Por Arnulfo Agüero
La poesía, la naturaleza, la mujer conforma la trinidad de la obra literaria del ecopoeta mexicano, Efraín Bartolomé, nativo de la paradisíaca selva Lacandona, de Chiapas, autor del celebrado poemario Ojo de jaguar, y merecedor del Premio Internacional Jaime Sabines, por su libro Partes un verso a la mitad y sangra , título lírico que define su ars poética
En 1994, el gobierno mexicano lo premió con Mérito Nacional Forestal y de la Vida Silvestre, por promover el concepto de la naturaleza como la conciencia de territorio sagrado. Por su cantata verde, alimentada verso a verso con mitologías y rituales grecorromanos, mesoamericanos y sufíes, ha recibido varios reconocimientos, uno de ellos el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.
En este conversatorio en los jardines del café Rosita, en la ciudad metropolitana de León, y en la semana del IX Simposio Internacional Rubén Darío.
Desde entonces, la presencia prolífica de la magistral obra dariana ha estado presente en su obra de cantonatura, llegando a ser Darío su sombra bienhechora y luminosa, nos revela este poeta de barba espesa, vestido de blanco pulcro, y acompañado de su esposa la antropóloga Guadalupe Belmontes Stringel, también vestida de blanco sacerdotal.
Su encuentro con Cantos de Vida y Esperanza
¿Qué primeros autores ejercieron influencia, y los temas que le cautivaron?
Comencé a cabalgar en el mundo de la poesía, a partir de poseer una memoria saludable, que me permitió aprenderme páginas enteras de lo que leía.
En mi pequeño pueblo, de entre 2,000 y 2,500 habitantes, llamado Ocosingo, a la puerta de la entrada de la selva de los mayas, Lacandona, en Chiapas, todo el trato con el exterior era por avionetas o arrierías.
No había luz eléctrica, el tener radio era un privilegio, a pesar de todo vivíamos en el Edén en contacto con la tierra, los ríos, los pantanos, la lluvia, la poderosísima selva Lacandona. Teníamos 10 millones de hectáreas vírgenes, ahora nos quedan unas 300 mil.
En mi casa había libros poesía y leyes, biblioteca formada por mi abuelo, el poeta José Emigdio Rodríguez, perteneciente a la llamada generación La fiesta de pájaros, en Chiapas. Y uno de mis descubrimientos fue un ejemplar bastante maltratado de Cantos de Vida y Esperanza, de mi padre espiritual Rubén Darío.
Vengo hasta ahora a León corporalmente, pero desde los siete años descubrí el poderío musical, verbal de Rubén Darío, en aquellos años, que como niño me intimidaba declamar en público, pero como lector me sabía los poemas de memoria, y aprendía a desconstruir y construir juegos verbales.
Invitado por el IX Simposio, presenté el ensayo lírico Rubén Darío yo: autobiografía de un asombro, y lo que cuento en estas 17 páginas es la presencia de Darío en mi desarrollo como ser humano y poeta, por ahí digo que «él llegó a mi alma cabalgando con el corcel halado de la música», más adelante comencé a entender la danza de los sentidos, de los significados.
Me volví un gran conocedor de las mitologías grecorromanas, antes de convertirme a otras, él fue el estímulo para comenzar a desarrollar esta capacidad que se encuentra en su poesía capaz de exprimirnos el alma y emociones profundas. Un poema que no es capaz de emocionar nace muerto, por ello nada es más difícil ser un poeta verdadero.
Uno de sus libros que tratan el tema de la vida en la selva mexicana, más admirados y reeditados, es Ojo de Jaguar (1982), ¿qué le cautivó escribirlo?
Leí versos de Darío como éste: Las barbas venerables de nuestros padres ríos… Yo podía ver los ríos enpuercados de la ciudad de México, los ríos contaminados, metidos en tubos. Habíamos cometido ese crimen en la urbe, la Venus de las cloacas.
Bueno: Ojo de Jaguar es en muchos sentidos la recuperación del paraíso perdido de mi infancia, es el libro de mi pueblo natal, el libro que me permitió entrar en contacto con la diosa y madre naturaleza.
A partir de ahí y el nacimiento de mi primer hijo, a éste quería llevarlo a ver el territorio que conocí pero ya no estaba; habían carreteras, camiones, campos talados, postes. Por lo que solo con la poesía pude recuperar las imágenes de aquella selva para los ojos del niño.
Este libro era algo personal y muy íntimo, y me sorprendió que la prestigiosa revista Proceso publicara una reseña del libro, de manera que en el 2007 cumplió 25 años, editándose la décima edición. Entonces, en mis poemas relaciono los elementos del agua, fuego, tierra y aire, con aquel verso memorable de Rubén Darío, Las barbas venerables de nuestros padres ríos…
Su poética y prosa reunida en Agua lustral, tiene la presencia de los elementos de la madre Gaia
Agua lustral fue la primera reunión de mis poemas de cuatro libros, y esto fue en 1987, y fui uno de los primeros de mi generación en entrar en una colección antológica básica para México, Lecturas mexicanas, de cien autores, dramaturgos, ensayistas, poetas, narradores, que han forjado la literatura mexicana del siglo XX.
