando más voto independiente en lo que queda de tiempo para las elecciones.
“Creo que ya han llegado a su tope, el resto (de los independientes) es gente que los rechaza, es un rechazo con fuerte influencia ideológica que no les permite votar por ellos. Por otra parte, esos independientes que han ganado no son votos duros, son volátiles, en cualquier momento los podrían perder, porque necesitan un candidato que les despierte la esperanza, la fe y el entusiasmo”, advirtió Obregón.
“Si ellos quedan ahí (45 por ciento) la gente que adversa al FSLN sale a votar y vota mayoritariamente por un candidato, el Frente no tiene oportunidad de ganar”, enfatizó Obregón.
Díaz coincide con Obregón al afirmar que ahora va a ser muy difícil que Ortega rompa su techo histórico. “Dudo que llegue al 50 por ciento, ahora es un asunto de conciencia ciudadana, a pesar de la campaña clientelista brutal y gracias a los recursos de Venezuela, que mientras haya Chávez va a haber corrupción en Nicaragua. Hay en la conciencia colectiva de los nicaragüenses formación cívica y demanda cívica que no teníamos en los ochenta”.
El analista político Alberto Saborío, igual que Obregón y Díaz, afirma que el FSLN nunca ha sido mayoría. “La prueba está que cuando hicieron el pacto bajaron el techo electoral de 45 a 35 (por ciento) y reformaron el artículo de la desaforación, que antes establecía que con mayoría se podía desaforar al presidente y luego se estableció que debían ser dos tercios de los diputados. Con ese artículo, Ortega nunca hubiera podido violar la Constitución”, manifestó.
Para Díaz, el problema actual es que no hay una oposición como la hubo en 1990 y ahora la política se ha mercantilizado. “La Unión Nacional Opositora (UNO), más que grandes partidos, tenía símbolos, nombres de líderes, pero no de organizaciones con gran presencia territorial. Lo que triunfo ahí fue la unidad”.
“Pareciera que la política se ha mercantilizado tanto que ya nos olvidamos de principios y valores, es más difícil ahora conseguir que el factor de unidad sean los valores, la democracia, la libertad, etc. Entre el 84 y el 90 vimos un gobierno autoritario, súper poderoso, al cual había que enfrentarse. Ahora estamos viendo casi lo mismo, pero como que se ha perdido la mística por enfrentársele, por crear un bloque opositor, hay otros intereses, ahora son intereses numismáticos, materiales, la gente con gran facilidad se pasa de una acera a la otra”, dice Díaz.
Saborío también señala a la oposición de ser un grupo de personas que quiere hacer de la política un negocio. “No tienen programa, ningún proyecto, no se puede decir que está dividida la oposición, simplemente la organización política impide que se formen nuevos partidos políticos”.
Sin embargo, tanto Díaz como Saborío creen que lo alentador del panorama actual es que el voto independiente no vota por el FSLN.
“Hay un segmento grande que no es que sea antisandinista, pero quiere cambio, una evolución y si esta forma de gobierno permanece, Nicaragua no tiene futuro. Ese electorado que ha crecido se mantiene en contra de los sandinistas y en contra de los liberales, porque no ve ninguna esperanza en ellos”, dijo Saborío.
ORTEGA LE TEME AL VOTO
Para Díaz, el gran temor de Daniel Ortega en las próximas elecciones es el voto. “Daniel le teme al voto, no a las balas, le tiene mucho más miedo a una urna electoral que a una metralleta, porque la derrota de 1990 lo dejó traumatizado, lo dejó sufriendo, le produjo un estado anímico depresivo”, expresa.
Según Díaz, Ortega no quiere revivir la escena cuando el expresidente Jimmy Carter le dice: “Presidente, es de grandes hombres reconocer la derrota”.
Para Díaz, la única opción que le queda a Nicaragua para no continuar bajo un régimen que va rumbo a la dictadura es el voto, porque de lo contrario solo quedaría la opción de buscar las armas.
“¿Qué salida queda? ¿Qué otra opción le queda a un país, cuando se cierran las salidas cívicas? La única salidas cívica es el voto, es la única manera de frenar el poder absolutista que quiere imponer Daniel Ortega y eso lo sabe el gran capital nicaragüense, que saben también que si el Frente Sandinista obtiene los 57 votos en la Asamblea Nacional van a hacer lo que les ronque con este país y tendrán que salir del país. La única manera es frenarlo; lo más civilizado y menos costoso es el voto”, insiste Díaz.
Para Saborío, la gente está clara de que no habrá elecciones libres, dadas las circunstancias: un Consejo Supremo Electoral de facto y partidarizado, un candidato ilegal. Pero aún así deben votar, para que no pase como en los tiempos de Somoza, que la gente no iba a votar y luego no podía reclamar que era una elección ilegal, ya que los altos grados de abstención le daban la legalidad que necesitaba.
“La experiencia demuestra que para verdaderamente combatir con eficacia un gobierno tirano como este, se necesita el apoyo de la comunidad internacional y para tener ese apoyo de la comunidad internacional hay que demostrar que están gobernando contra la voluntad de ese pueblo, se demuestra haciendo evidente el fraude y eso se hace con el voto”, expresó Saborío.
Según Díaz, el FSLN no quiere observación porque sabe que va a perder. “Le tiene horror porque sabe que ese pueblo, ese bota de hule, ese hombre que anda bajo el sol viendo cómo se enriquecen (los orteguistas), les va a pasar la cuenta. Este voto será un voto castigo. Daniel Ortega sigue siendo un presidente de minorías, porque le pusieron un vestido a la medida”.
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