Inés Izquierdo. LA PRENSA/ARCHIVO/U. MOLINA

Cómputo: una palabra para reflexionar

En uno de sus versos vi la palabra cómputos y me llamó la atención. Pensé que podía ser un problema de traducción o que era la influencia de las matemáticas en su obra literaria.

Estaba leyendo el Rubaiyat, del poeta persa Omar Khayyam, me lo habían recomendado como una verdadera joyita de este hombre que vivió entre 1050 y 1122 y fue matemático y astrónomo de la corte, donde participó con otros científicos en la reforma del calendario y fue uno de los más destacados matemáticos de su época.

En uno de sus versos vi la palabra cómputos y me llamó la atención. Pensé que podía ser un problema de traducción o que era la influencia de las matemáticas en su obra literaria.

Así comencé a rastrear esta palabra, que no es nada nueva, todo lo contrario, es de origen latino y su etimología implica conteo: com = junto + putare = contar.

Con igual sentido aparece el vocablo “cálculo”, que es piedra en latín, de ahí que se utilice en la medicina para aludir a los “cálculos biliares” o “ nefríticos” para mencionar a las piedras en la bilis o en los riñones.

Todo empezó con las piedras como elementos de conteo, pues se utilizaban unidades físicas para representar algún tipo de magnitudes. Hace unos once mil años, antes de la escritura, había un sistema de contabilidad con pequeñas piezas de terracota o piedras llamadas calculi, las cuales en dependencia de su forma servían para contar productos agrícolas.

En Grecia podemos ver en los comentarios de Herodoto (484-425 a. C.) que decía: “Los egipcios mueven su mano de derecha a izquierda en los cálculos, mientras los griegos lo hacen de izquierda a derecha”.

Su uso no varió durante milenios hasta la llegada de los números arábigos con sus nueve caracteres y la novedad del cero.

Es a partir de calculus que surge en el bajo latín el verbo calculare, que es el padre del calcular de nuestros días, el cual viajó desde el francés calculer, que está registrado por primera vez en 1372. Sin embargo con el sentido de ‘cómputo’ solo fue en el Diccionario de la lengua española y francesa en 1604.

Vinculado a este tema aparece el término ábaco, palabra latina que viene del griego abax o abakon, que significa superficie plana o tabla. En otros idiomas se conoce el ábaco como suan pan (chino), en japonés es doroban, en Corea le dicen tschu pan, ban tuan o ban tien, en Vietnam , en Turquía es coulba.

El ábaco es un instrumento de cálculo que utiliza cuentas que se deslizan a lo largo de una serie de alambres o barras fijadas a un marco para representar las unidades, decenas, centenas, etc. Probablemente de origen babilónico, es el precursor de la calculadora digital moderna.

Acá en nuestras tierras americanas se registra como un aporte la invención del nepohualtzintzin, un ábaco para operaciones aritméticas de manera rápida. Este era hecho con madera, hilos y granos de maíz, e incluso los hubo de oro y jade. En nuestros días le llaman el “cómputo azteca”.

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