Diez años después la Universidad Nacional Autónoma de México me invita a ser parte de su colección clásica celebérrima, de poemas y ensayos, y aquí reuní los primeros diez libros, que abarca de 1982 a 1997, que llevó el titulo Oficio: Arder obra poética. Y en el 2006, en España, la editorial Renacimiento publica la antología El ser que somos.
La gran urbe agitada también viene a ser tema de tu pluma, Ciudad bajo el relámpago, se titula la plaquete que ha escrito.
Ésta es la vida del adulto en la ciudad de México, en la Venus de las cloacas, en la urbe de hierro, de ahí su título Ciudad bajo el relámpago. Hay unos versos de Leopoldo Lugones que lo explican «Sobre el bosque de hierro vibra en llamas un sable / que divide a lo lejos el firmamento en dos».
Uno de los poemas Los rostros de la llama, habla sobre la ciudad de México, y el crítico mexicano Marcos Antonio Campos lo celebra como la escritura de «una delgada catedral». Así como Ojo de jaguar es celebratorio de la selva, este otro libro Ciudad bajo el relámpago, es de imprecación, repudio, contra la ciudad.
Escribe sobre la soledad, la muerte, el amor entre las parejas, ¿Cuadernos contra ángel, goza de ese oficio y estilo intimista?
Formalmente es un texto poético enormemente trabajado. Mi primer encuentro con la muerte, la pérdida de la mujer amada de aquellos años, producto de un accidente automovilístico.
Mi vida, hasta este momento, había caminado al lado luminoso de la calle. Sentí la dura pedrada en el sentido, y el intento de la muerte de cortarnos el cuello con una guadaña sin filo.
Eso me permitió reafirmarme en la vida protegido por el orgullo de oro del poeta, y publicar este libro que marcaría un hito sobre el ángel, y entrar a mi segundo libro Música lunar (La voz del poeta y el canto extático de los derviches).
Este diálogo en rapsodia se hizo con música sufí, está al servicio de la Diosa Naturaleza (Deméter); los sentidos, y hundirme hasta el fondo de los milenios y rescatar la poesía que viene desde Homero y pasa por los poetas del siglo de oro español, pasa por Antonio Machado y Darío, es la que interesa cultivar.
«El poeta pregunta por Estela», dice en uno de sus poemas Rubén Darío. Y uno piensa que no se va a recuperar, y de pronto la Diosa Madre me bendijo con el amor.
Empezó a crecer de nuevo todo aquello. La segunda mitad de mi vida ha transcurrido al lado de mi amada Guadalupe Belmontes Stringel, con la cual hemos celebrado votos, teniendo a nuestro padre Darío, acompañándonos como sombra bienhechora.
Por Partes un Verso a Mitad y Sangra, recibió el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines (1996).
Es un libro de poéticas, desde su título Partes un Verso a Mitad y Sangra, eso es porque es una poesía viva, que sangra. Esos son los poemas que me interesan, por donde corre la sangre y la sabia.
Es la poesía que atraviesa el corazón humano, que siguen vivos, de Homero, a Baudelaire, de Quevedo a Rubén Darío, y la Generación del 27. Los otros experimentadores «flotabais nadamente», como dice César Vallejos, acerca de los experimentadores puramente formales, éstos no me interesan.
México, como otras ciudades latinoamericanas, se ha visto impactado por las olas crecientes de violencias, el crimen, los narcos. Ha trabajado esos temas en su poesía.
Esto lo veo desde mi perspectiva poética. Desde el momento que empezamos a violar los misterios centrales de la poesía, la falta de respeto a la naturaleza, la Diosa se retira de la mayoría de los hombres, y empieza a conocerse el desorden, el tejido social empieza a desbaratarse. Por eso no es raro que cuando hacemos esto aparezca el Monstruo, aparezca el crimen, la guerra, los Jinetes del Apocalipsis.
El problema es que los mismos poetas se han olvidado, y se ponen a servir al dinero, al poder, al ghetto universitario. Y se les olvida que los poetas no están al servicio de estos dioses masculinos, sino al servicio de la Diosa Naturaleza (encarnada en la trinidad: Poesía-Naturaleza-Mujer), sin la cual todo desaparece.
¿Qué es poesía para en pocas palabras?
Creo que mi poética central está en estos dos versos: Partes un Verso a la Mitad / y Sangra. Ésa es mi poesía.
Ver en la versión impresa las paginas: 2 ,10