Manuel Guillén, caricaturista. LA PRENSA/ CORTESÍA

“Pareciera que a nuestra conciencia le está saliendo un gran callo”

Cándida Collado se inquietaba al ver a su hijo dibujar muñequitos con suma obsesión. Era llegando de la escuela a la casa y se tiraba al piso a dibujar lo que recordaba de la televisión. La mesa del comedor o el pupitre de la escuela eran una gran invitación a llenar papeles de trazos y garabatos. El pequeño Manuel Guillén, de seis años entonces, hacía los dibujos animados que miraba en la televisión y también copiaba los animales que más le gustaban en los cuadernos de la escuela.

Por Octavio Enríquez

Cándida Collado se inquietaba al ver a su hijo dibujar muñequitos con suma obsesión. Era llegando de la escuela a la casa y se tiraba al piso a dibujar lo que recordaba de la televisión. La mesa del comedor o el pupitre de la escuela eran una gran invitación a llenar papeles de trazos y garabatos. El pequeño Manuel Guillén, de seis años entonces, hacía los dibujos animados que miraba en la televisión y también copiaba los animales que más le gustaban en los cuadernos de la escuela.

“Eran tiempos de Batman y Supermán, pero también me gustaba dibujar a los súper héroes de Marvel (Iron Man, El hombre Araña, Hulk). Disney no se quedaba atrás. Los paquines del Pato Donald y Mickey (vedados en mi casa, porque me distraían más) eran parte de mi dieta artística cuando niño”, cuenta.

“Eran frecuentes las notas que mandaban a la casa porque vivía [distraído[, dibujando en clase. No fue sino hasta que terminé la carrera de Arquitectura y colgué el título, que mi madre se dio cuenta que lo mío eran los monos”, recuerda Guillén, quien trabaja en LA PRENSA desde 1992.

Guillén concedió esta entrevista vía correo electrónico desde Miami, Estados Unidos, donde actualmente se encuentra y donde su progenitora vive desde hace 25 años. Es hijo también de Gilberto Guillén (ya fallecido).

¿Cómo inició su trabajo de caricaturista?

Yo inicié esta profesión un año antes de entrar a la universidad, en el año de 1982. Comencé a trabajar como caricaturista medio tiempo cuando estudiaba mi último año de bachillerato en el Colegio Centro América. Cuando terminé mis estudios, ya me había atrapado la pasión que inició cuando era muy niño. Hoy no sólo es mi forma de vida, sino también la vocación que disfruto Me considero muy bendecido al poder utilizar uno de los dones que Dios nos da para poder expresarme y al mismo tiempo llevar el sustento a mi hogar. En mis ratos libres trato de estar con mi esposa y mi hijita o disfrutar de la lectura. La teología y la política son mis temas de interés.

¿Los riesgos de esta profesión?

Con gobiernos respetuosos de la libertad de expresión diría que es una profesión más en la sociedad. Con gobiernos totalitarios, despóticos y enemigos de la libertad de expresión como el de Chávez, Los Castro, Ortega

es una profesión rechazada y en permanente censura.

LA PRENSA/ARCHIVO

¿Qué técnica usa?

Actualmente utilizo una tableta gráfica (Wacom Cintiq) que me permite trabajar completamente de manera digital. Esto me permite más flexibilidad y menos tiempo en el proceso creativo. El no usar lápices, plumillas, tintas, papel, etc, creo que de ninguna manera da menos valor al trabajo, ya que se requiere de la misma habilidad y experiencia para tener un buen resultado.

¿Qué pasa cuándo a usted no le gusta una caricatura, cuántas veces rehace usted un trabajo, qué tiempo le dedica?

Con sinceridad, muchas de las que hago no me gustan mucho. Siempre que las veo publicadas pienso que pude haber hecho algo mejor. Esto es un asunto de tiempo. La caricatura diaria es un arte muy perecedero y no hay mucho tiempo para hacerlas, entre el tiempo de informarse y buscar un tema y graficar la idea.El proceso lleva unas tres horas. Cuando les dedico más tiempo, estoy más contento con el resultado.

¿Cómo se vincula a la realidad del país, viaja y regresa desde Miami, cuánto tiempo permanece en Nicaragua?

En esta etapa de mi vida estoy más tiempo en Miami, pero trato de estar un poco más de una semana cada dos meses en mi patria natal. La vinculación con nuestra realidad no es algo complicado tomando en cuenta que construir nuestra democracia se volvió materia generacional pendiente. El desarrollo impresionante de las comunicaciones también hace posible vivir en Alaska y trabajar para el Shangai Times, por ejemplo. Hoy tenés al instante todo lo que pasa en casi cada rincón del planeta.

¿No tiene miedo usted que algún día se le acabe el humor?¿Alguna vez ha sentido que se ha quedado corto con un trabajo?

A veces cuesta un poco más realizar una caricatura. Sobre todo porque aquí nada cambia y casi siempre son los mismos malos actores. El humor como el amor no se extingue, gracias a Dios. Lo que a veces me da temor es que la gente ya no reacciona ni con la corrupción, ni con el irrespeto a nuestras leyes, ni con los abusos del poder, que son los temas principales de mis caricaturas. Pareciera que a nuestra conciencia le está saliendo un gran callo…mmm, eso es una buena caricatura.

Hablando de política, ¿qué diferencia hay entre caricaturizar al Presidente Daniel Ortega y a los otros mandatarios que han pasado en el país, qué rasgos son los que más lo inspiran a la hora de hacer a estos funcionarios?

No tengo predilección por la caricatura de Ortega. Trato de retratarlo siempre como es: grave, monótono y con una cara de cinismo descomunal. Los caricaturistas preferimos dibujar más los personajes de formas pícnicas como Arnoldo Alemán. Ese es un cínico más simpático.

¿Cómo valora usted la reacción de la caricatura con el poder?

Creo que se puede hacer humor gráfico desde el poder pero no hay poder con humor. El poder no gusta del humor. Menos el poder dictatorial como el que padecemos en Nicaragua. El caricaturista por naturaleza es un iconoclasta que expresa la libertad inherente del ser humano. Como todo ser social su trabajo también está limitado a su formación, principios y medio a través del cual se expresa. Yo puedo decir que en La Prensa he encontrado un medio de expresión donde me siento a gusto porque me son comunes sus principios de libertad, valores familiares y democráticos.

¿Le importan las críticas que le hacen, cómo hace para sobrellevarlas?

Las críticas las acepto de buena gana. Nos ayudan a crecer. He cometido errores en mi trabajo a lo largo de tantos años. Nunca he creído que mis caricaturas exponen la verdad absoluta. Es sólo una verdad con aristas de humor, cruel a veces, como nuestra realidad. Si cometo un error, siempre es mi deber pedir disculpas por el mismo. Todo hecho en la vida tiene su arista de humor. El asunto es saber buscarlo y expresarlo gráficamente. Esa es la labor del caricaturista.

¿Cómo se ha vinculado el trabajo a su vida familiar, enamoró usted a su esposa haciéndole caricaturas?

Mi linda esposa se queja de que ya no le hago aquellas bonitas tarjetas cuando era mi novia. Es verdad. Supongo que el ajetreo del trabajo para suplir las responsabilidades familiares me consume el tiempo. Aunque siempre estoy dispuesto a complacerla. Le estoy haciendo una caricatura digital de la familia. Lo malo es que los compromisos me han impedido terminarla desde hace meses. ¡Pero te la termino, cariño!

¿Qué le dicen en casa al ver sus caricaturas al día siguiente, lo quieren más?

Lo que más me gusta es cuando mi esposa, que además de ser periodista y mujer de mucha chispa y humor, me dice: Me gustó tal o cual caricatura. Supongo que es cuando ella me aportó alguna de sus ideas, je, je, je.

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